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miércoles, 11 de agosto de 2010

LUIS VERÓN - EL ARMISTICIO DEL 19 AL 30 DE DICIEMBRE DE 1933 - GUERRA DEL CHACO (1932-1935) / Fuente: LA GUERRA DEL CHACO (1932-1935)


EL ARMISTICIO DEL
19 AL 30 DE DICIEMBRE DE 1933
LA GUERRA DEL CHACO (1932-1935)
Autor: LUIS VERÓN
(Enlace a datos biográficos y obras
En la GALERÍA DE LETRAS del
www.portalguarani.com )
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EL ARMISTICIO
Si bien el Paraguay conquisto una irrefutable victoria ante Bolivia, el gobierno de La Paz, al no ser totalmente destruido su ejército, estaba en condiciones, todavía, de no aceptar muy fácilmente una paz sin condiciones. Los días siguientes, a la debacle boliviana de Campo Vía siguieron con algunas escaramuzas, tomando algunos puntos, mientras Estigarribia preparaba una acción de importancia sobre Saavedra, objetivo que ordeno lo consiguiera la VI División, en enlace con la VIII División. Al III Cuerpo ordeno realizar la persecución de los restos del ejército boliviano por el camino que iba a Muñoz, por Tinfunqué. Cuando la VI División llego a Saavedra, encontró el fortín incendiado; mientras tanto el III Cuerpo entraba en Murguia.
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En el aspecto diplomático, después del fracaso de octubre de las tratativas de paz realizadas por los gobiernos del ABCP (Argentina, Brasil, Chile y Perú), los presidentes de Argentina y Brasil, Agustín P. Justo y Getulio Vargas, firmaron el Acta de Rio de Janeiro, el 11 de octubre, proponiendo someter a estudio de una comisión conjunta la zona en disputa, con exclusión de Villa Hayes. Si la comisión no lograra resultados, la fijarían los presidentes mencionados. El doctor Salamanca acepto la propuesta, pero el presidente paraguayo el rechazo, fracasando por esta y otras razones las tratativas.
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Por otra parte, la Sociedad de las Naciones había resuelto enviar una comisión encargada de resolver la cuestión, para ello conformo en Montevideo -durante la VII Conferencia Panamericana, una Comisión del Chaco integrada por el español Julio Álvarez del Vayo, presidente; el francés Henri Freydenberg, el inglés Alexander Robertson, el mexicano Raúl Rivera Flandes y el italiano conde Luigi Aldrovandi Marescoti.
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Mientras tanto, el Paraguay había resuelto adoptar como base de definición de derechos el uti-possidetis puro y simple y los demás principios del derecho internacional. Durante su visita en el escenario de los hechos, los miembros de la Comisión vieron con buenos ojos la situación del Paraguay en el Chaco. Luego de su entrevista con autoridades bolivianas, la Comisión informo al gobierno paraguayo que Bolivia aceptaba ciertas condiciones que podrían conducir a la obtención de la paz con el Paraguay. El presidente Ayala informo a Estigarribia, quien acepto creyendo que "se podría llegar a la concertación de la paz y que el armisticio prepararía el camino". Por esta razón, el 18 de diciembre de 1933, el gobierno paraguayo propuso al boliviano la concertación de un armisticio general entre el 19 al 30 de diciembre, en cuyo plazo se reunirían los beligerantes y la Comisión de la Liga para negociar las condiciones de paz y seguridad. Bolivia, postrada como se encontraba, acepto la propuesta paraguaya.
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En el Chaco, el general Peñaranda, sucesor de Kundt al frente del ejército boliviano, se replegó hacia Magariños, donde se proponía reorganizar su ejército, aprovechando la pausa. Mientras se replegaba, el fortín Muñoz fue atacado por fuerzas paraguayas, que entraron en él incendiándolo en la noche del 19 de diciembre, poco antes del inicio del armisticio. Tanto el ejército paraguayo como el boliviano aprovecharon la tregua para fortalecer sus condiciones de lucha, con la reunión de hombres y la adquisición de armamentos y vehículos.
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En el momento del armisticio, Bolivia contaba con unos 7.000 hombres en el Chaco, de los 77.000 que en un momento movilizo, de los cuales 10.000 estaban prisioneros en el Paraguay, 14.000 murieron o desparecieron en diferentes acciones y unos 32.000 fueron evacuados por heridas y enfermedades, 8.000 servían en los servicios y unos 6.000 desertaron a la Argentina.
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En la Navidad de 1933, el comando del ejército boliviano se estableció en el fortín Ballivian y empezó a reorganizarse. El I Cuerpo de Ejército (IV y VII divisiones) fue puesto a cargo del coronel David Toro. El II Cuerpo (III y VIII divisiones), a cargo del coronel Bernardino Bilbao Rioja. Ahora la situación del ejército boliviano estaba un poco más equilibrada con relación a la estructura y condición del ejército paraguayo. Este, por su parte, reconcentro sus fuerzas moviéndolas hacia el norte.
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Fuente:
LA GUERRA DEL CHACO (1932-1935)
Autor: LUIS VERÓN
© Editorial El Lector
Asunción – Paraguay
2010 (165 páginas).
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LUIS VERÓN - BATALLA DE BOQUERÓN (DE LA TOMA A LA RETOMA DEL FORTÍN PARAGUAYO) / Fuente: LA GUERRA DEL CHACO (1932-1935)


BATALLA DE BOQUERÓN
LA GUERRA DEL CHACO (1932-1935)
Autor: LUIS VERÓN
(Enlace a datos biográficos y obras
En la GALERÍA DE LETRAS del
www.portalguarani.com )


BATALLA DE BOQUERÓN
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LA TOMA DE BOQUERÓN

Boquerón fue el tercer fortín paraguayo tomado por los bolivianos dentro del marco de represalias por la retorna de la laguna Pitiantuta. Establecido como vanguardia, a 60 km al sudoeste de Cacique Ramón (Isla Po'i), y 143 km de punta riel de Puerto Casado. Luego del primer ataque boliviano, en 1928, la guarnición aumentó en efectivos, llegando a completar el de un escuadrón. En esa época se dio comienzo a la organización defensiva de la plaza consistente en una zanja continua, trazada en la periferia del fuerte, pero sin cerrarse en reducto, sino abarcando solamente el sector que da vista al gran cañadón, o sea, mirando al sur y suroeste.
El destacamento boliviano que debía tomar Boquerón salió del fortín Muñoz (actual General Díaz) bajo la comandancia del teniente coronel Luis Emilio Aguirre. Estaba compuesto por un escuadrón del regimiento Lanza, un batallón del Campos y otro del Campero.
Al amanecer del 31 de julio de 1932, los paraguayos notaron la presencia de fuerzas enemigas desde varias direcciones. Eran alrededor del millar de hombres que avanzaban incontenibles, apoyados por artillería y una escuadrilla aérea.
Durante dos horas la guarnición paraguaya de Boquerón resistió denodadamente, mientras las tropas bolivianas acortaban cada vez más la distancia. En momentos en que iba a producirse el asalto, las fuerzas paraguayas abandonaron Boquerón simulando una desordenada retirada hacia Isla Po'i.
Días antes del ataque, la oficialidad del fortín, al mando del teniente Eulalio Facetti, había concretado un ingenioso plan de defensa del fortín, concebido durante a comandancia del teniente Heriberto Florentín: una fortificación simulada, ubicada en un primer plano, y otra, también simulada, a orillas del bosque cañadón de por medio, al norte del fortín, con excelente visión hacia el mismo, a manera de emboscada. Cuando se acercaron los atacantes, los hombres de la guarnición del fortín se dirigieron a sus puestos de combate y desde allí se dispusieron a recibir a los infatuados atacantes con un ala de fuego sorpresiva y fulminante que destruyo a la columna, aniquilo a más de un centenar, abatiendo, inclusive, al propio jefe del destacamento, comandante Aguirre.
Aprovechando el desconcierto inicial, los paraguayos escaparon y los bolivianos capturaron el fortín. Ante la muerte del comandante Aguirre, tomo la jefatura de fortín el teniente coronel Manuel Marzana Oroza.

BOQUERÓN: PREPARATIVOS PARA EL ATAQUE

Para ejecutar la orden del Presidente Eusebio Ayala, el teniente coronel Estigarribia instaló su puesto comando en Isla Po'i, convertido en Villa Militar, situado a 80 km de Punta Rieles y a 60 de Boquerón.
En pocos días, este fortín se convirtió en sitio de agrupación de reservistas. En sus alrededores se instalaron campamentos militares, grandes talleres, depósitos de materiales, etc.
En una reunión con sus oficiales, el teniente coronel Estigarribia dio a conocer su estrategia, la que iba a sostener a lo largo de los tres años de lucha: "Vamos a entrar en una guerra de comunicaciones, en la cual el ejercito que logre dominar las comunicaciones del enemigo será el vencedor".
Para realizar el ataque al fortín Boquerón, todo el mes de agosto, las fuerzas paraguayas fueron concentrándose en Villa Militar.
Para contrarrestar la que se consideraba cierta posibilidad de un ataque de gran envergadura, el general Carlos Quintanilla, comandante boliviano en el Chaco, instaló en el fortín Saavedra la VII División de Infantería boliviana, para respaldar a la VI División de Infantería de su ejército, además de proponer a su gobierno el ataque al fortín Nanawa, al sur, y al fortín Rojas Silva, al este. El primero fue descartado y se llevó adelante el segundo, capturando el fortín casi sin combatir, el 6 de septiembre.
Al día siguiente, los 5.000 hombres del Primer Cuerpo de Ejército paraguayo, comenzó a marchar rumbo a Boquerón por los dos caminos que convergían a aquel punto desde el este. Prisioneros tornados en escaramuzas anteriores en un lugar denominado Huijay (rebautizado Puesto Carayá), el comando paraguayo sabia que el fortín estaba ocupado por aproximadamente 1.200 hombres. Cinco mil paraguayos, consideró, eran más que suficientes para arrollarlos en pocas horas.
En la Villa Militar, el teniente coronel Estigarribia disponía de 9.500 hombres.

