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martes, 21 de diciembre de 2010

JULIO P.M SALDIVAR - ANTECEDENTES DE LA RETOMA DE YRENDAGÚE, EL 8 DE DICIEMBRE DE 1934. / Asunción – Paraguay, 1985 (19 páginas)




ANTECEDENTES DE LA RETOMA
DE YRENDAGÚE,
EL 8 DE DICIEMBRE DE 1934.
Por el Mayor de Inf. (SR)
Asunción – Paraguay
1985 (19 páginas)


  
A fines del año 1934, nuestro Ejército en la guerra del Chaco se encontraba en peor momento; el IIº Cuerpo del mismo, al mando del Coronel RAFAEL FRANCO, se sostenía dificultosamente en La Faye, bebiendo agua salada y procurando detener la avalancha del Cuerpo de Caballería al mando del Coronel DAVID TORO, que después de cercar dos de sus Divisiones en Ysyporenda, Algodonal e Yrendagüe, lo venía persiguiendo implacablemente hasta La Faye, luego de apoderarse de Picuiba.

Nuestro IIº Cuerpo de Ejército realizó una maniobra en retirada magnífica, teniendo en cuenta la superioridad numérica del enemigo y lo inhóspito del terreno en que operaba; pero perdió material especialmente de transportes y algunos armamentos pesados, lo cual no fue de consideración, teniendo en cuenta que los bolivianos eran como quince mil hombres y el aludido IIº Cuerpo de Ejército apenas se componía de cinco mil y pico, sin contar con la 8ª División, que se le había incorporado.

   Por otro lado, todo un Cuerpo de Ejército boliviano al mando del Coronel OSCAR MOSCOSO, se aproximaba  peligrosamente, hacia el Sur, por el camino Lóbrego, amenazando cortar la Ruta Garrapatal – Camacho y caer sobre este último punto, Cuartel General de COMANCHACO, aislado a casi todo nuestro Ejército de su base de abastecimiento por el Ferrocarril Casado, en conexión con las etapas de Kilómetros 145 – 180 – 220 y Camacho, y corta toda posible retirada al IIº Cuerpo de Ejército paraguayo.

   Pero el entonces General ESTIGARRIBIA, nuestro Comandante en Jefe, demostrando toda su capacidad militar, decidió  desbaratar el magnífico plan enemigo; primero concibió la brillante acción de “El Carmen” anulado esa amenaza con el menor costo en bajas paraguayas mediante una acción combinada del Iº Cuerpo de Ejercito por el Sur y la 8ª División por el Norte, la que prestada del IIº Cuerpo de Ejército, actuó independientemente.

Así se desbarató del 10 al 16 de Noviembre de 1934 esa amenaza; la batalla fue rápidamente ejecutada, se aniquiló dos Divisiones, se capturo cerca de 7.000 prisioneros, y se eliminó el peligro con muy pocas bajas para el Ejército paraguayo.

Terminada la brillante acción de El Carmen, la 8ª División de Infantería pasa a depender nuevamente del IIº Cuerpo de Ejército, descansa, y se reorganiza en Puesto Estrella; y se prepara para la inmortal acción de la retoma del Fortín Yrendagüe, para con ella, destruir al famoso Cuerpo de Ejército del orgulloso Jefe boliviano Coronel DAVID TORO. A continuación relatamos los pormenores de esa inolvidable acción realizada del 5 al 8 de diciembre de 1934 por esta Gran Unidad, al mando del viejo GARAY, nuestro querido y valiente Jefe Divisionario.      

YRENDAGÚE – HITO DE GLORIA

La misión encomendada a la 8ª División de Infantería al mando del glorioso Coronel EUGENIO A. GARAY, en los primeros días del mes de Diciembre de 1934, después de terminar victoriosamente la Batalla de El Carmen del 10 al 16 de Noviembre del mismo año, tenía por objeto apoderarse sorpresivamente del fortín Yrendagüe y sus pozos de agua en la profunda retaguardia del Cuerpo Caballería boliviana, comandada por el presuntuoso Coronel boliviano, DAVID TORO, nucleación intacta y con alta moral por las series de victorias sobre nuestro IIº cuerpo de Ejército, comandado por el Coronel RAFAEL FRANCO, quien desde Carandayty, venía retrocediendo y zafándose de sucesivos cercos y haciendo finalmente una tenaz resistencia en La Faye.

