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jueves, 11 de noviembre de 2010

LOS ORÍGENES DE LA GUERRA DEL CHACO - Memorándum presentado el 8 de marzo de 1934, por la Delegación del Paraguay integrada por los señores Dr. GERÓNIMO ZUBIZARRETA y Dr. VICENTE RIVAROLA, a la H. Comisión Especial de la Sociedad de las Naciones.



MINISTERIO DE RELACIONES EXTERIORES Y CULTO
LOS ORÍGENES DE LA GUERRA DEL CHACO
Memorándum presentado el 8 de marzo de 1934,
por la Delegación del Paraguay
integrada por los señores
y Dr. VICENTE RIVAROLA,
 a la H. Comisión Especial
de la Sociedad de las Naciones

Imprenta Nacional
ASUNCION
1.934

La Delegación Paraguaya destacada, ante la H. Comisión Especial de la Sociedad de las Naciones, propuso el día 7 de Febrero las líneas generales de un Tratado de seguridad y de paz entre el Paraguay y, Bolivia.
El Gobierno de Bolivia, con fecha 12 de Febrero, rechazó el proyecto paraguayo. En el memorándum que a este propósito presentó su delegación, se emitían sobre el origen y responsabilidad de la guerra del Chaco; juicios desprovistos de todo fundamento.
Impuesta, el 23 de Febrero, la Delegación del Paraguay del contenido íntegro de la respuesta boliviana, creyó de su deber contestar las acusaciones que contenían, restableciendo la verdad histórica.
Tal es el origen del, Memorándum que la Delegación del Paraguay, integrada por los señores Dr. GERÓNIMO ZUBIZARRETA y Dr. VICENTE RIVAROLA, entregó a la H. Comisión Especial, el día 8 de Marzo de 1934, y qué se pública en este folleto.
El capítulo de pruebas de la responsabilidad boliviana no se ha agotado en el memorándum; no están citados sino los documentos más conocidos. Se reducía el objetivo de la presentación paraguaya a desvirtuar las injustas imputaciones bolivianas. No tenía por objeto sustanciar alegaciones del Paraguay, ya que la H. Comisión Especial de la Sociedad de las Naciones, no había considerado oportuno abrir el período de las investigaciones.
El Paraguay, que en todas las instancias pacificadoras desarrolladas hasta hoy, no ha cesado de reclamar esa investigación, confía en que, algún día, las instituciones internacionales se decidan a cumplir el deber de justicia y de moral, de buscar y señalar al culpable de tanta sangre y sacrificios materiales.


MEMORANDUM
De la Delegación del Paraguay

El principal objeto  de este documento es contestar las acusaciones, de todo punto infundadas, que el Gobierno de Bolivia ha hecho contra el Paraguay en su "Memorándum sobre las negociaciones de paz entre Bolivia y Paraguay"  presentado a la H. Comisión  Especial de la Sociedad de las Naciones, fechado en La Paz el 12 de febrero de 1934, y puesto en conocimiento de la Delegación del Paraguay el 23 del mismo mes.
Por esta razón no hemos de referirnos aquí sino muy sucintamente a las apreciaciones contenidas en el memorándum boliviano aludido, a propósito, de las líneas generales que para un tratado de seguridad y de paz, fueron propuestas por la Delegación del Paraguay, el día 7 de febrero de 1934.


I.-  EL PLAN PARAGUAYO Y EL PLAN BOLIVIANO

1.- LAS OBJECIONTES AL PLAN PARAGUAYO.

Entiende el Gobierno de Bolivia que "la seguridad Suprema y única es concluir la cuestión de fondo, ya que si persiste la causa, quedará en pie la guerra, que es el efecto", y que "un tratado que se limite a suspender las operaciones militares sin definir ni resolver las causas que las han ocasionado, no puede llamarse tratado de paz, sino de simple armisticio".
Hay en el criterio boliviano una verdadera confusión de conceptos. No son equivalentes los términos: "suspensión de operaciones militares" y "cesación definitiva de las hostilidades", 
Lo segundo significa la paz y lo primero solo un paréntesis abierto a la lucha. La fórmula presentada el 7 de febrero, aludida en el memorándum boliviano, se refiere a la cesación definitiva de las hostilidades, dentro de un conjunto de medidas de seguridad. En consecuencia, no preconiza un simple armisticio.
Además, se parte de la premisa falsa de que el conflicto bélico tiene su causa en el viejo litigio de límites. No es así, puesto que ni se trataba de una cuestión insoluble, ni se habían cerrado a Bolivia, que provocó la guerra, las puertas de un avenimiento amistoso. El diferendo de fronteras nunca presentó dificultades insuperables y el Paraguay puso toda su buena voluntad en el empeño de inducir a Bolivia a una solución de derecho. No en la cuestión de límites debe buscarse el origen de la contienda, si o en la decisión de Bolivia de recurrir a la guerra, en su penetración armada del territorio chaqueño y en el ataque a los puestos militares paraguayos. El plan paraguayo se dirige, precisamente, a hacer imposible la subsistencia de estas causas, o su repetición.
Contrariamente, pues, a lo que cree el Gobierno de Bolivia, el Paraguay no busca un armisticio, sino la eliminación de los factores que provocaron la guerra.
Bolivia, en cambio, al hacer del arreglo del problema de fondo una condición esencial para la paz, busca la prolongación indefinida de la guerra, ya que las circunstancias están mostrando cuán difícil se presenta ahora ese acuerdo. Con anterioridad a la agresión boliviana, el pleito era simplemente jurídico-histórico, y de fácil solución. Hoy, la fijación de las fronteras ya no resolvería sino una parte del problema. El compromiso arbitral, pues, no eliminaría por sí mismo las causas del conflicto.
Con plena conciencia de las dificultades entrañadas en el problema de fondo, el proyecto presentado por el Paraguay se inspiraba en el loable interés de una pronta paz, dejando las negociaciones relativas al compromiso arbitral para mejor oportunidad, como tarea propia de tiempos de tranquilidad, en cuya atmósfera propicia, podrían desenvolverse con mayor facilidad.
La admisión del principio del arbitraje en el proyecto paraguayo, para resolver la cuestión de límites, significaba un paso no despreciable. El arbitraje había sido aceptado, antes del conflicto, por los dos países, en simples acuerdos de Cancillerías, caducos hoy por la guerra. Lograda la paz, restablecido el sosiego material y espiritual, podrían iniciarse las negociaciones sobre los conceptos y modalidades del compromiso arbitral, por lo menos en un ambiente distinto al actual. Pero si la guerra prosigue, el cansino del entendimiento estará erizado de obstáculos.
Hay que señalar también que Bolivia, al exigir ahora la solución del litigio de fondo, como condición para el cese de la guerra, confiesa implícitamente que recurre a la fuerza como instrumento de política, lo cual contraría la letra y el espíritu del Pacto Kellog-Briand y de la declaración panamericana del 3 de agosto de 1932.
En cuanto a las condiciones de seguridad, que el Paraguay propone, son las únicas compatibles con la situación de hecho y de derecho existente Caduco por la guerra el "statu-quo" de 1907, lo menos que el Paraguay puede ahora exigir es el retroceso de las tropas de Bolivia al otro lado de sus fronteras, allí donde estaban antes de iniciado su avance clandestino e ilegal.

2.-EL PLAN BOLIVIANO ES INACEPTABLE.