LA DEFENSA BOLIVIANA DE BOQUERÓN

A la muerte del teniente coronel Luis Emilio Aguirre, había asumido el mando de la guarnición de Boquerón el teniente coronel Manuel Marzana Oroza, un oficial sereno y modesto, Era uno de esos soldados para quienes "una orden que se da es una orden que se cumple".
La consigna que tenían los defensores bolivianos de Boquerón estaba expresada en el radiograma del Estado Mayor General Boliviano: "El Capitán General ordena y la Patria pide no abandonar Boquerón de ninguna manera, prefiriendo morir en su defensa antes de dar el parte de retirada. Quebrantar la ofensiva paraguaya en este punto será suficiente para desmoralizar al enemigo y sobre todo para dar un desmentido ante América de otra propaganda paraguaya sobre la incapacidad de nuestras tropas".
La posición de Marzana, ante esta consigna fue: "Hijos, vamos hacer respetar el uniforme que vestimos. Ningún soldado debe retirarse hasta haber quemado el último cartucho". Y así seria.
Desde que fue tomado el fortín, el teniente coronel Marzana, secundado por el mayor Germán Jordán y los oficiales de su destacamento, organizaron la defensa de la plaza abriendo trincheras, despejando campos de tiro, construyendo nidos de ametralladoras, colocando alambradas y destacando patrullas a los alrededores.
Las fuerzas de que disponía Marzana antes de iniciarse la batalla no era de 1.200 hombres como calculaba Estigarribia, sino que estaba conformado por "un teniente coronel comandante de batallón, 1 mayor, 4 capitanes, 7 tenientes, 14 subtenientes, 2 médicos, 1 enfermero, 1 chofer, 320 soldados del regimiento Campos, 40 soldados del regimiento 16 de Infantería, 24 soldados del regimiento Lanza y 30 de artillería, haciendo un total de 449 personas armadas de 350 fusiles, 13 ametralladoras pesadas, 27 ametralladoras livianas, 2 cañones Krupp con 130 granadas, un cañón Schneider, con 66 granadas y 2 ametralladoras antiaéreas con su dotación".
Otros autores, por su parte, sostienen que la cantidad de los defensores bolivianos de Boquerón ascendía a unos 800 hombres "si se tienen en cuenta los refuerzos que llegaron hasta el fortín durante los combates".

LA SITUACIÓN DE BOQUERÓN

La guarnición de Boquerón tenía como misión asegurar la defensa del sector central del dispositivo boliviano en el Chaco meridional. Aseguraba también la defensa de cuatro puestos instalados en los alrededores: Ramírez, al oeste; Lana y Cabo Castillo, al sudoeste; y Yucra, al sur, con 258 hombres del Regimiento de Infantería 16 Castillo, 57 del Regimiento de Caballería Lanza y 80 hombres de artillería y servicios (aquellos fortines, una vez caídos en poder de los paraguayos, serán rebautizados como Teniente Fernando Velázquez, Teniente Luis Camperchioli, Teniente Guillermo Arias y Capitán Oscar Rivas Ortellado, respectivamente).
Al sur del fortín se encontraban los fortines Arce, Alihuatá y Rojas Silva, sostenidos por un batallón del RI 14 Florida y una fracción del RC5 General Lanza. Los dos primeros, una vez en poder del Ejército paraguayo, serán rebautizados con los nombres de Doctor Gaspar Rodríguez de Francia y Mayor Ruperto Zenteno, respectivamente.
En el sector norte estaban los fortines Platanillos y Toledo, en poder de los bolivianos, sostenidos por el Destacamento Peñaranda, formado por el R14 Loa, el R15 Campero y fracciones del RC5 Lanza, con un total de unos 500 hombres.
El 8 de septiembre, aviones de exploración y centinelas de puestos avanzados dieron la voz de alarma a los bolivianos de que los paraguayos se estaban acercando a Boquerón.

BOQUERÓN: LA GRAN BATALLA

Cinco mil hombres de las tres armas del Ejército paraguayo estaban listos para "hacer trizas de Boquerón", defendido por solo unos 700 u 800 hombres. La realidad fue otra: Se necesitaron veinte días de constante asedio para derrotar a los sitiados, que sucumbieron por la falta de elementos básicos para su sostenimiento: agua, alimento y municiones.
El 6 de setiembre de 1932, el Teniente coronel José Félix Estigarribia impartió la orden general de operaciones N° 1, para el movimiento inicial de la campana que se iniciaba: "1- Situación general- Tropas enemigas desprendidas de Boquerón se acercan a nuestra posición adelantada de Pozo Valencia, probablemente para atacar y apoderarse de ella.
"2- El cuerpo de ejército marchara mañana 7, a las cuatro horas, para reforzar las tropas de ocupación de Pozo Valencia e impedir que el enemigo se apodere de dicho puesto.
"El cuerpo de ejército marchará en dos escalones: Primer escalón: I División de Infantería (menos el regimiento Corrales), con el regimiento Valois Rivarola de Caballería N° 1.
"3- Ejecución del movimiento: Itinerario N° 1: camino antiguo de Villa Militar a Boquerón. Itinerario N° 2: Recta Villa Militar a Boquerón. Durante los descansos, tanto de día como de noche, las tropas dejarán libres los caminos a fin de permitir la circulación de los vehículos de abastecimiento.
"4- Seguridad: a cargo de la división del primer escalón. De acuerdo a esta orden de operaciones, la primera columna estará a cargo del comandante de la división, mayor Carlos J. Fernández, mientras que la otra, un batallón del RI2 Ytororó, al mando del capitán Abdón Palacios.
En Villa Militar, como ya habíamos mencionado, estaban concentrados 9.500 hombres: La Primera División de Infantería (I DIP), equipada con 24 cañones de 75 y 105 mm, 15 morteros Stokes-Brandt y 250 ametralladoras ligeras y pesadas. En Casanillo estaban 196 hombres del RC2 "Coronel Toledo"; 40 del R12 "Ytororó". También estaba concentrándose la II División de Infantería. La III Divisi6n de Infantería, en vías de formación. Se contaba también con el RCI "Valois Rivarola", una escuadrilla de aviones de caza.
Volviendo a los aprestos para atacar Boquerón, luego de siete horas de marcha las fuerzas paraguayas alcanzaron el primer objetivo: Pozo Valencia, también llamado Pozo Negro, en cuyas cercanías se tuvo una escaramuza de poca importancia con los bolivianos. El grueso del ejército pernoctó en ese lugar. Al día siguiente se buscaría llegar al fortín objetivo de las operaciones. La zona donde este se encontraba era totalmente árida. En el fortín existía un pozo excavado por los paraguayos y otro por los bolivianos, además de la existencia, en los aledaños, de una aguada.
Al día siguiente, la columna paraguaya reanudo la marcha penetrando en una zona peligrosa. Además, se desconocía absolutamente la situación del enemigo y del terreno. No se habían hecho los vuelos de reconocimiento para explorar las condiciones del terreno y la organización de la defensa del fortín.
Tampoco se habían hecho patrullajes previos que dieran suficiente información a los atacantes, como tampoco se contaba con cartografía necesaria y apropiada, ni fue utilizado convenientemente el personal conocedor de la zona. En algún momento, la aparición de la aviación enemiga puso en riesgo a los paraguayos, cobrándose algunas víctimas.
Llegados a las cercanías del fortín Boquerón, en la noche del 8 de setiembre se realizo un "somero reconocimiento" hacia el este del fortín. Pero la ubicación exacta del mismo era un misterio para los paraguayos. El dispositivo del destacamento al llegar frente a Boquerón, según el plan de ataque elaborado, fue el siguiente: Primer escalón: R14 "Curupayty", a la derecha del camino viejo, y el R12 "Ytororo", a la izquierda del mismo. Los hombres del regimiento "Curupayty", que habían sido desalojados en el combate del 31 de julio, pidieron para sí el honor de actuar en el centro de la línea, con el anhelo de ser los primeros en ingresar al reducto. Los batallones de los citados regimientos estaban apoyados por el grupo de artillería "General Roa".
De entrada nomas tuvieron lugar una serie de errores y omisiones que, luego, costarían muy caro a las fuerzas atacantes. Como ejemplo, en el caso de la artillería, la falta de cartas se hizo sentir en forma más palpable todavía. La premura del tiempo disponible antes del ataque y el desconocimiento del terreno crearon al comando de la artillería un serio problema.
Como reserva, en el segundo escalón, estaban los regimientos "Corrales" y Z1 "General Aquino". El regimiento de caballería "Coronel Toledo" tenía la misión de marchar hacia Yucra y conquistar este punto, para evitar la llegada de refuerzos bolivianos.
El amanecer del 9 de setiembre anunciaba un día de calor sofocante. A las 5:30, el "cerrojo" humano formado por las unidades paraguayas, a la señal de un primer tiro de artillería, empezó su sigiloso acercamiento al fortín. Uno de los brazos lo hizo a través del tupido monte, mientras que el otro lo hizo a campo traviesa. Las fuerzas bolivianas, que habían pasado la noche en vela, estaban a la espera de cualquier señal.
A las 7 en punto, un estridente "¡Viva el Paraguay!" hizo cundir la alarma dentro del fortín. Los atacados, "como tocados por un botón eléctrico", empezaron a abrir sus bocas de fuego, derramando una oleada de plomo sobre las fuerzas paraguayas, logrando paralizar a los atacantes.
Entre tanto, el comandante de la IV División boliviana, con asiento en Yucra, dispuso el envió de refuerzos, que fueron atacados por los paraguayos, causando numerosas pérdidas, así como prisioneros, entre ellos el comandante de dichas fuerzas. Los sobrevivientes huyeron desordenadamente hacia Yucra. Horas después otra columna venida desde Yucra tuvo un nuevo enfrentamiento con los paraguayos, siendo nuevamente derrotados, resultando muerto su comandante.
Luego de varios ataques frontales que causaron numerosas bajas a los paraguayos, llegaron en su avance hasta un centenar de metros de las posiciones bolivianas, en algunos sectores, y a menos de cuarenta, en otros. El nutrido fuego de la fusilería y de las ametralladoras bolivianas diezmo inmisericorde las filas paraguayas, imposibilitando todo propósito de capturar el fortín. Sumado a esto, una serie de imprevisiones - fruto de la inexperiencia- imposibilito a los paraguayos romper la formidable barrera de fuego de los bolivianos, muy bien parapetados en sus fortificaciones. Si bien se tenían dos baterías, además de dos morteros en cada regimiento, fusiles ametralladoras y ametralladoras pesadas, la participación deficiente de la artillería en apoyo de la infantería, fruto del desconocimiento del terreno, fue uno de los factores en contra de los atacantes. Alarmado por el cariz que iba tomando la Lucha, el comandante divisionario (Fernández), recurrió a la reserva para conjurar la situación. Fue en este momento que una bala perdida puso fin a la vida de uno de los más brillantes comandantes de batallón del regimiento Corrales, el capitán Oscar Rivas Ortellado. La fogosidad del ataque paraguayo dio la impresión de un innegable triunfo sobre los bolivianos, que el recién nombrado comandante del mismo regimiento, Juan Rovira, evacuado por heridas, informo, a su llegada a Villa Militar, de la victoria paraguaya, noticia inmediatamente transmitida a Asunción, donde la población entusiasmada se volcó a las calles en medio de una algarabía generalizada. Las estaciones radiales de Asunción y Buenos Aires propalaron la noticia y el ministro de Guerra y Marina, doctor Víctor Rojas, telegrafió a Estigarribia diciéndole: "En nombre del Presidente de la República presento felicitación a los valientes jefes, oficiales y soldados que han vengado el honor nacional en la retoma de Boquerón, mostrándose herederos de los guerreros del 70. Felicito a ese comando por la inteligencia certera con que ha dirigido las operaciones, haciéndose merecedor de la confianza en el depositada por el pueblo y gobierno".
Pero la realidad era bien otra y para no desmoralizar al público, desde ese momento se le negó toda información sobre la real situación del ejército paraguayo en Boquerón. Durante los siguientes veinte días de batalla, se le darán escuetas informaciones sobre luchas aisladas y escaramuzas producidas "en los alrededores de Boquerón".
Al final de aquel primer día de batalla, en filas paraguayas reinaban la confusión y el desconcierto, lo que fue aprovechado por una compañía del R1 14 boliviano, al mando del capitán Tomas Manchego, para entrar en Boquerón con refuerzos. También, entre los paraguayos, además de las balas bolivianas, un nuevo enemigo empezaba a actuar: el terrible tormento de la sed.
Por otra parte, en Villa Militar, el comandante Estigarribia se vio obligado a reconocer que su confianza en una rápida conquista del fortín a manos de los bolivianos era imposible. La táctica utilizada no dio los frutos esperados.
Definitivamente, habría que cambiarla. ¿Hubo errores de cálculo en cuanto a la cantidad de bolivianos defensores del reducto? Al no poder ser vencidos por las municiones de los fusiles, las ametralladoras y la artillería paraguaya en ataques frontales con un alto costo en vidas humanas en el sector paraguayo, solo quedaba un camino: El 10 de setiembre, el comandante Estigarribia, en comunicación telefónica con el mayor Fernández, comandante de la división atacante, convino en sitiar el fortín, cortando el "cordón umbilical" que unía a Boquerón con el fortín Arce, vía de acceso de los refuerzos bolivianos, y lograr rendirla por medio del hambre, encerrándole en un férreo circulo. La orden impartida fue la siguiente: "La división comenzará en el día, después de reorganizadas las unidades, un sitio reglamentario".