La misión era considerada inconcebible para algunos Jefes paraguayos y más aún por los Jefes bolivianos. Esos últimos, inclusive el Coronel TORO, consideraron totalmente improbable que toda una División, una fuerza importante, toda una unidad de maniobra con su equipo completo, pudiera arriesgarse por la zona más desértica, inhóspita y seca del Chaco, en una marcha de casi setenta kilómetros, y atacar la base de aprovisionamiento y suministro de agua de todo un Cuerpo de Ejército victorioso y con elevada moral.

El jefe boliviano, batiendo ventajosamente al IIº Cuerpo de Ejército, no se imaginó ni esperó que tropas paraguayas fueron capaces de atreverse a semejante aventura, y menos que toda una División con capacidad ofensiva, fuera la que intentara semejante golpe de mano, haciéndole perder su única fuente de aprovisionamiento de agua cercana, pues la otra, la del Río Parapití, se encontraba a más de 200 kilómetros de distancia.

Por el lado paraguayo nada se improvisó, todo fue calculado y meditado. Conscientemente, el Jefe Coronel GARAY, en reuniones previas en Puesto Estrella, dijo a sus Comandos de Regimiento, “me he comprometido a ejecutar una acción arraigada en la que nos vamos a jugar la vida y tal vez la suerte de nuestra armas”.

Vemos así que el Jefe Divisionario, el aguerrido y viejo soldado, había medido el riesgo, a pesar de que la consideraba incierta, azarosa, temeraria pero no imposible; además tenía fe en sus comandados, tenía confianza en los jefes y Oficiales y también en la agrerrida y disciplinada tropa, todo esto fruto de su reciente memorable y aplastante victoria de El Carmen, donde se venció al enemigo con el mínimo de pérdidas, porque hubo coraje, decisión y moral, en toda la Gran Unidad por él comandada.

La marcha sobre los pozos de agua de Yrendagüe tuvo alternativo cruciales. Una de ellas es cuando la columna detiene su progresión al comenzar el segundo día de marcha en vista de que no llegaron las unidades de aguateros, y el Jefe da parte y espera orden. La orden llega terminante y terrible: “Sírvase usted reiniciar la marcha su primer objetivo al recibo esta orden. Es necesario que mañana llegue a Yrendagüe. Usted se encuentra de este punto a una jornada de marcha forzada. Agua salió ayer. Le alcanzará oportunamente”, seguidas de otra orden que dice: “Sirva usted informar hora partida hacía primer objetivo, conviene abandonar abastecimiento agua desde su base. Si dios quiere mañana D. 8 beberá en Yrendagüe”.
Según testigos, el Coronel GARAY, luego de una corta reflexión comentó esta última orden del Coronel FRANCO, diciendo en guaraní, “peina co añá memby oñoetendema Ñandeyaradive. Yajah catú lo mitá aiporo, y catú nico cierto la jheiva”.

La orden recibida por el Coronel GARAY no dejaba lugar a dudas, no permitía vacilación ni pérdida de tiempo; era la del Jefe que asumirá la total responsabilidad e indicaba un solo e indoblegable objetivo, seguir adelante con la misión de copar los pozos de agua de Yrendagüe y allá beber, o morir de sed en el intento.

Dice un escritor y periodista el Dr. JOSE MARIA RIVAROLA MATTO, en un escrito titulado “El contra-golpe de Yrendagüe”.

Tal vez de las órdenes emitidas en la Guerra del Chaco, por sus consecuencias terribles para toda una División librada a la ventura en pos de la victoria, por la inmensidad de la responsabilidad asumida, por su férrea determinación, ninguna alcanzó la energía y el arrojo imponente de éstas. Fueron órdenes percutivas, porque tuvieron la virtud de lanzar a las fuerzas detenidas en espera de agua hacía su problemático objetivo, aún a través de las agotadoras e inciertas condiciones de la marcha. Es obvio que un mandato de este cuño no se puede disparar sino en un arma del más duro, templado y noble metal, so pena de provocar una explosión inútil y peligrosa. La recámara de esa arma fueron el Cnel. EUGENIO A. GARAY y la 8ª División de Infantería, para imperecedera gloria y orgullo de este pequeño país virtuoso en heroísmo militar”