Comprobada la inconsistencia de los reparos bolivianos, cabe señalar, siquiera sea en síntesis; las objeciones que hacen inaceptables las bases propuestas por el Gobierno de La Paz.
1ª. Limita los derechos del Paraguay, sin hacer lo mismo con las pretensiones de Bolivia;
2ª. Prejuzga la cuestión, en favor de la tesis de Bolivia, definiendo el litigio como una cuestión territorial;
3ª. No establece de una manera precisa el modo de llegar al compromiso arbitral;
4ª. Busca la prolongación de la guerra, durante la tramitación constitucional del Tratado de arbitraje;
5ª. Omite el punto de la cesación de las hostilidades;
6ª. Aparta fundamentalmente el aspecto capital de las seguridades;
7ª. Excluye la posibilidad de dilucidar las responsabilidades de la guerra, y el sancionamiento del país culpable;
8ª. Sienta desde ya, el principio de la igualdad de derechos de ambos países para la ocupación del Chaco, lo que no condice ni con la situación de hecho, ni con la posición jurídica de los beligerantes.
Bolivia pretende pasar una esponja sobre los dramáticos sucesos que se han desarrollado desde hace cerca de dos años en el Chaco Boreal. Para ella nada valen ni significan los sacrificios de todo género que importa para el Paraguay la agresión de que fue objeto. Haber Bolivia determinado tanto derramamiento de sangre y destrucción de riquezas para pedir, finalmente, fracasada su empresa conquistadora, el arbitraje que siempre repudió, es sin duda, una postura muy cómoda, pero injusta.
Además, Bolivia simula ignorar que, dentro de la tesis tradicional del Paraguay, no cabe la litigiosidad del Chaco, y sí sólo la discusión sobre sus límites en el interior. Si el criterio unilateral fuera suficiente para establecer esa litigiosidad, no habría territorio que no pudiese ser litigioso. Razones nacidas de la agresión boliviana, hacen que la posición del Paraguay se acentúe ahora. Aparte de las consideraciones jurídicas, existen hoy otras que abonan la resistencia paraguaya a admitir todo procedimiento que no lleve consigo la exclusión de la Zona Hayes y de todo el litoral.
Finalmente, no hay que olvidar que de acuerdo con los términos del artículo 13 del Pacto de la Sociedad de las Naciones, las diferencias susceptibles de solución arbitral son sólo aquéllas de carácter jurídico como "la interpretación de un tratado, todo punto de Derecho Internacional, la ruptura de un compromiso internacional y la extensión o naturaleza de la reparación debida por tal ruptura".

II- LA RESPONSABILIDAD DE LA GUERRA

Contiene el Memorándum boliviano algunas apreciaciones incidentales que, por respeto a la verdad histórica y a la misma Comisión Especial de la Sociedad de las Naciones, ante la cual fueron formuladas, no debemos pasar por alto.
Expresa dicho Memorándum que "la guerra que tan sinceramente quiso evitar Bolivia se produjo como una consecuencia de los avances y agresiones del Paraguay".
Una investigación, siquiera somera, realizada por la H. Comisión Especial de la Sociedad de las Naciones, hubiera establecido la responsabilidad que cabe a Bolivia por tanta sangre derramada. Ella es indispensable para no equiparar al agresor con el agredido. El Paraguay confía en que llegará la hora de esa dilucidación.
La agresión boliviana se comprueba por el solo hecho de la presencia de fuerzas de ese país en el territorio del Chaco. La penetración, iniciada en 1905, constituía, en sí, un "casus belli". Venía a turbar la situación jurídica que amparaba la posesión y soberanía del Paraguay.
Bolivia violó la posesión paraguaya ejercida pública, tranquila y exclusivamente desde el descubrimiento de esos países, en virtud de capitulaciones, cédulas y ordenanzas de la Corona de España, y reconocida después de la independencia, por todos los países limítrofes, incluso Bolivia.
Bolivia violó la sentencia arbitral pronunciada por el Presidente de los Estados Unidos de América, M. R. Hayes, que aunque no le obligase, como ella pretende sin razón, no le autorizaba a perturbar, por el ministerio de su exclusiva voluntad, la posesión que dicho laudo reconocía como legítima y justa.
Bolivia violó, finalmente, el pacto de "statu-quo", solemnemente convenido en 1907 y cinco veces prorrogado.
La simple enunciación, por Bolivia, de pretensiones a parte o a todo el Chaco, no podía fundar el atropello a la legítima posesión paraguaya. Si se admitiese tal conducta, se autorizaría a los países a invadir territorios ajenos, con solo declararlos litigiosos.
Y así como Bolivia se colocó en el plano del agresor, con mucha anterioridad a la guerra misma, por la violación del régimen jurídico que amparaba la posesión paraguaya, así también a ella le corresponde la responsabilidad exclusiva, en la preparación y desencadenamiento del actual conflicto que no es sino la coronación de una antigua y sostenida política.
Sea permitido a la Delegación del Paraguay, al efecto de desvirtuar la calumniosa imputación que contiene el Memorándum boliviano y de restablecer la verdad, hacer referencia a algunas de las numerosas piezas de convicción de que dispone.

I - ANTECEDENTES MEDIATOS

A- LA PREPARACIÓN PSICOLÓGICA.

La guerra fue preparada psicológicamente en Bolivia, antes de iniciada la preparación material. Los gobernantes, diplomáticos, publicistas y maestros bolivianos, se empeñaron durante más de un cuarto de siglo en crear el ambiente bélico. Su resultado fue la encarnación en el pueblo boliviano de la idea de una guerra contra el Paraguay, con el pretexto de la cuestión de límites, aún no resuelta, pero con objetivos distintos bien, determinados.

a) LA GUERRA ESTUVO EN LA INTENCIÓN DE TODOS LOS GOBERNANTES BOLIVIANOS.