EL ASEDIO A BOQUERÓN

La férrea resistencia opuesta por los bolivianos ante los intentos paraguayos de retomar el fortín en el primer día de la batalla de Boquerón obligó al comando paraguayo a reformular su estrategia, decidiéndose a sitiar el reducto, cortando todas sus comunicaciones y aprovisionamientos, logrando rendirlo luego de veinte largos y sangrientos días. La batalla en si fue rica en enseñanzas para las fuerzas paraguayas.
Las fuerzas paraguayas estaban muy afectadas moralmente por el fracaso del primer día de batalla, por lo que la operación de rodeo se llevo a cabo de una manera bastante irregular, llegando a completarse el cerco recién después de tres días. Los regimientos "Corrales", "Ytororo " y un batallón del "General Aquino" fueron destinados a cortar el camino Yucra-Boquerón, donde llegaron luego de un día de empeño y luego de sufrir los inmisericordes embates de la sed. Solo disponían de una lata de 18 litros por compañía, que se había distribuido en el momento de la reorganización, sin disponer, desde entonces, de ni una gota más.
El 13 de setiembre se había completado el cerco al tomar contacto una patrulla del "Corrales" con hombres del destacamento Palacios, que habían hecho el envolvimiento por la derecha. Mientras tanto, las unidades del centro y la artillería paraguaya atacaban sin descanso a los bolivianos de Boquerón.
Hacia el este del fortín el sistema de trincheras de los bolivianos tenía una pronunciada saliente, llamada Punta Brava, y fuertemente atacada por los hombres del regimiento "Curupayty", consiguiendo en varias oportunidades aproximarse bastante, aunque sin poder conquistarla.
Cuando Marzana se dio cuenta de la táctica de rodeo desarrollada por los paraguayos, impartió ordenes terminantes para que se ahorre munición con miras siempre a prolongar la resistencia hasta el último cartucho. Desde que se completó el cerco, el ataque paraguayo y la consiguiente reacción boliviana tuvieron momentos dramáticos. Por un lado la artillería paraguaya buscaba denodadamente destruir el fortín y, por el otro, los bolivianos se defendían como podían, inclusive con el apoyo de la aviación que vomitaba sus bombas en filas paraguayas. El regimiento "Corrales", que inicialmente tuvo un dramático debut, se convirtió, juntamente, con el batallón de zapadores "General Aquino", luego de varias escaramuzas exitosas, en dueño y señor de la retaguardia, obstaculizando todo intento boliviano de hacer llegar refuerzos y materiales a los sitiados.
Dentro del fortín, la escasa munición de los tres cañones de que disponían se había agotado al segundo día de lucha. Las ametralladoras pesadas se trasladaban de un sector a otro para reforzar los puntos más amenazados. Desde Muñoz, el comando boliviano buscaba afanosamente romper el cerco impuesto por los paraguayos y restablecer las comunicaciones. La misión fue encomendada al destacamento de Enrique Peñaranda, que contaba con 300 hombres 'del regimiento "Campero", 250 del "Loa" y un escuadrón de caballería al mando del mayor Moscoso. Estos hombres debían lidiar con los 2.000 paraguayos del Corrales y un escuadrón del RZ1, primeramente y, si lograban rebasar, con los hombres del "Ytororó", ubicado frente a Boquerón.
Obviamente, no pudo cumplir su misión. Los días siguientes, el destacamento Peñaranda reiteradamente trató de romper el cerco paraguayo, pero otros tantos fracasos fueron el resultado. En su porfía, tuvo hasta el aporte de un carro blindado, pero no pudo lograr su objetivo. Solo un puñado de hombres al mando del célebre capitán Víctor Ustares logró burlar las posiciones paraguayas e introducirse en el fortín sitiado. Poco después, durante un recorrido de patrullaje, enfrentado a una posición paraguaya, Ustares cayó fulminado. A la semana de iniciado el asedio, los hombres de la I DI paraguaya empezaban a dar muestras de cansancio. Por suerte, la II DI se había incorporado a la lucha, instalándose en el ala izquierda, peleando en dos frentes: presionando a los sitiados y deteniendo a los que intentaban ingresar al fortín.
El 16 de setiembre llegó una nueva pléyade de jóvenes entusiastas: el R16 "Boquerón", integrado por cadetes de la Escuela Militar, comandados por el mayor Arturo Bray, director de esa casa de estudios militares, apoyado por una sección de artillería, además de los armamentos propios de la infantería: fusiles, ametralladoras y morteros. Su entrada en acción seria hacia el norte del fortín sitiado.
Juntamente con las otros unidades (parte de los regimientos de infantería, zapadores y grupos de artillería: "Curupayty", "2 de Mayo", "General Aquino", "General Roa", "Ytororo", "Coronel Toledo"), la totalidad de hombres desplegados en la primera línea fue de unos 4.750.
El plan de Estigarribia, proyectaba en un primer momento el ataque por el R16 "Boquerón" y I División de Infantería, de las posiciones establecidas entre el fortín mismo y la orilla meridional de la parte del bosque que lo rodeaba. Este ataque debía estar apoyado por la II División de Infantería del teniente Coronel Gaudioso Núñez, con 2.815 hombres, ubicada a la izquierda de la I División de Infantería y extendida por 1.500 metros a partir del viejo camino Boquerón-Villa Militar.
En un segundo momento, la Primera División apoyada por el RI6 a la izquierda y la II División a su derecha, debía atacar desde el norte hacia el sur de un lado y de otro del camino Boquerón-Yucra hasta el límite del bosque que rodeaba al fortín. Toda esta maniobra debía estar apoyada por tres aviones de caza Wibault y tres Potez de reconocimiento y de bombardeo.
En la mañana del 17, los paraguayos, con ocho cañones de 105 mm, 14 de 75 mm y 20 morteros, y las ametralladoras pesadas y livianas de los tres regimientos participantes, atacaron encarnizadamente el fortín, siendo respondidos de igual manera por los sitiados desde sus posiciones avanzadas y sus formidables nidos de ametralladora.
El regimiento "Boquerón", en un momento de confusión, ante el porfiado ataque de los bolivianos que los atacó por sorpresa, se replegó permitiendo el rebase de algunas unidades bolivianas hasta las cercanías del fortín, logrando entrar en el reducto sitiado, llevando víveres y municiones, aunque insuficientes, a los defensores bolivianos del fortín. A raíz de estos sucesos, y mientras el R16 se reorganizaba, Carlos J. Fernández puso en movimiento su reserva. Mientras tanto, el R14 "Curupayty" atacaba furibundamente tratando infructuosamente y con fuertes pérdidas de conquistar el punto estratégico llamado Punta Brava.
Al día siguiente los paraguayos intentaron nuevos asaltos, pero sin lograr abatir a los bolivianos. En tanto, los sitiados apenas tenían víveres para un día más y agua en cantidad insuficiente para abastecer a los defensores.