 “Si Yrendagüe resultaba un fracaso, estas órdenes tal vez ni hubieran encontrado respaldo. Hubiesen quedado como el audaz intento de un hombre temerario que no vacilaba en lanzar a sus hombres a perseguir imposibles, su firmante estaría perdido: su carrera, su prestigio, acaso su honor, la fe que inspiraba entraría en amarga controversia. Hubiera sido el único culpable. Todo eso fue puesto en juego con la Asunción conciente e instantánea de la responsabilidad total. No hubo consulta previa, ni dilación alguna, sino contestación cortante que indicaba seguridad completa e indoblegable determinación. En la homérica marcha, padecieron la 8ª División y su anciano Jefe, acompañados paso a paso por la fuerza moral, el prestigio y la fortuna militar del Coronel RAFAEL FRANCO, Comandante del IIº Cuerpo de Ejército.

Numerosos Jefes y Oficiales Veteranos de la Guerra del Chaco, no están de acuerdo con las órdenes impartidas por el Coronel FRANCO, en aquél crucial momento en que se detiene la marcha en espera del agua, y piensa que, al parecer, el Comandante del IIº Cuerpo no calculó bien la distancia que faltaba a recorrer aún para llegar a Yrendagüe, ni los inconvenientes que iban a afrontarse en la ruta de progresión de cuarenta kilómetros que faltaba para llagar al objetivo. Presumiblemente, olvidó también que se marchaba al rumbo y con extremo sigilo, que la maraña era tupida, espinosa e impenetrable, que la temperatura era sofocante y, sobre todo, que habían unidades enemigas en las cercanías, sin olvidar que la D. 8 no contaría con ningún apoyo o refuerzo ni con la seguridad total de recibir agua, vital elemento que se le estaba agotando rápidamente.

Quizás la confianza en el Coronel GARAY, sus aguerridas tropas y al providencia divina, le hizo olvidar al Comandante de Cuerpo estos factores negativos, y con su impulsivo carácter, tentó arriesgadamente al azar y al destino su destino en esos momentos difíciles para las armas paraguayas. Nunca sabremos quién resultó el más fuerte y valiente en esas cruciales circunstancias, si el que ordenó desde la distancia, o el que ejecutó la difícil y controvertida orden a pesar de todos pesares, y, de los factores negativos que tenía en contra para su ejecución.

Conforme a la responsabilidad que asumía el Cnel. GARAY al dar cumplimiento a las órdenes del Comandante del IIº Cuerpo, y a los riesgos que corría, el viejo y aguerrido Soldado, reunió a unos Oficiales del R.I 18 (Teniente Escobar Rodas, Recalde y Molinas) y les dijo: “Ustedes representan el crédito y el honor del Pitiantuta y es ahora cuando van a demostrar lo que verdaderamente valen. Debemos estar preparados para repeler cualquier ataque. Cumpliremos nuestra misión, ocurra lo que ocurra”.

Vemos así, y con esta reacción, que el orgulloso y valiente guerrero, afrontaba con decisión su destino y el de todos los hombres a su mando.

Como protagonista de la azarosa maniobra sobre Yrendagüe, como Oficial del aguerrido Batallón 40 que marchó en punta y atacó y participó en las acciones de la captura del objetivo, pienso, al igual que muchos otros Veteranos, que las órdenes recibidas por el Coronel GARAY, Comandante de la 8ª  División de Infantería, del Coronel FRANCO, Comandante del IIº Cuerpo de Ejército, fueron extremadamente violenta y difíciles de ejecutar, vistos los numerosos factores negativos que se oponían y la falta total de apoyo logístico; y creo con sinceridad que solamente un experimento, valiente y afortunado guerrero como fue el Coronel GARAY, pudo haber aceptado con el estoicismo que lo hizo, y sin desmayos y con decisión y encarar su cumplimiento a pesar del riesgo calculado fría y serenamente, sobreponiéndose a su propia angustia al conducir a su Gran Unidad a una misión suicida.

DESARROLLO DE LA MARCHA

El 5 de Diciembre de 1934 a primera hora se dio comienzo a la inmortal, difícil, sacrificada y penosa marcha de la 8ª División de Infantería; la larga y sinuosa columna de hombros aguerridos y templados en cien acciones anteriores, marchaba silenciosamente rompiendo la maraña; desde un principio no se usó machetes para no hacer ruidos; no se fumaba porque el humo es muy visible por la observación aérea; no se hablaba sino en voz baja.