Fracasadas las tentativas de despojar al Paraguay de inmensos territorios, por medio de leoninos proyectos de tratado arrancados al amparo de la debilidad en que se encontraba postrado después; de la, guerra de cinco años contra la Triple Alianza, los estadistas bolivianos se entregaron a la tarea de predicar el uso de la fuerza para solucionar la cuestión de límites.
Una de las primeras manifestaciones, formuladas en ese sentido, es la del doctor Santiago Vaca Guzmán, que siendo Ministro de Bolivia en Asunción, propuso a su Gobierno en 1888, un plan de guerra consistente en:
"avanzar sin estrépito ni ostentación algunas, fuerzas militares permanentes en' las inmediaciones del cerro de San Miguel y avanzarlas paulatinamente hacia la costa situándolas en los territorios que hagan posible la ocupación estable. Avanzar sin demora desde la Colonia Creavux adelante, siguiendo las márgenes del Pilcomayo, si fuera posible hasta el paralelo 24° (donde desemboca en el río Paraguay, casi frente a Asunción). Adquirir dos cañoneras de bajo calado, capaces para remontar sin inconvenientes hasta la Bahía Negra y situarse en los puntos que convenga. Una vez adquiridos estos elementos y realizada la ocupación del interior del Chaco dictar una ley de venta de tierras desde el Pilcomayo hasta Bahía Negra, haciendo caso omiso de las enajenaciones verificadas por el Paraguay. Si la Nación tiene conciencia de su derecho, si estima su dignidad y si se considera, con fuerza y virilidad para defender lo que le corresponde contra las usurpaciones de un Estado débil, impotente y despoblado, le será forzoso adoptar las medidas que indico; si le falta ese valor moral, tendrá que resignarse a sancionar esas usurpaciones y verse burlada por la última de las naciones sudamericanas".
El pensamiento guerrero de los gobernantes bolivianos, fue desarrollándose con vigor. Acerca de ésta política, ilustra con claridad la correspondencia cambiada entre el Ministro de Relaciones Exteriores, D. Claudio Pinilla, y el Presidente D. Ismael Montes, con D. Emeterio Cano, en ocasión de ofrecerse a este hombre público la Plenipotencia en Asunción. Era en 1905, año en que Bolivia comenzó a poner en ejecución su plan de invasión armada.
El 11 de abril de ese año, D. Claudio Pinilla decía al señor Cano, que el Gobierno
"en su empeño de resguardar esos mismos intereses nacionales, creando y adelantando nuestros títulos de ocupación en los planicies del Chaco está preparando una expedición en Tarija a las órdenes del Prefecto de ese Departamento, destinada a remover las actuales colonias y fortines y situarlas en lugares más avanzados y convenientes, para amparar el esfuerzo de nuestros industriales que se han adelantado en la meritoria conquista del desierto. Posible que esas medidas despierten los celos del Gobierno de Asunción y lo decidan a avanzar también su ocupación hacia el interior del territorio disputado. La actitud de retraimiento que hemos guardado con ese Gobierno ha exagerado su natural suspicacia y desconfianza, haciéndole entrever un plan agresivo y belicoso de nuestra parte, plan que ha estado siempre en la mente de todos los estadistas bolivianos, pero cuya ejecución requiere elementos de vialidad y recursos que puedan hacerlo eficaz….."
El 25 de abril, el mismo Ministro Pinilla explicaba al Sr. Cano que las dificultades internacionales con Brasil y Chile y las de llegar al terrero de la contienda, habían impedido el desenvolvimiento del "programa del patriotismo herido", pero que,
"despejadas aquellas dificultades internacionales, el señor Presidente creía llegada la oportunidad de encarar el conflicto con la perseverancia y la energía que requieren los grandes intereses comprometidos. En ese concepto, el primer paso es la expedición al Chaco, de que le he hablado en mi anterior, el próximo será la apertura de un buen camino que desde Lagunillas vaya por Curumbay y el cerro S. Miguel en demanda de Puerto Pacheco".
Agregaba el Sr. Pinilla, que la obra,
"ha de requerir uno o dos años de trabajo, durante los cuales, a la par que el país vaya desenvolviéndose económica e industrialmente, el Gobierno espera adelantar su preparación militar para actuar con toda eficacia en el momento preciso".
El 6 de junio del mismo año, el propio Presidente de la República, Coronel D. Ismael Montes le confirmaba al Sr. Cano el programa enunciado por su Canciller. En carta de esa fecha, rubricada también por el Sr. Pinilla decía:
"El Gobierno de Bolivia tiene el propósito sincero de solucionar ese asunto, y a ese fin, como se ha dicho más arriba, se halla dispuesto a concurrir con toda clase de sacrificios, incluso el recurso supremo de las armas, si la obcecación y la injusticia paraguaya se obstinaran en desconocer nuestros legítimos derechos. No necesito recordar al Sr. Dr. Cano que la apelación al extremo doloroso de la fuerza en pro de los capitales intereses de la República, es un tema ya estudiado por la Cancillería nacional cuando ella estuvo bajo su ilustrada dirección y que las objeciones y reparos que entonces se opusieron a la idea, subsisten hasta hoy en parte, necesitándose de tiempo y perseverancia para eliminarlos. El Gobierno va a consagrar todo su esfuerzo para modificar esa desfavorable situación, empleando una labor sostenida, fiado en el patriotismo y decisión del pueblo y de sus representantes en el Congreso".


b) BOLIVIA: FIRMÓ EL PROTOCOLO SOLER-PINILLA PARA DISFRAZAR, SU PENETRACION ARMADA.

 Decía el Canciller Pinilla a Cano, que su tarea,
"no ha de ser la de buscar a todo trance y a cualquier forma un nuevo Tratado de Límites; sino la de perseguir de un modo paciente y firme una solución que consulte el interés nacional; la de tranquilizar las suspicacias paraguayas y la de informarnos con todo el interés de su patriotismo, respecto de las fuerzas, propósitos y condiciones de aquel país..."
El Presidente Montes, por su parte, instruía a Cano,
"que el curso de las gestiones de nuestra Legación en el Paraguay no tiene por qué precipitarse" y que "en cuanto a las expediciones y trabajos de caminos que se van a emprender del lado de Tarija, así como desde Santa Cruz hacia los ríos Pilcomayo y Paraguay, el Plenipotenciario boliviano si fuese interpelado en cualquier ocasión procurará caracterizarlos como medidas administrativas, tendientes a satisfacer las inaplazables necesidades de los vecindarios bolivianos del Sud y del Oriente de nuestra República".
No se hacía sino desarrollar el consejo de Vaca Guzmán que insinuaba en 1888, "avanzar sin estrépito ni ostentación".
Dentro de ese propósito de ocultación de los planes bélicos bolivianos, para cuyo éxito era indispensable llegar al río Paraguay sin que el Paraguay se apercibiera, se firmó en 1907 el Protocolo Soler-Pinilla. Nada de extraño es que bajo la administración del mismo Presidente Montes, y con la firma del señor Pinilla, signatario también de las cartas al Señor Cano extractadas más arriba, Bolivia se hubiera comprometido a detener sus avances en el Chaco. Responda la suscripción del Pacto al plan, general esbozado por ambos estadistas, y es así cómo la historia del pacto Soler-Pinilla no es sino la historia de sus violaciones por parte de Bolivia, y de la sistemática ocultación de ellas.
El Paraguay, fiado en la palabra de Bolivia empeñada en tan solemne documento, muy tarde se dio cuenta de que ese país había traspasado no sólo las líneas fijadas para su ocupación, sino también la zona neutral y los límites de la ocupación paraguaya, ingresando en el territorio laudado por el Presidente Hayes.
La violación del Pacto Soler-Pinilla, que comportaba un verdadero tratado de no agresión y desmilitarización, constituía un "casus belli". Pero el Paraguay que, desde ese momento, podía ejercitar su derecho de legítima defensa, prefirió recurrir a los arbitrios de paz y conciliación. Propuso en las Conferencias de Buenos Aires el sometimiento del asunto al estudio y decisión de la Corte Suprema de la República Argentina. Bolivia que, en un principio se negó a considerar siquiera la situación creada por sus avances, rechazó de plano la proposición paraguaya.
Bolivia alego que e1 “statu-quo" era de posiciones y no de líneas. La excepción no la redime. En 1907 sus posiciones más avanzadas eran los fortines Guachalla y Ballivián, situados en la orilla izquierda del Pilcomayo, al oeste del Meridiano 62º. Ese mismo año, firmado ya el compromiso de no avanzar clavaba dos fortines más, Linares y Esteros. En 1913 decía don David Alvéstegui:
"El avance callado y lento, pero seguro, no ha cesado un sólo `instante; y si en el corto tiempo de dos años, de 1905 a 1907 hemos logrado asentar la soberanía real y efectiva desde los 21° hasta los 24°, se presume que será mucho más corto el tiempo necesario para llegar a los 25º y pocos minutos, es decir hasta la confluencia del Pilcomayo".

c) LOS POLÍTICOS Y PUBLICISTAS PREPARARON EL AMBIENTE POPULAR.