La aviación boliviana trataba de aprovisionar a los sitiados, pero con resultados insignificantes, pues muchos de sus paquetes de víveres y municiones caían en filas paraguayas. En las noches, "soldados bolivianos se arrastraban hacia donde habían visto caer a sus enemigas en el combate del día y se aprovisionaban de su munición, caramañola de agua y sus víveres. Estos, muchas veces, estaban empapados en sangre, pero ello no era impedimento para que se los consumiera ávidamente". Un pozo de agua fue destruido por la aviación paraguaya, el otro estaba ubicado expuesto al fuego enemigo tal que solo era posible acercarse en horas de la noche, mientras que en el tajamar varios cadáveres se pudrían.
En esas condiciones continuo el sitio. El 28 de setiembre, los bolivianos llevaban horas sin víveres y las reservas de municiones estaban agotadas. Los sitiados apenas disponían de cinco cartuchos por hombre, o sea, diez minutos de fuego. Esa noche, Marzana convocó a sus oficiales, quienes le rodearon en el estrecho agujero que les servía de refugio. "Sus rostros mostraban la huella dejada por 19 días y 19 noches de constante tensión nerviosa y la escasez de alimento y agua". Luego de unos minutos de cabildeo, se decidió pedir a los paraguayos "una capitulación con honor o perder Boquerón en la punta de las bayonetas".
Los jefes bolivianos acordaron que al amanecer enviarían a dos parlamentarios para solicitar una entrevista con el comando paraguayo para negociar la entrega del fortín, a cambio de que se les permitiese retirarse con sus heridos hacia Yucra.
En tanto, las fuerzas paraguayas que asediaban al fortín Boquerón, heroicamente defendido por los combatientes bolivianos desde hacía casi tres semanas, se estaban preparando para un ataque general y definitivo. Boquerón tendría que caer a cualquier costo.
Desde Punta Brava, dos hombres salieron con bandera de parlamento, llevando el siguiente mensaje: "El comandante del fortín Boquerón al comandante de las fuerzas paraguayas en el mismo sector. Señor: el oficial portador de la presente nota, capitán Antonio Salinas, lleva la misión de entrevistarse con Ud. en representación mía. Dios guarde a Ud. Teniente coronel Marzana".
En filas paraguayas, según un testigo, "aun faltaba un cuarto de hora para la hora 'H', cuando se escuchó un breve tiroteo en el ala izquierda, seguido de un prolongado 'grito patriótico lo cual era indicio de algún acontecimiento favorable. Después, nuevamente un profundo silencio, interrumpido, de vez en cuando, por un extraño cuchicheo en nuestra fila, que no podíamos interpretar, hasta que el cabo Brígido Mongelós, del grupo de mando, exclamó de repente: '¡Bandera Blanca, bandera Blanca mi teniente!'.
"Automáticamente todas las miradas apuntaron hacia el sector señalado, en busca del signo de la rendición. La tarea fue fácil, pues para ese instante una cortina de ropas blancas de todos los tamaños se había extendido de punta a punta sobre la trinchera enemiga; camisas y pañuelos blancos atados en la punta de rusticas varillas ondulaban pausadamente detrás de los parapetos. Era la rendición incondicional que ofrecían los bravos defensores de Boquerón. Nuestra emoción fue tan grande que por algunos instantes nadie osó mover ni un dedo, como si un poder mágico paralizara nuestras energías y nuestras voluntades. Además ¿por qué no decirlo?- un poco de desconfianza o temor a lo que podría ser una trampa primaba en nuestro ánimo, hasta que un oficial, el más decidido, se animó a gritarles: '¡Salgan de sus trincheras, sin armas!"'.
En el fortín nadie dio cumplimiento a la orden. Algunos momentos después, el mismo oficial trepando el parapeto de su trinchera se dirigió hacia las filas enemigas, ordenando y urgiendo la salida con los brazos en alto de los combatientes bolivianos. "Uno tras otro, los escuálidos pero heroicos defensores del reducto fueron saliendo por la escalinata hacia un árbol designado como punto de reunión para los mismos.

EFECTOS DE LA BATALLA DE BOQUERÓN

Al enterarse de lo sucedido en Boquerón, el presidente Eusebio Ayala expresó: "Los oficiales y soldados bolivianos que se batieron en Boquerón y son nuestros prisioneros... se comportaron con tal bravura y coraje, que merecen todo nuestro respeto".
En el aspecto diplomático, mientras se desarrollaba la batalla de Boquerón, Bolivia aceptó las proposiciones de la Comisión de Neutrales de cesación de hostilidades y sugirió la neutralización de dos Kilómetros alrededor de Boquerón. Por su parte, el Gobierno paraguayo no acepto ninguna propuesta que no incluyera la devolución, por parte de Bolivia, de los tres fortines capturados: Boquerón, Toledo y Corrales, y la desmilitarización de todo el Chaco. Eran posiciones diametralmente opuestas y no hubo ningún acuerdo, pese a los esfuerzos de los neutrales. En Bolivia, la caída de Boquerón afectó, más que nada, al gobierno del doctor Salamanca, que recibía furibundos ataques de diversos sectores, en especial de la oposición, que exigía, entre otras cosas, su renuncia. Por otra parte, se había dado demasiada importancia ante la opinión publica a la defensa del fortín asediado, de cuya retención, afirmaban, dependía "casi la definición del conflicto".
La opinión pública empezó a pedir que se convocase al general Hans Kundt para encabezar el ejército, en la situación en que se hallaba el país: una guerra internacional.
"Ni el general Kundt ni nadie remediaran la falta de efectivos, la deficiencia de armamentos y en general las innumerables deficiencias orgánicas que caracterizan la actual situación", fue la respuesta de un alto jefe militar, el general Carlos Quintanilla, comandante del Ejército en campaña.
Una de las consecuencias de la derrota boliviana en Boquerón fue la sustitución, del general Filiberto Osorio por el general José L. Lanza, comandante hasta entonces de la III División de Infantería boliviana, en la jefatura interina del Estado Mayor General. Osorio pasó a comandar el II Cuerpo de Ejército boliviano. La comandancia de la III División paso a cargo del coronel Arturo Guillen y la de la IV División a cargo del general Oscar Mariaca Pando.
Pero Boquerón probó que el enemigo al que se temía podía ser vencido y "desde allí ya no se hablaría de defender al país a partir de las orillas del rio Paraguay. La unidad nacional saldrá consolidada". El Gobierno decretó el 29 de setiembre el "Día de La Victoria". Esta victoria le valió al conductor del Ejército paraguayo su ascenso al grado de coronel, así como de otros hocos oficiales. Por otra parte, se procedió a la formación de nuevas unidades, como el II Cuerpo de Ejército; la IV División de Infantería, incorporada al I Cuerpo de Ejército, y la I División de Caballería.
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Fuente:
LA GUERRA DEL CHACO (1932-1935)
Autor: LUIS VERÓN
© Editorial El Lector
Asunción – Paraguay
2010 (165 páginas).
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LUIS VERÓN - LA GUERRA DEL CHACO (1932-1935) - Prólogo: HERIB CABALLERO CAMPOS / Texto: UN TERRITORIO CON VARIOS PRETENDIENTES, ...