Cualquier novedad se transmitía de hombre a hombre haciendo correr la voz hasta donde estaba el jefe inmediato superior, el ritmo de marcha era d cincuenta minutos y diez de descanso, y es admirable como se cumplían estrictamente todas estas medidas de seguridad, pues todos teníamos una clara noción de la enorme responsabilidad que pesaba sobre nosotros en esas horas cruciales en que se buscaba la sorpresa y el triunfo a toda costa.

El armamento, la dotación de municiones, la ración de hierro, el agua en caramayolas y el equipo eran de un peso enorme para marchar veces agachados para sortear las ramas espinosas de la maleza, y a medida que pasaban las horas tempranas, el calor se volvía sofocante y la falta de aire total en aquel monte bajo y se suelo arenoso. 

Al promediar el segundo día de marcha, a pesar de las estrictas órdenes y la disciplina que reinada entre estas tropas veteranas, muchos consumieron toda su ración de agua y comenzó a cundir el espanto indescriptible de la sed. Se detuvo la marcha, el Comando esperó a los aguateros que debían seguirnos y dio parte al Comando superior. El agua no llegó jamás, y en cambio se recibió orden terminante de seguir en pos del objetivo y de confiar en Dios. Así se hizo y prosiguió la marcha hasta que todo fue un verdadero vía crucis para los sedientos y agotados componentes de la sacrificada y heroica 8ª división de Infantería.

Muchos de los hombres caían vencidos por el agotamiento, vencidos por la sed, el calor sofocante y la maraña inhóspita; sucumbían después de agotar toda su voluntad, toda su moral. Todo su inmenso patriotismo; arrojaban sus equipos y todo lo que tenían menos su fusil y sus proyectiles. Estos magníficos soldados seguían tambaleando y, cuando caían, lo hacían abrazando su arma.

Todo esto fue un espectáculo dantesco, desesperante y horroroso para los que teníamos aún teníamos aún energía de permanecer en pie. El Jefe, el inolvidable Cnel. GARAY, el más viejo de todos, seguía en pie, ordenando, ayudando y hasta rogando hacer un último esfuerzo y seguir adelante.

Felizmente nuestra Unidad de punta, el invicto Regimiento Batallón 40, capturó un camión enemigo ese día, y gracias a la providencia divina, ese auto-vehículo transportaba un tanque con dos mil litros de agua; esa providencial circunstancia salvó en parte a la sedienta columna, que repuesta nuevamente siguió adelante en pos de Yrendagüe, nuestro firmemente codiciado objetivo.

La suerte y la decidida acción del Batallón 40 nos salvaron de la muerte, del la muerte horrorosa causada por la sed, si no fuera por la fortuita circunstancia de aprehender un camión aguatero enemigo, de lo contrario, nuestros cadáveres hubieran quedado insepultos para siempre en los montes calcinados de la zona del Fortín Yrendagüe. Porque los aguateros no llegaron nunca.

Después de la toma del camión boliviano con agua, nuestro avance fue más rápido y decidido. Era la noche del 7 de Diciembre y las primeras horas del 8 cuando chocamos con las primeras resistencias de puestos avanzados, y a medida que nos aproximábamos a nuestro codiciado objetivo, capturamos un enorme hospital ubicado a unos cuatro kilómetros del fortín. Seguimos adelante venciendo débiles resistencias, y en la alborada de aquél caluroso ocho de Diciembre de 1934, estaba a nuestras vista Yrendagüe con sus posiciones bien fortificadas, con nidos de ametralladoras con cubre cabeza, y un excelente y campo de tiro.

EL ATAQUE Y LA CAPTURA

La mayoría de los ex-combatientes y la gente en general creen que la verdadera acción de armas empieza en la madrugada del 8 de diciembre cuando el Regimiento Batallón 40 llega a su objetivo, y vemos que no es así, pues que primero se luchó contra el bosque bajo y espinoso, el calor, el candente sol, la incertidumbre, la horrible sed y el agotamiento físico.

El ataque al fortín era un consuelo y una esperanza, era al agua, era el último esfuerzo para concretar el triunfo y cumplir con la misión y con la Patria; era el fruto codiciado, el premio y el triunfo después del tremendo y sacrificado esfuerzo.