Como quiera que el plan gubernamental, desarrollado en medio de la mayor clandestinidad, requería el apoyo popular, los publicistas y políticos de mayor ascendiente se dedicaron a insuflar en el alma colectiva ideales de conquista.
D. Bautista Saavedra, que llegó a ocupar la Presidencia de la República y actual jefe del Partido Republicano Socialista, escribe en 1908
"El acceso a la margen occidental del Paraguay debe ser el resultado de un plan graduado, progresivo y seguro de apropiación del Chaco, de su incorporación al territorio boliviano.
La ruta natural y sencilla para dominar el Chaco es la del Pilcomayo. Háse iniciado con éxito la ocupación de la orilla izquierda de Este río, hasta el fortín Guachalla (22° 27’ Lat. Sud). Las últimas expediciones promovidas por el Presidente Montes antes de pactarse el statu-quo, llegaron a Tronquitos y el Paso de las Gallinas, este último situado a los 23° Lat. Sud.,     Y si sin estrépito hemos llegado a este paralelo, nada impedirá avanzar hasta los 24º. Estas posiciones y la ocupación de Puerto Pacheco con 1.000 hombres obligarán al Paraguay a concluir un Tratado, que nos sea ventajoso. Serán acaso necesarios muchos años y no pocos sacrificios para llegar a este resultado, pero las grandes soluciones no se saborean con el solo deseo y buenas intenciones. Las empresas heroicas realzan a los hombres y a los pueblos. No es probable que el Paraguay quiera disputarnos esas posiciones guerreando con nosotros. Sus condiciones financieras lejos están de llamarse prósperas y su situación económica no es nada favorable para lanzarse en aventuras bélicas o costosas expediciones militares. La acción ofensiva del Paraguay nunca podrá perjudicarnos mayormente”
El señor Saavedra, después de encarecer las ventajas de "este procedimiento de apropiación silenciosa de aquellos lejanos territorios", terminaba con estas palabras:
"Se objetará acaso, que este "plan de penetración pacífica" al Chaco traerá el choque con la República vecina.Ello no debe ser un temor que nos retraiga de nuestros empeños. En los instantes actuales, no obstante los himnos a la paz y al arbitraje obligatorio, la única situación inequívoca de las naciones es la fuerza. La fuerza es el exponente de la potencialidad de los pueblos. Solo los débiles creen en el derecho que en definitiva, no es sino la conveniencia de cada país".
El plan de apropiación del Chaco paraguayo continuó, pese a las protestas de fidelidad al pacto de "statu-quo", a cada rato reiteradas por el Gobierno boliviano. El señor Saavedra, consecuente con sus ideas, cuando desempeñó el Gobierno de Bolivia, dio gran impulso a esa penetración.
En 1913, D. David Alvéstegui, actual Ministro de Bolivia en el Brasil y ex-Delegado de su país en la VII Conferencia Panamericana y ante la H. Comisión Especial de la Sociedad de las Naciones, decía que "el avance, callado y lento, pero seguro, no ha cesado un sólo instante". Citaba los fortines y poblaciones que hasta ese año habían sido fundados, y terminaba:
"Tanto los fortines, como las poblaciones mencionadas, así como también las numerosas misiones franciscanas, se hallan "unidos entre sí por numerosos buenos caminos, que haciendo rápidas y fáciles las comunicaciones, las ponen también en la ventajosa situación de auxiliarse mutuamente en caso de cualquier agresión. Si a esto se añade el poderoso contingente militar que hace la guarnición en el Chaco, y que aumenta anualmente, podemos afirmar, sin temor de equivocarnos, que la soberanía boliviana en el territorio que pretende disputarnos el Paraguay, ha llegado, por fin, a ser una hermosa realidad. Es cuestión de tiempo, construyamos caminos en el Chaco, edifiquemos fortines dotados de suficiente guarnición, en suma bolivianicemos el Chaco, que el tiempo así aprovechado nos dará el resultado que buscamos, con éxito superior al de los manejos diplomáticos. El Chaco será así definitivamente nuestro".
Cabe señalar que en el pensamiento de estos dos hombres públicos se trataba de una obra de apropiación del Chaco, de su incorporación al territorio boliviano, en suma, de la bolivianización de un territorio que se sabía ajeno.

d) FORMACIÓN DEL ESPIRITU GUERRERISTA EN LAS ESCUELAS. 

El Ministro de Instrucción Pública y Agricultura de la República de Bolivia se refería, en su memoria del año 1924, a la "actual militarización escolar" y recalcaba su éxito que "sobrepasaba a toda previsión",
Para tener idea de la clase de enseñanza espiritual que se ofrecía a la niñez boliviana, basta reproducir algunos párrafos de los libros de lectura que están en uso en sus escuelas.
En "El Niño Boliviano", Silabario por Enrique y Abel Coronel se lee:
"Bolivia es un país grande y rico. Tiene minerales, vegetales y animales de mucho valor. Esto da envidia a nuestros vecinos y desean quitárnoslo. Ya nos han quitado algo; pero muy luego rescataremos. Este es mi deseo y por esto procuraré ser grande, fuerte e ilustrado". (Pág. 69).
En "Nuestra Tierra", Libro de Lectura para Tercer Grado de Instrucción Primaria, por Alfredo y Heriberto Guillén Pinto, se encuentra el siguiente capítulo sobre "El Puerto"
"Es el más caro para el alma boliviana. Hace falta consagrarle un culto ferviente, no sólo en las escuelas, sino en las instituciones superiores, en los cuarteles y asociaciones de todo género. El ideal del puerto ha sido hasta ayer una especie de numen de nuestras letras y una bandera de combate para nuestra política. Mas hoy, aunque continúa como una esperanza remota, el pensamiento nacional es ya uno solo y el alma nacional está impregnada de él. Y más tarde? Más tarde no podremos vivir de quimeras, porque la necesidad se hará inaplazable y nuestro apóstrofe a la civilización y a la concordia internacional tendrá que ser un gritó de borrasca que o nos agote para siempre o nos abre el camino del mundo. Es necesario que los hombres se preparen para esos nuevos hechos, cultivando dentro de cada uno este supremo ideal boliviano. Para entonces, y por siempre, nuestra armas estarán ennoblecidas por el Derecho". (Pág. 167)
En "Bolivia" Libro de Lectura para Segundo Grado, por Víctor Cabrera Lozada, se lee:   
"Mi Patria. Es Bolivia. Nación poderosa y grande, cuyo porvenir será más dichoso. No importa que algunos de sus vecinos, ansiosos de codicia, la hayan desgarrado en momentos de desgracia y de miseria. Ya habrá tiempo de vengar tanta vileza. Desde luego, contemplo los territorios perdidos que se hallan enlutados en este mapa, y juro, como niño boliviano, ser estudioso para honrarla; fuerte y valiente para procurar la reintegración de Bolivia; y cuando alguien o alguna Nación trate nuevamente de hollar mi patria estaré listo, siempre listo, para derramar la última gota de mi sangre por su integridad e independencia. Qué hermoso y que honor morir por la Patria: No olvidare jamás que Antofagasta, Mejillones, El Acre, El Chaco y otros territorios se hallan en poder de nuestros enemigos y que más tarde, cuando hagamos de nuestra Patria una Nación fuerte, castigaremos a los usurpadores de nuestra heredad…”
En la página 33 del Silabario “El Niño Boliviano", ya citado, debajo de un grabado que representa un aeroplano, los niños bolivianos leían lo que se reproduce a continuación:
"Este aeroplano es de Bolivia. Está volando sobre Viacha. El aviador puede aniquilar en un instante muchos enemigos. Bolivia tiene muchos enemigos; por esto, debe tener muchos aviadores. Yo soy boliviano y seré aviador. ¡Qué espléndido es ser aviador!”

 e) EL ESPÍRITU GUERRERÍSTA EN LAS UNIVERSIDADES.