LA GUERRA DEL CHACO (1932-1935)
Autor: LUIS VERÓN
(Enlace a datos biográficos y obras
En la GALERÍA DE LETRAS del
www.portalguarani.com )
COLECCIÓN
LA GRAN HISTORIA DEL PARAGUAY, 10
© Editorial El Lector
Director Editorial: PABLO LEÓN BURIÁN
Coordinador Editorial: BERNARDO NERI FARINA
Director de la Colección: HERIB CABALLERO CAMPOS
Diseño de portada: CELESTE PRIETO
Diseño Gráfico: CÉSAR PERALTA G.
Corrección: NIDIA CAMPOS
Portada: El ejército del Chaco.
Mural de ROBERTO HOLDENJARA,
Museo e Instituto de Historia Militar de Asunción
Fotografías: Archivo Surucu'a
Hecho el depósito que marca la Ley 1328/98
I. S.B. N. 978-99953-1-082-0
El Lector 1: 25 de Mayo y Antequera. Tel. 491 966
El Lector II: San Martín c/ Austria. Tel. 610 639 - 614 258/9
www.ellector.com.py
Esta edición consta de 15 mil ejemplares

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CONTENIDO
Prólogo / Introducción
*. Un nombre y un territorio / Un territorio, varios pretendientes / Actos paraguayos de soberanía / El Chaco como fuente de Riquezas / Fundación de fortines militares / Negros nubarrones en el Chaco / El ataque a Vanguardia / La movilización de 1928 / Intentos para evitar la guerra / La conferencia de Buenos Aires / La conferencia de Washington / Nuevo intento de paz / Preparativos bélicos paraguayos / Planes para la defensa / La chispa y el polvorín / La retoma de Pitiantuta / La toma de Boquerón / La movilización / Movilización boliviana / El Chaco en llamas / Esperar a la vera del río / Preparativos para el ataque / La defensa boliviana de Boquerón / La situación de Boquerón / Boquerón: La gran batalla / El asedio a Boquerón / Efectos de la batalla de Boquerón / La batalla de Arce / La caída de fortín Arce / La campaña de Saavedra / Saavedra / Nanawa, la "muralla viva" / Pacificación infructuosa / Preparativos bolivianos / La primera batalla de Nanawa / Preparativos para la defensa / Batalla del fortín Corrales / Toledo, la puerta cerrada / La declaración formal de guerra / La "neutralidad" solidaria argentina / Alihuatá / Campo Jordán / Nanawa de gloria / Empieza la función / Ofensiva paraguaya y debacle boliviana / Pampa Grande y Pozo Favorito / La batalla de Alihuatá y la debacle de Campo Vía / La derrota boliviana / Breve descanso y renovados bríos / El armisticio / Reanudación de las acciones / La maniobra de Strongest / Ballivián, bastión boliviano / Una maniobra de ajedrez / Un nuevo frente de lucha / Avance hacia las cordilleras / Batalla de Carandayty / Con miras a El Carmen / Negros nubarrones / El Carmen o la hora de Ballivián / El cerco de El Carmen y la caída de Ballivián / El "Corralito" de Villa Montes / Persecución de un ejército en fuga / La retirada boliviana de Picuiba / Una audaz iniciativa / Reacción tardía e infructuosa / Últimos combates de 1934 / Batalla de Ybybobo / En vista a la gran batalla / La batalla de Villa Montes y el fin de la guerra / Más allá del Parapití / Un bastión inexpugnable, la defensa boliviana de Villa Montes / Paraguayos en el Izozog y Charagua / Contraofensiva boliviana / Caída de Mandyyupecuá / Ingavi, la puerta hacia la paz / Por fin el sueño cumplido: La Paz
El Autor / Fuentes Consultadas

PRÓLOGO
En este decimo volumen de la Gran Historia del Paraguay, Don Luis Verón presenta un detallado estudio sobre el desarrollo del conflicto bélico más importante del siglo XX que se disputo en Latinoamérica.
Verón analiza el origen del término Chaco para luego referirse detenidamente a las disputas por el territorio Chaqueño entre el Paraguay y Bolivia. Ese territorio que durante largos años los gobernadores españoles del Paraguay y otras provincias pretendieron conquistar y no pudieron.
El libro presenta todos los aspectos que hacen a los prolegómenos del conflicto, detalla con sumo cuidado cada una de las principales batallas, informando sobre los planes y estrategias de los bandos en disputa, los efectos y las consecuencias. Los detalles fueron minuciosamente recabados, lo que proporciona información sumamente valiosa para comprender cada uno de los movimientos realizados por los altos mandos en conflicto.
A través de las presentes paginas se observa como telón de fondo el inhóspito y a la vez magnificente paisaje chaqueño frente al cual actuaron unos hombres y mujeres que defendieron una idea sublime como la patria a pesar de la ausencia de caminos, recursos y por sobre todo el vital liquido.
Este libro permitirá al lector conocer los detalles de los principales combates así como de las negociaciones que llevaron a establecer un alto al fuego el 14 de junio de 1935, luego de más de tres años de combates en los cuales cerca de cien mil vidas humanas se perdieron en los lejanos cañadones chaqueños. La obra de Luis Verón nos enriquece y nos permite observar en estos setenta y cinco anos de la finalización de la Guerra del Chaco los sacrificios y el heroísmo de quienes no dudaron un segundo en defender a la patria a pesar de las carencias en las que se desarrollaba la vida económica y social de la república, por lo que no podemos dejar de agradecerle al autor esta contribución que nos refresca la memoria y nos ayuda a reflexionar sobre las consecuencias del conflicto chaqueño.
HERIB CABALLERO CAMPOS

INTRODUCCIÓN
Los sangrientos conflictos del siglo XX han moldeado, para bien o para mal, el mundo en que vivimos; gran parte de su ciencia y tecnología tiene raíces en los presupuestos militares, y los sistemas políticos son consecuencia de que algunas naciones ganaron, y otras perdieron, poderosas guerras.
La primera mitad del siglo pasado fue dominada por una guerra que duro tres décadas, entre 1914 y 1945. Una primera parte comenzó en 1914 y culmino en 1919, pero sus efectos -económicos, políticos y sociales- se sintieron a lo largo de dos décadas y fueron estos mismos efectos los que eclosionaron en otro conflicto mundial, entre 1939 y 1945.
Durante esos veinte años entre la primera y la segunda conflagración mundial, en otro escenario, un escenario de sértico e inhóspito en el medio del continente sudamericano, un conflicto armado sacudió la, hasta entonces, pacifica vida de los países de la región: el disputado entre paraguayos y bolivianos, quienes de esa manera zanjaron un entredicho de larga data y que era una espina atravesada en el corazón de ambos pueblos americanos.
Ese conflicto, conocido como la Guerra del Chaco, significo para ambos países una Bran sangría de diversos elementos: en primer lugar el sacrificio heroico de exponentes de su mejor juventud, muchos de los cuales dejaron su vida en los calcinantes desiertos, abonando con su sangre esa tierra seca y resquebrajada; en segundo lugar, significo la erogación de una riqueza que apenas tenían y en última instancia, levanto un muro de incomprensión y desconocimiento entre dos países, hasta hoy no superado.

UN NOMBRE Y UN TERRITORIO
Para definir a esta unidad geográfica se usa el termino de Gran Chaco. El Chaco es un término quechua que quiere decir "vasto cazadero", aunque sobre su verdadero significado no hay unanimidad. Según el jesuita Pedro Lozano, cuando los aborígenes salían a cazar, llamaban chacú al conjunto de animales fruto de la cacería. Otro autor, Carlos María Sayago, opina que chacú significa "gran cerco" y que ese mismo nombre fue aplicado a una montana andina "por haber existido allí una especie de corral destinado a la cacería de vicuñas". Por su parte, Carlos Paz Soldán refiere que Chaco es un nombre geográfico de uso común en el Perú.
"En realidad, la palabra quechua chacú significa cacería de batida, ojeo", sostiene Pablo Patrón. Según Fulgencio R. Moreno, los indígenas chaqueños se juntaban y rodeando los cerros "iban espantando con hondas a los animales salvajes, hasta llevarlos a un lugar determinado, generalmente una quebrada o valle, donde quedaban encerrados como en corrales, y allí eran muertos a palos y pedradas, y de otras maneras... y a esta manera de caza, dice, llaman los indios chaco".
El nombre chaco aparece por primera vez en documentos españoles en Potosí, el 2 de noviembre de 1592, en una probanza de servicios de un conquistador llamado Cristóbal González. Hasta entonces -y aun mucho después- los conquistadores españoles llamaban a ese territorio "tierra de los guaycurú", "tierra de los guarazarapos", "tierra de los mbayá", "provincia de los payaguá", "nación de los nohaagués", "llano de los tamacosis", etc., mencionando a los pueblos que lo habitaban.
Este territorio tiene una extensión aproximada de unos 1.500 km de norte a sur y un ancho medio de 700 kilómetros, abarcando una extensión aproximada de 1.000.000 de km2.
El Gran Chaco, en realidad, es una región con características bien definidas, distinguiéndose tres importantes subregiones: el Chaco Austral, entre los ríos Salado y Bermejo; el Chaco Central o Chaco Gualamba, entre los ríos Bermejo y Pilcomayo, y el
Chaco Boreal, a partir de este rio y que limita, al norte, con el rio Otuquis o Tucavaca; al Este, con el rio Paraguay; y al oeste la cordillera de Chiriguaná o Tehauasi, entre los 62 y 63 grados de Greenwich.