La sorpresa de la guarnición del Fortín fue total, pero el enemigo resistió primer ataque, y recién cuando se lo aisló por el corte de sus comunicaciones con el grueso de sus tropas y un asustado invasor boliviano quemó un parque de municiones, el enemigo cedió y huyeron los defensores del fortín rumbo a Carandayty. Así cayó Yrendagüe ese inolvidable 8 de Diciembre de 1934; después de tanto sacrificio y penuria. La victoria final relativamente fue fácil, increíble e inesperada para los pocos efectivos de la 8ª División que llegaron finalmente al adjetivo.

COMENTARIOS:

La retoma del Fortín Yrendagüe el 8 de Diciembre de 1934 encomendada a la 8ª División de Infantería, fue una decisión sin retirada, fue una misión suicida, pero bien calculada y ejecutada, teniendo las consecuencia posibles que tendría para el enemigo considerando la naturaleza del terreno en que operaba. Cuando estos se dieron cuenta de la incursión, aunque no de su importancia, empezaron a intentar contrarrestarla y cortar su progresión, pero ya era tarde; si bien es cierto que impidió la llegada de los aguateros y cortó la columna, una parte de la División siguió adelante.

   La larga columna tenía una sola posibilidad de éxito, apoderarse de los pozos de agua, vencer y vivir o morir de sed en el candente desierto, con la amargura de la derrota. Esta misma disyuntiva de hierro, se resultó una fuerza impulsora poderosa para seguir adelante en pos del objetivo, ya que no podían detenerse ni esperar refuerzos. La disyuntiva era llegar a Yrendagüe o perecer en el intento, ya interesaba el conjunto, solo interesaba que alguien llegara a la meta.

Como protagonista, afirmo que el Coronel GARAY, nuestro viejo Jefe, se constituyó para todos en la energía impulsora de esa marcha, que se mantuvo firme en alcanzar el objetivo, pues cuando el peligro es latente y el momento difícil, el subalterno observa la actitud del Jefe y se convierte en un reflejo fiel de sus reacciones.

El saldado sigue al Jefe no solo por disciplina, amor propio y coraje, sino también, buscando protección; y así también por confianza; pero sí nota debilidad en él, es el primero en tener vacilaciones y en perder el control hasta la cobardía, porque se derrumba su fortaleza moral y hasta física.

Fue el Coronel GARAY el mejor ejemplo para todos en esas difíciles jornadas. El sabía que nuestras flaquezas resultarían fatales para los hombres, por eso se sobrepuso a los desgarradores reclamos de sus estoicos soldados, ocultó sus padecimientos y los arengó siempre para darles ánimo y mantener firme su espíritu. En una palabra, no decayó jamás el espíritu del viejo y legendario guerrero.

Como Oficial combatiente y protagonista desde el principio hasta el fin victorioso de la retoma del Fortín Yrendagüe y de sus pozos de agua, conocí todas las penurias, sacrificios y peligros de esa memorable acción de armas, viví la tragedia de la sed, el agotamiento, el hambre y el desgarrador espectáculo de gallardos mocetones vencidos por la naturaleza inhóspita y el calor terrible, pero vi también el portento que es esa máquina humana llamada hombre, cuando impulsado por la fuerza moral, el amor a la Patria y el respeto a su jefe, se sobreponía al impulso de una arenga, y eso lo consiguió el Coronel GARAY, anciano y magnífico Jefe de la 8ª División, cuando todo era tragedia, sudor, hambre, sed, agotamiento y muerte. Puedo decir entonces que con su voluntad de acerco nos llevó a la difícil victoria.

LOS SERVICIOS:

TRANSMISIONES:

Pero hay otros hombres que se sacrificaron para la victoria de Yrendagüe, pues si bien es cierto que los peligros más terribles, los hombres de los Servicios, combatientes afrontaron los problemas más riesgosos, Oficiales, Sub-Oficiales, Clases y soldados rindieron también al máximo y sufrieron también física y moralmente. No podemos dejar de recordar al abnegado personal de transmisiones que con capacidad y estoicismo mantenían los enlaces y eran portadores, a más de su armamento, municiones y equipos, de los pesados rollos de cables y material telefónico y telegráfico; gracias a ellos siempre estábamos en contacto y pudimos captar conversaciones, órdenes y partes del enemigo, y eran magníficos combatientes cuando las circunstancias lo exigían.