No solamente, las escuelas primarias recibían la inspiración belicosa. En los colegios secundarios y en las universidades, la juventud boliviana aprendía a considerar la guerra como un mal necesario y aún deseable.     En unas Notas para los alumnos del Curso de Economía Política de la Facultad de Derecho de la Universidad de La Paz, por el Profesor José E. Rivera, 1926, está escrito:
"Ya no es suficiente explicarse la génesis de los conflictos por simples vesanias de algunos dirigentes o las torpezas diplomáticas de este o aquel mal funcionario, sino que es preciso considerarlas como un fenómeno natural de las sociedades, “que buscan su centro de gravitación histórico y económico unas, y otras, la defensa del que ya tenían conquistado con iguales procedimientos que las primeras". Otro criterio sería superficial y conduce a las ilusiones más peligrosas. Una apreciación de las experiencias más recientes induce pues a concluir que el pacifismo es aún una doctrina inactual. En todos los escenarios continentales, por modestos y atrasados que fueren es innegable que hay naciones que luchan por hegemonías, y -lo que es más y nos incumbe, -qué hay naciones que tienen que defender su existencia y reintegrar derechos legítimos". (Pág. 2).
Esta enseñanza encontraba amplio eco en los órganos de la juventud y de la intelectualidad. Numerosas expresiones escritas de ese espíritu pueden reproducirse. Nos basta recordar lo que aparecía en "juventud", Órgano de la Juventud Católica Boliviana, en su edición del 2 de enero de 1928:
"El imperialismo y el derecho del más fuerte seguirá primando en el orbe, la historia nos confirma. La guerra es una calamidad necesaria, despierta a los pueblos de su letargo y existirá mientras el mundo sea mundo. La paz perpetua es un sueño, y ni siquiera un hermoso sueño. La guerra es un elemento del orden del mundo. En ella se desarrollan las más nobles virtudes del hombre: el valor y la abnegación; la fidelidad al deber y el espíritu de sacrificio. El soldado da la vida. Sin la guerra el mundo se corrompería y se perdería en el materialismo, al decir de Von Moltke".
Y en punto a la cuestión con el Paraguay, que motivaba esos comentarios, decía que el Gobierno boliviano debía tomar
"una actitud enérgica y decisiva para defender el patrimonio nacional; pues así lo determina su superioridad económica, política y militar".

f) OTRO FACTOR DE LA GUERRA.

Bolivia ponderó mal las dificultades de su empresa, y en ello reside otro de los factores de la guerra. No estimaba como obstáculos sino aquellos emergentes de la distancia. Le sabia poco menos que inerme al Paraguay, pero no comprendió que este país, agredido y con la perfecta conciencia de sus derechos, era capaz de tenderse en un gran esfuerzo, llamando a sí hasta los más recónditos valores de su ser.
"Un Estado débil, impotente y despoblado", decía Vaca Guzmán, al referirse al Paraguay.
"La acción ofensiva del Paraguay nunca podrá perjudicarnos", afirmaba Saavedra en 1908.
Don Daniel Salamanca hablaba en sus discursos del "pequeño país" y de "la más miserable de las republiquetas sudamericanas".
Y toda la soberbia boliviana trasuntada en las palabras de sus gobernantes, contribuyó a la guerra.

B- LA PREPARACIÓN MATERIAL DE LA GUERRA.

A hacer desaparecer los obstáculos materiales que se oponían a sus planes de conquista, se dirigieron los esfuerzos de los gobernantes bolivianos, durante más de veinticinco años.

a) LA ORGANIZACIÓN DEL EJÉRCITO.

Implantado el servicio militar obligatorio y contratadas varias misiones militares extranjeras, los recursos del país y los adquiridos en el exterior, se aplicaron en gran parte, a la obra del perfeccionamiento del ejército boliviano. La militarización boliviana fue un hecho innegable. Bolivia llegó a ufanarse de contar con "el mejor ejército de Sudamérica".
El Ejército proscribió el pacifismo de Bolivia, como doctrina peligrosa. En 1930, el Jefe del Estado Mayor General, señalaba al pacifismo entre "las potencias peligrosas que amenazan al país".
En esa misma ocasión hablaba el más alto jefe del ejército boliviano de “la nación más pequeña e insignificante de sudamérica” (Manifiesto dirigido al Ejercito el 13 de mayo de 1930)

b) LAS ADQUICISIONES MILITARES.

“Bolivia posee todo lo que existe en la actualidad de más moderno en cuanto se refiere a la maquinaria destructiva y bélica", señalaba en 1932 el ex Ministro de Estado de Gran Bretaña, Mr. Thomas Johnston, en la Revista “Forward” de Glasgow.
Efectivamente, ninguna nación sudamericana llego a poseer Jamás un "stock" de armamentos modernos, mayor o igual. "Lo suficiente para armar a todas las naciones sudamericanas", comentaba uno de los más importantes diarios de Chile.
Solamente el contrato de la Casa Vickers importo 3.000.000 ₤

c) LOS FORTINES Y LOS CAMINOS.

Negada, en un principio, la violación del "statu quo" pactado en 1907, llegó un momento en que el avance boliviano fue tan franco y ostensible; que se hizo imposible su ocultación. La fundación de fortines y construcción de caminos estratégicos, incrementaronse sobre todo, durante los disturbios civiles que ensangrentaron el Paraguay los años 1922 y 1923, y se volvieron más audaces cuando las adquisiciones militares bolivianas en el extranjero quedaron completadas. La ocupación clandestina no cesó ni siquiera cuando el desarrollo de las Conferencias de Buenos Aires de 1927 y 1928 y las de Washington de 1929 y 1932. Precisamente, mientras se discutía en la capital de los Estados Unidos un pacto de no agresión, Bolivia establecía catorce nuevos fortines, y, finalmente, atacaba y conquistaba el fortín paraguayo Carlos Antonio López, origen inmediato de la actual guerra.
El diario de guerra del Capitán boliviano Hoyós, es un documento que proporciona datos interesantes sobre la penetración armada de Bolivia en el Chaco paraguayo.

d) LOS EMPRÉSTITOS.

Bolivia, país de recursos limitados, pudo llevar a ejecución su plan militar, gracias, en gran parte, a los genero sos empréstitos contratados en el extranjero. Los préstamos, desde 1920 y 1929, acordados por Stifel Nicolau C, Spencer Trask C, Bank Cyn Mills C, Dillon Read y C; etc.:, sumaron a 60 millones de dólares, que fueron destinados, en buena parte, a la adquisición de armamentos y construcción de obras publicas estratégicas o de utilidad militar, Una investigación realizada por el Senado de los Estados Unidos de América comprobó que del Empréstito con la Casa Dillon Read, se destinaron 5 millones de dólares, al pago de una deuda anterior, por compra de armas, a la Casa Vickers.
Son conocidas las condiciones en que fueron estipulados los empréstitos. La república de Bolivia consintió la intervención por comisionados extranjeros, de sus aduanas y Bancos de Estado. El servicio de los intereses y amortización, embebía ya cerca del setenta por ciento de todas las entradas fiscales, cuando Bolivia se declaró en mora.
Pero la mora se produjo cuando el enorme material bélico adquirido, estaba ya dentro del territorio boliviano.


C- LA PREPARACIÓN DIPLOMÁTICA DE LA GUERRA.

Decidida a llevar la guerra al Paraguay, la República de Bolivia buscó la forma de cohonestar la situación en que su conducta le iba a colocar ante la conciencia del mundo.

a) BOLIVIA DESCONOCE SOLEMNES ACTOS JURÍDICOS INTERNACIONALES.