UN TERRITORIO, VARIOS PRETENDIENTES
Para definir la soberanía sobre el territorio chaqueño, las repúblicas de Bolivia y del Paraguay gestionaron, infructuosamente, varios tratados con el propósito de establecer los límites de ambos países. Ninguno de estos protocolos definió claramente las pretensiones sobre el Chaco.
Bolivia sostenía la tesis de que las repúblicas hispanoamericanas tenían por límites los mismos que correspondan a las antiguas demarcaciones coloniales de que se formaron dichas repúblicas, salvo las modificaciones que la guerra de la Independencia hizo experimentar a algunas de dichas demarcaciones. Esta tesis es la conocida en el derecho internacional como Uti-possidetis juris de 1810. Por su parte, el Paraguay enarbolaba el principio del Uti-possidetis de facto, o de hecho: que los límites corresponden a la derivada de la ocupación por parte de dichos países.
Las primeras señales de que la cuesti6n chaqueña podía ser fuente de problemas entre el Paraguay y Bolivia, se dieron cuando el gobierno boliviano protestó ante la Argentina por el reconocimiento de este país de que el Chaco boreal pertenecía al Paraguay.
Los reclamos bolivianos se reanudaron cuando, luego de la Guerra de la Triple Alianza, la Argentina ocupó militarmente parte del Chaco. Por otro lado, la búsqueda de contactos diplomáticos data de mediados del siglo XIX, pero el territorio chaqueño se había convertido en una cuestión bilateral paraguayo-Argentina y sobre la cual trataron discusiones y arreglos entre dichos países: las diplomacias de ambos países resolvieron dividir el territorio chaqueño en tres partes: la que quedaba entre los ríos Bermejo y Pilcomayo, pasó a pertenecer a la Argentina; la que quedaba entre el rio Verde y Bahía Negra, al Paraguay: y la que comprendía entre los ríos Pilcomayo y
Verde, sería sometida al arbitraje del presidente de los Estados Unidos de América, Rutherford. B. Hayes.
Los gobiernos de ambos países presentaron al árbitro sus respectivos alegatos y documentaciones y el 12 de noviembre de 1878, el presidente Hayes emitió su fallo por medio de un laudo otorgando al Paraguay el territorio litigado por la Argentina. Por su parte, el gobierno boliviano reclamó atención a sus requerimientos, pero su pedido fue rechazado por el árbitro, por no ser suscriptor del tratado por el cual se resolvió el arbitraje.
El gobierno boliviano nunca aceptó el laudo Hayes y creía que todos sus actos y protestas anteriores y posteriores al fallo amparaban sus pretensiones y derechos sobre el territorio chaqueño. Además, consideraba que el arbitraje del presidente norteamericano era una cuestión exclusiva entre el Paraguay y la Argentina y que no tenía ningún efecto sobre sus derechos.
Por su parte, el Paraguay se vio fortalecido en sus derechos sobre la región Occidental, aunque quedaba una espinosa cuestión: la definición de sus límites, especialmente con Bolivia.
El mismo ano -1879- en que el Paraguay tomaba formalmente posesión del territorio arbitrado, Bolivia -derrotada en su experiencia en la Guerra del Pacifico, durante la cual perdió su litoral marítimo- volcaba sus ojos sobre el Chaco con mayor interés, pues había sido confinada a una humillante mediterraneidad. Esta situación llevó a los bolivianos a considerar seriamente una salida hacia el Atlántico, a través del Chaco Boreal. Esta consideración derivaría, medio siglo después en otra guerra, la que sostuvieron Bolivia y el Paraguay.
Varios fueron los intentos desde Bolivia de establecer algún punto portuario en el oriente del país, con el propósito de tener una salida al rio Paraguay, además de expediciones militares y empresariales, el gobierno boliviano desempolvó sus viejos reclamos y envió misiones diplomáticas al Paraguay, como la del doctor Antonio Quijarro, quien firmó con José Segundo Decoud un tratado que nunca fue ratificado por el Congreso paraguayo. El boliviano lo hizo, pero dos años después, con la condición de obtener un puerto sobre el Pilcomayo, al sur de los esteros de Patiño, que no fue aceptado por el Paraguay.
A este tratado siguieron cinco tratados y protocolos (Aceval-Tamayo;Decoud-Pinilla; Ichazo-Benites; Soler-Pinilla; Ayala-Mujía), con un factor común: en cada caso, Bolivia veía una disminución del territorio que le había sido asignado en aplicación del Uti-possidetis juris de 1810.

ACTOS PARAGUAYOS DE SOBERANÍA
Una de las causas de la Guerra del Chaco fue la aplicación, a partir de 1810, entre los nuevos estados emergentes en el mapa americano, de una figura jurídica conocida como Uti-possidetis juris, que en el caso de Bolivia le otorgaba cierta calidad de sucesora de la antigua Audiencia de Charcas, aunque esta condición tenía poca consistencia, porque nunca, en todo el periodo colonial, fueron definidos los limites de las circunscripciones españolas en América. Justamente esa situación fue la que originó los problemas que el Paraguay tuvo con sus vecinos directos y que desembocaron, tanto en el conflicto con la Triple Alianza (1865-1870), como en el conflicto paraguayo-boliviano, entre 1932 y 1935.
Si el Uti-possidetis de juris le daba a Bolivia ciertos derechos sobre el territorio chaqueño, al Paraguay le amparaba el Utipossidetis de facto, pues a lo largo de su historia hizo acto de presencia, si no en todo el territorio, en parte importante del mismo.
Con el propósito de ocupar el territorio chaqueño, desde los años de la época colonial, las autoridades de Asunción realizaron numerosas acciones en el sentido de establecer la soberanía del Paraguay en el Chaco. La fundación de poblados y guarniciones militares fue parte de ese objetivo. En el norte surgieron los bastiones de Fuerte Olimpo, en 1792; de Bahía Negra, de la misión de Melodía, en las cercanías de Asunción, río de por medio, etc.