EL PERSONAL SANITARIO:

Fue un escolta atento y eficiente durante la ejecución de la arriesgada maniobra sobre Yrendagüe, sufriendo los riesgos y los horrores en la larga y agotadora marcha; sacaban fuerza de flaquezas para ayudar; estimular y curar a los que caían; no nos abandonaron nuca y también llegaron al objetivo diezmados pero eficientes; cuando atacamos el fortín el día, 8, ellos con restos de rezagados cubrieron nuestra retaguardia que fuerzas enemigas nos molestaran en el asedio de la plaza fortificada.

LOS AGUTEROS:

Estos merecen una mención especial, pues sufrieron también lo indecible en el intento de llegar al frente con su preciosa y pesada carga, dejemos que el Tte. 1º MANUEL GALINDO, Jefe de una Compañía de aguateros del R.I 16 “Mariscal López”, nos haga una semblanza del heroísmo de sus hombres:
 “Al recordar ese pasaje de la Guerra del Chaco, en la maniobra de Yrendagüe, me parece ver esa columna de conductores de agua, agotados, sedientos, llevando al hombre esa cruz de sacrificio para cumplir con deber.
 “Para sentir debilidad el volumen de este enorme esfuerzo hay que dar un detalle de las condiciones en que realizó esta hazaña que fue la maniobra de Yrendagüe:
 “Alrededor de 70 kilómetros de piques o sendas de arena ardiente a pie, a una temperatura de 45 grados al sol, pues sombra casi no existía. Los días 6 y 7 de Diciembre son los días más calurosos de nuestro verano.
 “El soldado con su equipo habitual, más fusil, 250 proyectiles, caramayolas, su manta a brazo partido, y entre dos de ellos portando un tamborcito de 30 litros de agua, colgado de un palanca hecha de ramas de árbol.
 “El primer tramo del día 6 de Diciembre. Fecha de nuestra partida, todavía el soldado aguantaba sosteniendo la palanca con las manos sin que se le apoye en el hombro. El segundo día, ya agotado, sin agua en la caramayola, dejaba apoyar en el hombro la palanca que con el bamboleo de agua, empezaba por romper la blusa y luego la piel del hombro produciéndole una herida que se mezcla con el trapo sucio de su blusa rota.
 “Por otra parte su sufrimiento aumentaba, al ser él conductor del agua y tenía prohibido usar el líquido que transportaba, la vigilancia era severa, pues de permitírsele a uno solo, los tambores se vaciaría inmediatamente.
 “Algunos pedían por favor, que se los enviara a la línea de combate, que lo hubieran recibido como premio.
 “Al evocar a estos bravos y olvidados héroes de la guerra del Chaco, no me queda sino rendirles el homenaje que se merecen”.

EL SERVICIO DE INTENDENCIA:

De nuestro Regimiento, merecen un capítulo aparte por la eficacia que mostró siempre en su desempeño logístico. Podemos decir con orgullo que el Regimiento
 Batallón 40, llegó casi intacto a su objetivo el Fortín Yrendagüe y lo capturó, gracias a las oportunas y capacitadas medidas de su Jefe el Tte. 1º de Administración REINALDO FERREIRA AQUINO, pues fue la Unidad mejor equipada en agua, ración de hierro y equipos de toda la División. Yo, como soldado del 40, rindo mi homenaje a este camarada en este escrito de rememoración de la más sacrificada e inolvidable acción de guerra.

FINAL:

Yrendagüe fue una de las más cruentas, sacrificadas e inverosímiles acciones de la Guerra del Chaco. Yrendagüe dependía de la sorpresa, de la anticipación y del sigilo, la rapidez, el azar y el arrojo, y de la decisión para el éxito total. Al decir de un actor, no hay cargo justificados que se puede hacer, ni a los hombres ni al destino.

Jefes, Oficiales, Sargentos, Clases y soldados de cubrieron de gloria. Por mucho tiempo bastará mencionar la marcha de Yrendagüe, para sentir el apremio de vencer con ebriedad de orgullo.

Finalmente, Yrendagüe es y será un hito de gloria para el alma paraguaya, para su glorioso Ejército y, por qué no decirlo, para toda América. Porque en su ejecución sacrificada, heroica, abnegada y terrible, está el temple y el valor indomable de una raza americana, la indomable raza guaraní.