Había, sobre todo, dos grandes obstáculos para la libre acción boliviana, en el terreno jurídico: el Pacto Soler-Pinilla y el Fallo Hayes.
El primero impedía a Bolivia avanzar más allá del meridiano 62; el segundo sellaba la legalidad de la jurisdicción paraguaya en el Chaco.
De allí que el esfuerzo de la diplomacia boliviana se dirigiera, paralelamente con la preparación militar, al objeto de destruir esas dos defensas de la posesión paraguaya.
Negando la existencia legal del "statu-quo" Bolivia creía poder consolidar sus avances.
Mediante la negación de la eficacia del Fallo Hayes Bolivia buscaba impedir que su ocupación militar de parte del triángulo territorial situado entre los ríos Verde, Pilcomayo y Paraguay, tuviese los caracteres de gravedad que de otro modo asumía.
Pero como no bastaba la dialéctica boliviana para negar validez a la firma puesta varias veces debajo del mismo compromiso, ni para desnudar de valor jurídico a una sentencia solemne pronunciada, por una de las más altas autoridades del mundo, la violación de las líneas del "statu-quo", y la penetración en la Zona Hayes, constituyen por sí solas, las más patentes pruebas de la culpabilidad boliviana en la presente guerra.
Cualquiera sea la interpretación que se asigne al "statu-quo" de 1907, era notorio que los fortines bolivianos se establecieron en un territorio que el Laudo del Presidente Americano declaró de justa y legal pertenencia del Paraguay.
Dicho territorio se encontraba bajo la jurisdicción y soberanía del Paraguay, "ejercida tranquilamente en virtud de una sentencia internacional.
Sin necesidad de entrar a estudiar si el Fallo Hayes constituyó para Bolivia cosa juzgada, es evidente que este país no tenía derecho de turbar una posesión, que aparte de ser inmemorial y pública y de estar fundada en títulos irrefutables, había sido reconocida cómo legítima, por un fallo arbitral.
Ni aún cuando se considerara la posesión paraguaya reconocida por el Fallo Hayes, como un mero estado de hecho, Bolivia debía alterarla por ministerio de su exclusiva voluntad.
El hecho, en sí de la penetración de Bolivia en la Zona Hayes es la más patente comprobación de la culpabilidad de ese país. Su empeño en desconocer la eficacia del fallo, evidencia la conciencia de esa culpabilidad.

b) BOLIVIA SE OPONE AL RESTABLECIMIENTO O ESCLARECIMIENTO DEL "STATU-QUO".

La penetración boliviana en las zonas que le estaban vedadas dentro del pacto de "statu-quo" y la invasión de la zona Hayes equivalían a la guerra. El Paraguay, sin embargo, fió en que Bolivia confesaría, al fin, esas violaciones y su disposición de dejarlas sin efecto ulterior. En las Conferencias de Buenos Aires propuso que Bolivia procediese a levantar sus fortines o posiciones militares, cuya fundación o establecimiento fuera posterior a 1907, comprometiéndose el Paraguay, por su parte, a hacer lo mismo con respecto a los suyos que hubiesen sido fundados después de dicho año. Bolivia se negó rotundamente a aceptar esta proposición, diciendo, por conducto de su representante "que el Paraguay no la había vencido ni militar ní diplomáticamente".
Bolivia se negó, asimismo, a aceptar la proposición argentina de desmilitarización de los fortines contiguos o el retiro de los mismos a 50 kilómetros de sus bases.
Igual suerte corrió la proposición paraguaya de someter el punto de las violaciones del "statu-quo", a la decisión de la Suprema Corte de Justicia de la República Argentina.
Cualquiera de estas sugestiones, a ser aceptadas por Bolivia, hubiera restablecido la situación jurídica existente en el Chaco a la fecha del Protocolo Soler-Pinilla, o por lo menos, hubiera alejado el peligro de colisiones e incidentes propicios a la guerra. 
Bolivia, al oponerse al restablecimiento del régimen de seguridad, o a la creación de nuevas bases de garantía mutua, descubría sus propósitos de agresión.

c) EN 1928 BOLIVIA NO HABÍA COMPLETADO SU PREPARACIÓN.

El doctor Tomás Elío, ex-Ministro de Relaciones, en una conferencia dada en Oruro, en setiembre de 1929, explicaba que Bolivia no tomó, a fines de 1928, el camino decidido de la guerra, por las cuatro siguientes "razones primordiales":
"Por la falta de una eficiente preparación diplomática, por la carestía de armamentos que o estaban en tránsito o aún en las fábricas de Inglaterra de las que el Gobierno Nacional había adquirido. Por la falta de caminos de penetración al teatro del suceso y la zona que habría sido la escena de la guerra y finalmente por la imposibilidad de acceso a Santa Cruz y Puerto Suarez".
Cabe mencionar, en este lugar, las declaraciones de la Cancillería de Chile al Gobierno de Bolivia, en la oportunidad recordada par el señor Elio, entonces Ministro de Relaciones Exteriores, en respuesta a una consulta sobre la actitud que Bolivia debía sumir:
"1. Chile deplora profundamente qué esta consulta no hubiera sido formulada antes de los últimos ataques dé fuerzas bolivianas a fortines paraguayos;
2. Chile estima que las Naciones Sudamericanas están en el deber de no perturbar la paz continental, y, por consiguiente Bolivia debe buscar dentro de los numerosos medios pacíficos que están a su alcance, desde el mismo día que se produjo el primer incidente de frontera, un término honroso y justiciero de la grave situación creada;
3. Chile mira con vivo sentimiento la actitud de Bolivia hacia la guerra y de acuerdo con su política de conciliación internacional, le sugiere sinceramente escoger uno de esos medios pacíficos suspendiendo, desde luego, toda clase de operaciones militares.
4. Chile invita amistosamente a Bolivia a meditar sobre las desastrosas consecuencias de una guerra. (Nota del 16 de diciembre de 1928).

d) LA COARTADA DEL PACTO DE NO AGRESIÓN.

Cuando los planes de guerra estuvieron suficientemente madurados y los obstáculos se estimaran salvados, el Gobierno de Bolivia, siguiendo su tortuosa política, propuso un Pacto de No Agresión.
La intención de la coartada era  evidente. Decidida la guerra, creía Bolivia que la responsabilidad no podría achacarse a un país que, en vísperas de aquella había pedido la firma de Un Tratado de No Agresión.
Olvidaba Bolivia que, desde 1907, estaba vigente un sistema de seguridad que, a ser respetado por ella, hubiera desvanecido, para siempre, toda posibilidad de conflicto.
Bolivia, con su inicíativa, al propio tiempo de buscar una excusa a sus nuevas agresiones, se proponía legalizar sus avances presentes y futuros.
D. Enrique Finot, que representó a su país en las Conferencias de Washington, opinaba que el convenio por negociarse, "no podría ser un Pacto de reducción de armamentos, ni un "statu-quo" territorial "que inhabilite a Bolivia a seguir avanzando". Hacía, en ese plano de ideas, la siguiente sugestión:
"Convendría que las partes quedaran habilitadas para avanzar, como hasta ahora lo han hecho, allí donde no existen signos visibles de la ocupación del adversario, ya que estas ocupaciones no darían derecho alguno capaz de ser alegado ante un tribunal jurídico".
En este espíritu, se inspiró el proyecto que presentó el Gobierno boliviano. Por él, Bolivia no se comprometería sino a "no llevar acabo ataque alguno armado ni invasión de tropas sobre las posiciones efectivas de la otra parte", dejando, por tanto, abiertas las puertas a "nuevos avances militares.
El proyecto boliviano de Pacto de No Agresión es, en el fondo, un testimonio de la culpabilidad de ese país.

II-ANTECEDENTES INMEDIATOS 

Estudiados algunos de los factores que fueron anudándose paulatinamente durante más de un cuarto de siglo para hacer inevitable, por voluntad de Bolivia, el conflicto armado cabe referirse ahora a los antecedentes inmediatos.

A- LA ASCENCIÓN DEL DOCTOR SALAMANCA AL PODER.