EL CHACO COMO FUENTE DE RIQUEZAS
El paupérrimo estado financiero del país, como consecuencia del terrible conflicto internacional que lo postró durante muchos años, obligó al Gobierno a ofertar, a precio irrisorio, miles de kilómetros cuadrados de territorio nacional, en la región Oriental y en la Occidental o Chaco.
La venta de tierras públicas, con el propósito de solucionar la desesperante situación financiera del país, permitió la adquisición de ellas por varias empresas, la mayoría de capital extranjero, especialmente argentinas.
Una de estas fue la empresa de Carlos Casado del Alisal, que adquirió miles de leguas cuadradas y estableció en ella un importante complejo industrial, iniciando la producción taninera que ubico al Paraguay, poco tiempo después, como el mayor productor mundial de dicho producto durante más de sesenta años. Posteriormente, la firma Casado vendió parte de sus tierras y se establecieron otras empresas extractivas.
Además de la venta de extensas tierras para el establecimiento de empresas extractivas, desde la puesta en venta, en 1886, de las tierras públicas, numerosos establecimientos ganaderos se ubicaron en la región Occidental. Su producción se destinaba al mercado asunceno y a los saladeros, procedentes de las industrias frigoríficas que se instalaron posteriormente y propiciaron la exportación de carne al extranjero.
Otra medida tendiente a concretar el proyecto de pisar fuerte en el Chaco -dentro de la doctrina del Uti-possidetis de facto, alentada por el gobierno paraguayo- fue la de propender al establecimiento en territorio chaqueño de colonias agrícolas de inmigrantes.
Los intentos de colonización -desde Asunción- datan desde los primeros años de la colonia, aunque la mayoría sin éxito por las características naturales del Chaco. También se intentaron establecer misiones religiosas, con suerte dispar.
Para lograr que vinieran colonos para establecerse en el Chaco, se realizaron gestiones por parte de los menonitas y en 1926, se sanciono una ley, en su momento polémica, dando importantes concesiones a los interesados. De esa manera, en los últimos días de aquel año, llegaron al país numerosos colonos que se instalaron en extensas tierras adquiridas de la firma Carlos Casado, ubicadas a más de 200 kilómetros tierra adentro.
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LA DECLARACIÓN FORMAL DE GUERRA
Desde finales de 1932, el gobierno paraguayo venía estudiando la posibilidad de una declaración formal de estado de guerra con Bolivia. Al no estar oficializada la situación con este formalismo, los países vecinos no podían declarar su neutralidad, cosa que, por otro lado, iba a ser una situación que estaba contra la posición de Bolivia, por la mediterraneidad de su territorio y el consecuente cierre de los puertos de los países vecinos para la introducción de material bélico. Por su parte, el presidente Ayala venia postergando esta declaración, por las consecuencias que podría tener contra el Paraguay en el campo diplomático. Las circunstancias y los hechos, así como venían desarrollándose, hacían aparecer a Bolivia como país agresor, pero la declaración de guerra por el Paraguay haría aparecer a este como país agresor. Sin embargo, el resultado infructuoso de las gestiones de pacificación del grupo ABCP, se presento como el momento propicio para el Paraguay para obtener la neutralidad de Argentina, Brasil, Chile y Perú, lo cual significaba el cierre para Bolivia de sus principales puertas de acceso.
Ante esta situación, el 10 de mayo de 1933, el gobierno paraguayo promulgo la ley por la que declaraba al Paraguay en estado de guerra con Bolivia.
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En días más recordaremos los 75 años de la firma del protocolo de paz entre los representantes de los gobiernos del Paraguay y Bolivia. Aquel acto que posibilitó el retorno del sosiego al territorio americano, también significó el inicio de un caminar hacia una realidad muchas veces incomprendida.
La guerra que sostuvieron el Paraguay y Bolivia por la posesión del territorio chaqueño fue el desenlace de largos años de pretensiones, gestiones diplomáticas y actuaciones ofensivas que buscaron zanjarse por medio de numerosos tratados nunca ratificados, pero que significaron la decisión de ambos gobiernos de solucionar el problema suscitado por medios pacíficos, aunque ninguno de estos instrumentos definió claramente las pretensiones paraguayo-bolivianas sobre el territorio chaqueño.
Por un lado, Bolivia sostenía la tesis de que los límites de las repúblicas hispanoamericanas correspondían a las antiguas demarcaciones de la época colonial española. Esta tesis es la conocida en el derecho internacional como Uti-possidetis juris de 1810. Por su parte, el Paraguay enarbolaba el principio del Uti-possidetis de facto, o de hecho: que los límites corresponden a la derivada de la ocupación por parte de dichos países. En el caso chaqueño, numerosas fueron las expediciones exploratorias e intentos de población realizadas desde Asunción desde los primeros años de la colonia, lo que afianzaba la tesis paraguaya, en tanto que desde Bolivia no se registraron incursiones al Chaco hasta bien entrado el siglo XIX.
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Reclamos bolivianos
Los primeros indicios de conflicto se dieron cuando el Gobierno argentino reconoció como paraguayo el territorio chaqueño. Esto ocasionó la protesta boliviana, que lo reiteró en la posguerra de la Triple Alianza, inclusive cuando se dio el arbitraje del Gobierno norteamericano en 1878. Ese arbitraje consolidó la posición paraguaya sobre el Chaco, aunque quedaba la espinosa cuestión de la definición de sus límites, especialmente con Bolivia.
El mismo año en que el Paraguay tomaba formalmente posesión del territorio arbitrado, Bolivia –derrotada en su experiencia en la Guerra del Pacífico, durante la cual perdió su litoral marítimo– volcaba sus ojos sobre el Chaco con mayor interés, pues había sido confinada a una humillante mediterraneidad. Esta situación llevó a los bolivianos a considerar seriamente una salida hacia el Atlántico, a través del Chaco boreal. Esta consideración derivaría, medio siglo después, en la Guerra del Chaco.
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Gestiones y tratados
Varios fueron los intentos desde Bolivia de conseguir una salida al río Paraguay. Además de expediciones militares y empresariales, el Gobierno boliviano desempolvó sus viejos reclamos y envió misiones diplomáticas al Paraguay, que firmaron otros tantos tratados (Decoud-Quijarro, Aceval-Tamayo; Decoud-Pinilla; Ichazo-Benítez; Soler-Pinilla; Ayala-Mujía), con un factor común: en cada caso, Bolivia veía una disminución del territorio que le había sido asignado en aplicación del Uti-possidetis juris de 1810
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Motivos de discordia
Una de las causas de la Guerra del Chaco fue la aplicación, a partir de 1810, entre los nuevos Estados emergentes en el mapa americano, de una figura jurídica conocida como Uti-possidetis juris, que en el caso de Bolivia le otorgaba cierta calidad de sucesora de la antigua Audiencia de Charcas, aunque esta condición tenía poca consistencia, porque nunca, en todo el periodo colonial, fueron definidos los límites de las circunscripciones españolas en América. Justamente esa situación fue la que originó los problemas que el Paraguay tuvo con sus vecinos directos y que desembocaron, tanto en el conflicto con la Triple Alianza (1865-1870), como en el conflicto paraguayo-boliviano, entre 1932 y 1935.
Si el Uti-possidetis de juris le daba a Bolivia ciertos derechos sobre el territorio chaqueño, al Paraguay le amparaba el Uti-possidetis de facto, pues a lo largo de su historia hizo acto de presencia, si no en todo el territorio, en parte importante del mismo.
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Ocupación militar boliviana
Debido a los fracasos diplomáticos por lograr una definición satisfactoria de los límites entre Bolivia y el Paraguay, aquel país llevó adelante un plan de penetración en el territorio chaqueño para respaldar sus pretendidos derechos sobre la región. Para contener dicho avance, el Gobierno paraguayo fundó varios fortines que sirvieron de muralla de contención a la ocupación boliviana.
Aprovechando periodos de anarquía política en el Paraguay, Bolivia empezó, en 1905, la fundación de los fortines militares Guachalla y Ballivián (puntos actualmente conocidos como Pedro P. Peña y Mayor Alberto Gardel, en territorio paraguayo). Estas fundaciones dieron lugar, en su momento, a airadas protestas paraguayas.
Luego de algunos años, hacia 1912, nuevamente aprovechando disturbios políticos en el Paraguay, se reanudaron las fundaciones de fortines militares, cumpliendo directivas del Gobierno boliviano.
En respuesta a esta situación, a partir de 1914, el Gobierno paraguayo comenzó a enviar expediciones exploratorias para ubicar lugares apropiados para la fundación de fortines militares que pudieran contener el avance boliviano. La revolución de 1922-23 nuevamente dio ocasión a los bolivianos a seguir fundando fortines en el Chaco. Los paraguayos pudieron reanudar las fundaciones a partir de 1924.
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Peligro de tormenta en el Chaco
El constante avance boliviano en el Chaco Boreal y la fundación de fortines por el Paraguay, destinados a contenerlo, dieron lugar a las primeras escaramuzas, como la muerte del teniente Rojas Silva, suceso que inquietó tremendamente a la opinión pública en ambos países, que recurrieron a la mediación del Gobierno argentino.
Luego se sucedieron las reuniones Ayala-Gutiérrez, la firma del protocolo Díaz León-Gutiérrez, las alarmantes informaciones de compras de armamentos por Bolivia, la conferencia de Buenos Aires, la conferencia de Washington, etc.
En agosto de 1928 tuvo lugar otro hecho grave: la captura de oficiales bolivianos de alta graduación, que luego fueron liberados, la quema del fortín boliviano Vanguardia, la captura de fortines paraguayos por Bolivia y el inminente inicio de hostilidades el Paraguay comenzó a impulsar obras de defensa en el Chaco con la apertura de caminos, tendidos de líneas telegráficas y la construcción de nuevos fortines. A raíz del ataque al fortín Vanguardia, el Gobierno boliviano expulsó al encargado de Negocios paraguayo, Elías Ayala, y el Paraguay expulsó al representante diplomático boliviano en Asunción, doctor Bailón Mercado. El mismo día de la expulsión del personal diplomático boliviano en Asunción, el Gobierno de ese país decretó una movilización general. Como represalia por el ataque e incendio de Vanguardia, el 14 de diciembre, el ejército boliviano, con las pocas tropas disponibles, atacó y ocupó sorpresivamente los fortines paraguayos Boquerón y Mariscal López, matando a una veintena de hombres incluyendo al comandante de este fortín, capitán Aparicio Figari, y la aviación boliviana arrojó bombas sobre Bahía Negra, aunque estas no explotaron.
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La movilización de 1928
Los ataques de fortines establecidos en el Chaco, tanto por fuerzas paraguayas como bolivianas, desembocaron en un peligroso estado de beligerancia que por poco llevo a la guerra. La falta de preparación de ambos ejércitos fue el factor determinante de la postergación del conflicto. A raíz del ataque paraguayo al fortín Vanguardia, fuerzas bolivianas capturaron los fortines paraguayos Boquerón y Mariscal López, además de producir la ruptura de relaciones diplomáticas entre los gobiernos de Bolivia y el Paraguay. Ante este situación, el Gobierno paraguayo ordenó, el 16 de diciembre de 1928, la movilización “a los individuos de tropa de la reserva del Ejército Permanente y Armada, a todos los ciudadanos hábiles para el servicio de las armas…” de 20 a 29 años de edad. Igualmente, creó el cargo de Comandante en Jefe del Ejército y Marina Nacionales; la Inspectoría General del Ejército; la Junta de Aprovisionamiento y el Consejo de Defensa Nacional. Mientras tanto, la comisión militar de compra de armamentos suscribía contratos con fábricas europeas.