Las consecuencias de la caída de Yrendagüe en poder de la 8ª División de Infantería el 8 de Diciembre de 1934, fueron terribles para el enemigo. Sorprendidos, desconcentrados y faltos de Comando, fue el horror y la desesperación; miles murieron de sed, otros tantos cayeron prisioneros y los pocos que escaparon del orgulloso Cuerpo de Caballería de Bolivia. Huyeron despavoridos sin detenerse hasta allende el Parapití. Militarmente fue un desastre y políticamente una tragedia para todo el pueblo boliviano.

Para conocimiento del pueblo paraguayo, las generaciones venideras y los historiadores actuales y del futuro no comentan errores mal o bien intencionados sobre quiénes fueron los Jefes y Oficiales que llegaron a Yrendagüe el 8 de Diciembre de 1934, lo atacaron y capturaron y consigno a continuación los nombres de estos beneméritos ciudadanos con la jerarquías que tenían es ese históricos momento:

Coronel EUGENIO A. GARAY: Comandante de la 8ª División, llegó a Yrendagüe, ordenó su captura y luego con su Plana Mayor, pequeños restos de los diezmados Regimientos R.I. 16 Mariscal López y R.I 18 Pitiantuta, organizó la protección de nuestra retaguardia.

Tte. 2º de Sanidad Dr. JORGE RITTER, Cirujano Jefe del R.I Batallón 40.
Tte. 2º Cartógrafo PACIFICO MIRANDA, Jefe Servicio Cartográfico de la D.I. 8.
Mayor LORENZO MEDINA: Comandante del R.I 16 Mariscal López.
Tte. 1º ALFREDO TRINIDAD DAYAN: Comandante Bat. del R.I 16 Mariscal López.
Tte. 1º CECILIO ESCOBAR RODAS: Cmdte. de Bat. del R.I 16.
Tte. 1º ARSENIO MOLINAS: Cmdte. de Bat. del R.I. 18.
 Tte. 1º EMERITO RECALDE: Cmdte. de Bat. del R.I. 18.

El comandante del Regimiento Pitiantuta. Capitán IRENEO DIAZ, no llegó el día 8 de Diciembre, quedó rezagado por agotamiento con gran parte de sus efectivos.

Con el Mayor MEDINA, Comandante del Mariscal López, y con estos pocos Oficiales y unos ochenta soldados que pudieron llegar esa noche y a la madrugada del día 8 de Diciembre de 1934, hasta el puesto de Comando de la D. 8, el viejo León renombrado y aguerrido Avión Pytá, el Héroe  Legendario, el inolvidable Coronel GARAY, organizó la defensa de la ruta de ataque a Yrendagüe ante la posible avalancha de las tropas enemigas que cortaron la columna divisionaria y podrían atacar la retaguardia del Batallón 40, que pugnaba por tomar el Fortín enemigo, y en esa circunstancia ordenó con firmeza; “ni un paso atrás, esta es la consigna”. Esta corta proclama galvanizó a los postrados hombres, quienes organizaron la defensa y batieron eficazmente al enemigo que se estaba aproximando peligrosamente, enemigo que en parte huyó y en parte se entregó prisionero, pues los bolivianos estaban tan agotados como los nuestros.

Los Oficiales que marcharon en punta desde el día anterior, los que llegaron, atacaron el Fortín Yrendagüe y lo capturaron el 8 de Diciembre de 1934, fueron los siguientes:

Tte. 1º CEFERINO VEGA GAONA, Comandante del R.I Batallón 40.
Tte. 1º JOSE I. LOMBARDO, Cmdte. 1ª Cía. R.I Batallón 40.
Tte. 2º REINALDO TROCHE, Cndte. 2ª Cía. R.I. Batallón 40.
Tte. 1º ARMANDO VERGARA, Cmdte. 3ª Cía. R.E Batallón 40.
Tte. 2ª JULIO P.M SALDIVAR, Cmdte. Pelotón 2ª Cía. R.I Batallón 40
Tte. BALBINO BRANDA, Jefe de SECCIÓN A.P. del Batallón 40.

Gloria eterna pues a los autores del contragolpe de Yrendagüe y laureles inmarcesibles a su figura cumbre el ínclito Coronel EUGENIO A. GARAY, que siendo el más viejo, fue el más fuerte eslabón para la victoria final.

ASUNCIÓN, MARZO DE 1985

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