Cuando, a raíz del movimiento revolucionario que derrocó al Presidente Siles, en elecciones populares resultó ungido Presidente de Bolivia, el doctor Daniel Salamanca, la América entera comprendió que la hora de la guerra con el Paraguay, tan largamente preparada, estaba por sonar.
En efecto, el doctor Salamanca, ardoroso tribuno de la oposición, hizo su plataforma política predicando el odió y la guerra contra el Paraguay. De él es la frase "pisar fuerte en el Chaco” que repetía como estribillo en todos sus discursos y artículos políticos. Ningún Gobierno era, en el concepto del doctor Salamanca, suficientemente intransigente con el Paraguay. Ningún Gobierno se atrevía a sacar provecho de la enorme superioridad militar de Bolivia sobre el Paraguay, "la más miserable de las republiquetas de Sudamérica". Para Salamanca, la salvación de Bolivia estribaba en la guerra para la conquista del Chaco, no por el hecho de la conquista misma, sino por las consecuencias morales que "una victoria reportaría al pueblo boliviano.
Decía el doctor Salamanca en 1927:
"El Paraguay es un pequeño país que abusa ahora de nuestra casi imposibilidad de llegar al Chaco con nuestras fuerzas, con nuestro poderío militar. Lo que debe hacer Bolivia para discutir la cuestión de límites con el Paraguay, es presentarse en el Chaco, y, por si acaso, sobre el mismo río Paraguay, es decir, presentarse allí con posibilidades de trasladar esas fuerzas en caso de conflicto. Después de hacer esto, a costa de cualquier esfuerzo, llegaría recién la oportunidad de proponer al Paraguay  un tratado de límites. Estimo que entonces el Paraguay se mostraría más tratable. Yo me permitiría indicar que los 14 millones de dólares del último empréstito se dediquen íntegramente a la penetración del Chaco, para convertirlo en un punto de indiscutible posesión boliviana. Juzgo que todo debe sacrificarse a la ley rigurosa de la necesidad y en aras de la patria".
Después de los sucesos de 1928, pronunció el doctor Salamanca en la Cámara de Diputados, estas palabras:
"Hemos perdido la única oportunidad de imponer un dominio, que es exclusivamente nuestro, sobre el chaco; oportunidad que nunca más volverá a presentarse porque no es discutiendo nuestro derecho cómo hemos de recobrarlo. Se dice que no hay caminos para ir al Chaco y que nuestras fuerzas tardarían seis meses en llegar allí; eso significa simplemente que para llegar a tiempo, habrá que salir seis meses antes y el obstáculo se habrá vencido"
Pero donde se transparenta el afán guerrero que animaba al doctor Salamanca, es en las siguientes frases de su cosecha:
"Bolivia tiene una historia de desastres internacionales que debemos contrarrestar con una guerra victoriosa, para que el carácter boliviano no se haga de día en día más y más pesimista.          Así como los hombres que han pecado deben ser sometidos a la prueba del fuego para salvar sus almas en la vida eterna, los países como el nuestro que han cometido errores de política interna y externa, debemos y necesitamos someternos a la prueba del fuego, que no puede ser otra que el conflicto con el Paraguay. Por un lado, es el único país al que podemos atacar con seguridades de victoria, lo que fortalecería nuestro débil sentimiento patrio, y por otro lado, la guerra exterior haría desaparecer las fronteras partidistas, indispensable acontecimiento para terminar con la vergonzosa cadena de revoluciones caudillistas, que nuestro país muestra en su historia".
¿Cómo poder interpretar de dos modos el significado de la ascensión al poder, del estadista que pronunció estas terribles palabras?


B- LOS PREPARATIVOS FINALES.

Provocada, por fútiles motivos, la ruptura de relaciones, en julio de 1931, se iniciaron, de inmediato, los grandes preparativos militares para la acción bélica. De la realidad de esa actividad, tenemos constancia por sus ecos en la prensa limítrofe, y en las Cancillerías americanas, donde los ostensibles movimientos militares bolivianos, causaron honda aprehensión e inquietud, traducidas en gestiones activas que no obtuvieron, por cierto, el propósito perseguido de alejar la guerra.


a) LA INQUIETUD DIPLOMÁTICA.

El 24 de julio de 1931, la Legación del Paraguay en Chile informaba al pormenor acerca de los preparativos bolivianos. Comunicaba que Bolivia estaba desde entonces movilizada.
El 29 de setiembre, la Cancillería chilena, por intermedio de su Embajada en Washington, expresó al Departamento de Estado su preocupación por la grave situación existente en el Chaco.
El 15 de diciembre, el Embajador norteamericano informaba al Ministro paraguayo en Santiago que la Delegación boliviana destacada para las Conferencias de Washington, llevaba instrucciones de no escribir ningún pacto y de tratar de engañar, ganando tiempo. Agregaba el Embajador que Bolivia preparaba resueltamente un fuerte ataque en el curso del mes de marzo, para provocar una grave situación y llegar a la guerra.
El 16 de marzo de 1932 la Legación del Paraguay en Buenos Aires transmitía la información de que los bolivianos preparaban una acción en el Chaco, para el mes de agosto. La misma Legación transmitía informes sobre los preparativos bolivianos.
El 14 de abril del mismo año, se reunieron en la Cancillería chilena los Embajadores de Argentina, Brasil y Estados Unidos y el Canciller de Chile, con el propósito de deliberar sobre la forma concreta de evitar la lucha armada.
El 5 de abril el Perú preguntó al Gobierno de Chile cual sería la actitud de ese país en caso de una agresión boliviana.
En la misma fecha, la Legación paraguaya en Santiago trasmitía la información extraoficial de que Bolivia estaba movilizando sus tropas con el propósito de atacar.
El 7 de abril la Legación del Paraguay en Buenos Aires comunicaba la intranquilidad reinante en los círculos diplomáticos de la Argentina. Informaba igualmente, que el Canciller argentino había solicitado la cooperación del Brasil para hacer saber directamente al Presidente Salamanca la preocupación que despertaban las noticias confirmadas sobre concentración de fuerzas y acumulación de material bélico en el Chaco.
La Cancillería, del Brasil, por su parte, según esa información, se había anticipado a llamar la atención al Presidente Salamanca sobre la gravedad de las noticias relativas a las concentraciones militares bolivianas en el Chaco.
El 10 de abril los representantes de Estados Unidos, México, Colombia, Cuba y Uruguay, que formaban la Comisión de Neutrales, se reunieron en Washington y resolvieron expresar "la gran preocupación que tienen por los preparativos militares que se están haciendo en la zona del Chaco".
Es de advertir que el Gobierno de Bolivia en ningún momento negó la existencia de movimientos militares en el Chaco. Se limitó a calificarlos como simples relevamientos ele tropas.

b) LA INQUIETUD PERIODÍSTICA.

Concordantemente con esta actividad diplomática, la premisa americana reflejaba los recelos que en la opinión pública suscitaban los preparativos bélicos de Bolivia. Con rara unanimidad, los principales órganos de publicidad destacaban la amenaza que para la paz de América, significaba la actitud provocativa de Bolivia.
Entre todos esos testimonios debe señalarse el del diario “El Intransigente”, que aparece en la ciudad argentina de Salta, cuya proximidad a la frontera boliviana, le ponía en excepcionales condiciones para observar la conducta militar del país vecino.
Día a día,  "El Intransigente" fue publicando datos y noticias precisas y concretas, sobre las traslaciones de tropas y material bélico a los fortines del Chaco.
El enviado especial de ese diario, recogió de labios de un alto jefe boliviano la declaración de que “es casi un hecho que en junio a más tardar esa situación la resolverá   definitivamente mi Gobierno”. (Correspondencia publicada el 17 de abril de 1932).
En correspondencia del 20 de abril, el enviado especial del aludido diario informaba desde Yacuiba que Bolivia ya tenía concentrados de siete a ocho mil hombres, siendo su propósito dirigir la ofensiva en dirección a la capital del Paraguay.
El 19 de mayo " El Intransigente" publicaba nuevos datos concretos sobre el paso de tropas y escuadrillas de aviones, así como sobre instalación de hospitales de sangre.
El 20 de mayo, el mismo diario, al par de divulgar los últimos movimientos militares reproducía la afirmación de un caballero boliviano, a su corresponsal en manuela Pedraza: “Con fundamentos pienso que el movimiento se producirá a mediados del mes entrante a más tardar”.