“Felizmente para el Paraguay, expresó el general Juan Bautista Ayala, el ejército boliviano no estaba entonces en condiciones de iniciar la campaña del Chaco”.
Extraído del libro La Guerra del Chaco, de Luis Verón
8 de Junio de 2010.
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–¿De qué forma se preparó el Gobierno paraguayo para la guerra?
–Ya a principios del siglo XX el Gobierno paraguayo envió misiones militares al extranjero para perfeccionamiento de oficiales. Adquirió equipo militar e instrumentos de comunicación. Lastimosamente, numerosas de estas adquisiciones fueron utilizadas para zanjar nuestras propias discordias domésticas.
–¿En qué cosas se insistieron más?
–Desde la década de 1920 se hicieron cursos de entrenamiento aéreo, adquisiciones de barcos de guerra, aviones, armas de última generación, lo que echa por tierra de que fuimos al Chaco munidos de fusiles viejos y machetes. No se enfrentan nidos de ametralladoras con machetes. El doctor Angel Ríos detalla las adquisiciones de armas y vituallas.
–¿Es decir el Paraguay no estaba desarmado como muchos sostienen?
–En absoluto. Estábamos bien armados y con armamentos recién salidos de las fábricas europeas. Por suerte, ambos países utilizaban armamentos con igual calibre de proyectiles y las armas bolivianas que caían en nuestro poder fueron utilizadas contra ellos.
–¿De dónde provenían los fondos?
–De fondos propios. El Gobierno tuvo que realizar ingentes esfuerzos. Además, la sociedad civil ayudó en la compra de armas y materiales. Fue importante el apoyo subrepticio del Gobierno argentino. En el territorio disputado funcionaban empresas de capital argentino. Los bolivianos también estaban bien pertrechados, incluso con blindados motorizados.
–¿Cuándo se inició la guerra propiamente dicha?
–La Guerra del Chaco se inició con la toma boliviana y la retoma paraguaya de la laguna Pitiantuta y la toma boliviana y la retoma paraguaya del fortín Boquerón.
–¿Podría explicar la situación del Paraguay según la Sociedad de las Naciones?
–Desde finales de 1932, el Paraguay estudiaba la posibilidad de una declaración formal de guerra con Bolivia. Al no estar oficializada la situación, los países vecinos no podían declarar su neutralidad, cosa que, por otro lado, iría contra Bolivia, por la mediterraneidad de su territorio y el cierre de puertos vecinos para la introducción de material bélico.
–Pero la guerra ya estaba en marcha.
–El Gobierno paraguayo postergó esa declaración, por las consecuencias diplomáticas que podría tener. Los hechos mostraron a Bolivia como país agresor, pero la declaración de guerra le hizo aparecer al Paraguay como agresor. La declaración de guerra obligaba a los países de la región a cerrar sus puertos a Bolivia para la introducción de material bélico.
–¿Cuándo se declaró la guerra?
–El 10 de mayo de 1933, el Gobierno paraguayo promulgó la ley por la que declaraba al Paraguay en estado de guerra con Bolivia. Tuvo que hacerlo pese a que con ello fue declarado por la Sociedad de las Naciones como país agresor y quedó aislado y sus compras de armamento embargadas. Ante esta situación el Gobierno paraguayo tuvo que recurrir a su par argentino, que ya había mostrado buena voluntad hacia el Paraguay.
–¿Cuáles fueron las claves del éxito del Ejército paraguayo?
–La excelente conducción militar del general Estigarribia, el buen relacionamiento del Gobierno con la comandancia del Ejército en Campaña, la buena convivencia entre la oficialidad y la tropa. Con los bolivianos ocurrió todo lo contrario: una pésima conducción militar, malas relaciones entre el Gobierno y los militares, las disputas de la oficialidad entre sí y las malas relaciones entre la oficialidad y la tropa.
–¿Cuáles fueron las consecuencias directas de la Guerra del Chaco?
–El país quedó en ruinas económicamente; su juventud, con serias secuelas físicas y sicológicas, entre 30 y 50 mil muertos y desaparecidos, cerca de 3.000 prisioneros en Bolivia.
12 de Junio de 2010
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En el libro, Verón señala que “las infructuosas conferencias diplomáticas y el constante avance boliviano en el Chaco obligaron a las autoridades de nuestro país a preparar la defensa de dicho territorio, con la adquisición de armas y equipamiento para el ejército, aunque, después, ellas fueron usadas en luchas fratricidas”.
“Uno de los grandes mitos relatados –y muy difundidos– es que nuestro país ganó para sí el territorio chaqueño gracias al valor del soldado paraguayo y a los machetes que utilizó como armamento”.
Verón señala que eso no solo ha sido una mentira sino una expresión de desdén acerca del esfuerzo que hicieron los gobiernos de preguerra, para prepararse ante cualquier eventualidad, dado el cariz que iban tomando los acontecimientos relacionados con la cuestión chaqueña.
“Los fracasos de las gestiones diplomáticas realizadas hasta entonces y la fundación, por parte del ejército boliviano, de los fortines Ballivián (Pedro P. Peña) y Guachalla (Mayor Alberto Gardel), hacia 1906, fueron el primer toque de atención para el Gobierno paraguayo, que desde entonces empezó a tomar con seriedad las pretensiones bolivianas sobre un territorio que el Paraguay consideraba suyo, por derecho propio”.
El autor dice que el Ejército paraguayo contaba en ese entonces con unos 2.000 fusiles Wetterli, de procedencia suiza, de modelo anticuado y algunos centenares de fusiles Remington, una batería Krupp de 75 mm y otra de 80 mm: un total de ocho cañones anticuados, con cierre a cuña y sin mecanismo de retroceso.
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Parque de guerra modernizado
“El parque de guerra fue modernizado durante el gobierno del coronel Juan Antonio Escurra, cuando fueron comprados otros ocho cañones-ametralladoras Maxim, de 37 mm”.
“Para la formación profesional de oficiales, en 1905 se creó un Curso Militar, antecedente de la Escuela Militar que se crearía una década después. Estaba en los planes del Gobierno la formación de un ejército de entre 10.000 a 30.000 hombres. Con el propósito de dotar de armamento apropiado a un ejército de 1.000 hombres, como estaba planeado en una primera etapa, en 1906, el Gobierno envió a Europa una comisión de adquisiciones integrada por el ministro de Guerra y Marina, coronel Manuel J. Duarte, y el mayor Manlio Schenoni, a la que se sumó en Alemania el mayor Adolfo Chirife, para gestionar la adquisición de armas en fábricas alemanas”.
Verón también manifiesta que se adquirió un tren completo de dragado y elementos completos para un regimiento de bomberos; dos avisos de guerra que se bautizaron con los nombre de “Triunfo” y “Presidente Báez” y vestimenta para 10.000 hombres.
“A su regreso, el coronel Duarte rindió detalladas cuentas de los gastos realizados en Europa, así como de los viáticos, suyos y de sus acompañantes, volviendo a hacerse cargo de su ministerio solo cuando el Congreso aprobó sus liquidaciones presentadas”, manifiesta Verón remarcando que los viajes se realizaban en segunda clase.
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Armamento para las revoluciones
“Aquella operación de compras alcanzó la suma de 1.000.000 pesos oro. Las armas adquiridas eran de lo mejor de la época, pero, lastimosamente, no fueron destinadas a la soberanía nacional, sino a las guerras fratricidas que vinieron después (revoluciones de 1908, 1911-12, 1922-23). Pese a ello, cuando estalló la guerra paraguayo-boliviana pudo hacerse uso de una parte de ellas: 1.500 fusiles de infantería, 100 carabinas, seis ametralladoras pesadas y siete de los ocho cañones (uno se perdió durante la revolución de 1922; los siete restantes fueron utilizados por el III Cuerpo de Ejército durante toda la guerra). ¿Qué pasó de las demás armas? En cada revolución, eran llevadas por los soldados que desertaban y luego eran vendidas a cualquier postor. Se cuenta que en casi todas las estancias paraguayas y de territorios vecinos (Formosa, Misiones y Corrientes, en la Argentina) había muchas de esas armas. Numerosas también eran utilizadas en las comisarías de policía, resguardos aduaneros, etc”.
El autor dice que cuando comenzó la guerra con Bolivia, muchas de estas armas fueron devueltas al Estado, que los rehabilitó para su uso en el frente de guerra.
Otras adquisiciones realizadas con posterioridad, si bien para otros fines, también fueron útiles a la hora de la guerra.
“Los cañones y ametralladoras, que fueron utilizados durante la guerra del Chaco se repartieron en varias unidades”, escribe el autor del libro.
9 de Junio de 2010
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Luis Verón, en su obra, hace un análisis muy riguroso de las causas lejanas y cercanas en la historia de esta guerra, un conflicto de intereses que se incubó ya en tiempos de la colonia, prácticamente.
Un hecho muy importante es que Verón especifica en su libro las verdaderas causas de la Guerra del Chaco, que echan por tierra algunas versiones ideologizadas que le dieron un sentido totalmente diferente a esta conflagración.
Uno de los objetivos fundamentales de esta Colección La Gran Historia es enfocar la historia de nuestro país con una visión crítica pero absolutamente profesional, desprovista de prejuicios ideológicos o de cualquier otra índole, y con la conciencia de que la historia no se acaba jamás, porque constantemente aparecen elementos nuevos que aportan a un mejor conocimiento de nuestro pasado.
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Una de las causas
A continuación transcribimos una parte del libro que detalla, justamente, causas primigenias de aquel doloroso conflicto.
Una de las causas de la Guerra del Chaco fue la aplicación, a partir de 1810, entre los nuevos estados emergentes en el mapa americano, de una figura jurídica conocida como Uti possidetis juris, que en el caso de Bolivia le otorgaba cierta calidad de sucesora de la antigua Audiencia de Charcas, aunque esta condición tenía poca consistencia, porque nunca, en todo el periodo colonial, fueron definidos los límites de las circunscripciones españolas en América. Justamente esa situación fue la que originó los problemas que el Paraguay tuvo con sus vecinos directos y que desembocaron, tanto en el conflicto con la Triple Alianza (1864-1870) como en el conflicto paraguayo-boliviano, entre 1932 y 1935.
Si el Uti possidetis de juris le daba a Bolivia ciertos derechos sobre el territorio chaqueño, al Paraguay le amparaba el Uti possidetis de facto, pues a lo largo de su historia hizo acto de presencia, si no en todo el territorio, en parte importante del mismo.
Con el propósito de ocupar el territorio chaqueño, desde los años de la época colonial, las autoridades de Asunción realizaron numerosas acciones en el sentido de establecer la soberanía del Paraguay en el Chaco. La fundación de poblados y guarniciones militares fue parte de ese objetivo. En el norte surgieron los bastiones de Fuerte Olimpo, en 1792; de Bahía Negra, de la misión de Melodía, en las cercanías de Asunción, río de por medio, etc.
Al concluir la guerra contra la Triple Alianza de Brasil, Argentina y Uruguay, es cuando la posesión del Chaco sale a relucir como punto conflictivo en la historia regional, convirtiéndose en tema de discusiones diplomáticas con la Argentina, y que fue dirimida mediante el laudo arbitral del presidente norteamericano Rutherford Hayes.
8 de Junio de 2010.
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