C- CONSUMACIÓN DE LA GUERRA.

Efectivamente, el 15 de junio de 1932, las fuerzas bolivianas atacaron y capturaron el fortín paraguayo Carlos Antonio López (Pitiantuta), cuya pequeña guarnición se vio obligada a retirarse. La guerra estaba iniciada.
En un principio, las informaciones oficiales bolivianas hicieron aparecer el incidente como una agresión del Paraguay a un fortín titulado Mariscal Santa Cruz. En otros comunicados, ese fortín llevaba el nombre de Chuquisaca, y en otros Sucre. Los diversos informes oficiales bolivianos eran contradictorios y sólo coincidían en presentar el hecho como un ataque paraguayo a n posición boliviana.
El Gobierno del Paraguay puede aducir numerosos testimonios comprobatorios del ataque boliviano a un fortín netamente paraguayo, situado a más de 100 kilómetros de a próxima posición enemiga.
Entre esos testimonios, se encuentra los documentos recogidos en la recuperación del fortín Carlos Antonio López, el 15 de julio de 1932.
         También el Paraguay puede alegar la atestación insospechable del periodista francés, M. Gerville Reache, corresponsal de “Le Temps” de Paris, que, casualmente, se encontraba en misión profesional en aquella zona cuando los sucesos de Pitiantuta.
Las pruebas que el Paraguay puede aportar a un juicio de investigación son de tal peso, y su evidencia era tan conocida por el mismo Gobierno de Bolivia, que éste por conducto del Primer Magistrado, doctor Daniel Salamanca, no trepidó, un año después de los acontecimientos, en desvirtuar  los falsos datos propalados por su Cancillería y su Estado Mayor.
El doctor Salamanca, en el Mensaje que leyó al inaugurarse el periodo legislativo boliviano del año 1933, escribió lo siguiente:
“El Gobierno actual dio gran impulso a la ocupación de las partes desiertas del Chaco, y bien podía hacerlo puesto     que eran suyas. La base misma de esta penetración establecía que nuestros expedicionarios evitarían todo choque con fuerzas paraguayas, no porque existiese en el Chaco una situación jurídica que nos obligase a ese respecto, sino, simplemente porque no queríamos turbar la paz, pudiendo referir la definición del pleito a un arbitraje futuro. En una de esas expediciones, el Mayor Moscoso a la cabeza  ...de hombres ocupó un fortín paraguayo a orillas de la laguna Chuquisaca, haciendo una descarga de fusilería. La pequeña guarnición paraguaya huyó sin dejar ningún muerto ni herido".
Después de esta afirmación, ¿es necesario presentar otras pruebas de la culpabilidad boliviana?


III- BOLIVIA Y LAS MEDIACIONES

Las naciones americanas se unieron en un supremo esfuerzo para detener la guerra en su raíz. Bolivia se cuadró con soberbia y arrogancia ante esos nobles intentos, y obstruyó todos los empeños de pacificación. En documentos de Cancillería proclamó su indeclinable voluntad guerrera.

A- BOLIVIA REHUYE TODA INVESTIGACIÓN Y CONCILIACIÓN.

La proposición de la Comisión de Neutrales de retrotraer las posiciones al estado en que se encontraban el 1º de junio, comportaba una severa condenación para Bolivia. Esta sugestión, cómo la del cese de hostilidades y del sometimiento del entredicho a procesos de conciliación e investigación, fueron airadamente rechazadas por la Cancillería de La Paz, que el 1º de agosto declaraba a los Neutrales:
"No nos interesan las investigaciones que no definan la cuestión fundamental. Bolivia desea la solución final del pleito. No quiere estar perennemente de guardia en el Chaco, conteniendo los avances del Paraguay. Es por esto que el país ha reaccionado con todas sus fuerzas, resuelto a liquidar, aún por las armas, el pleito en que defendemos un territorio que consideramos nuestro históricamente. Tenemos derecho al litoral sobre el río Paraguay".
La Comisión de Neutrales, contestó el 2 de agosto:
"Lamentamos tener que notar que Bolivia no tiene interés en investigaciones de los recientes acontecimientos y que no dará orden a sus tropas a no realizar actos hostiles en el Chaco".


B- LA DOCTRINA DEL 3 DE AGOSTO FUE FORMULADA CONTRA BOLIVIA.

El 3 de agosto de 1932, los representantes de diecinueve naciones americanas, reunidos en Washington, formularon la siguiente declaración:
"Las Naciones de América declaran también que no reconocerán arreglo territorial alguno de esta controversia que no sea obtenida por medios pacíficos ni la validez de adquisiciones territoriales que sean obtenidas mediante ocupación o conquista por la, fuerza de las armas".
Esta histórica declaración, mereció los siguientes comentarios del Presidente de -Bolivia, insertos como "Post Escriptum" en su mensaje al Congreso Boliviano, del 6 de agosto:
"Concluido este mensaje, ha recibido anoche nuestra Cancillería la última nota de los Neutrales, que en el fondo es una intimación. La nueva doctrina pacifista de las naciones americanas, hace su entrada en el mundo con paso de violencia, a expensas de un país débil. Los Neutrales, por consentimiento nuestro no ejercían más que los buenos oficios admitidos por el Derecho Internacional y podrán poner su benévola influencia para allanar dificultades a fin de llevar a los contendientes a un entendimiento. Ahora se alzan con el papel de tutores y jueces y pretenden tomar el conocimiento de nuestros asuntos, ejerciendo una jurisdicción que no les hemos conferido.
Nos intiman a suspender hostilidades que ya no existen, nos intiman a desocupar los fortines que hemos ocupado en justa represalia, y en fin, nos intiman a un arreglo definitivo con el Paraguay. Todas estas violencias se cometen a nombre de las Naciones de América, invocando un principio de Derecho que condena toda violencia. Tal principio significa la conculcación del principio de la independencia de las naciones y no se funda en otra cosa que en la fuerza.
Es posible que algunas de las naciones que han concurrido a consumar esta injusticia, tengan en lo futuro motivos de arrepentirse de haber dejado tan injusto antecedente.
Es digno de notarse que la primera víctima de este nuevo Derecho Americano, es el país que más daño ha sufrido de la injusticia, sin que Nación alguna se acuerde de los generosos principios, en cuyo nombre se trata de imponerle ahora un inmenso daño".
En un cablegrama a la Comisión de Neutrales, fechado el 21 de agosto, decía la Cancillería boliviana:
"Cabe anotar en este punto que la doctrina nueva se refiere restringidamente al caso del Chaco, cerrando los ojos a todas las violencias pasadas y campo a  todas las injusticias futuras fuera de ese territorio ad-hoc para el caso de Bolivia”.


C- BOLIVIA NECESITA ROMPER BARRERAS

Frente a las solicitaciones de paz, Bolivia proclamaba su decisión “de liquidar, aún por las armas” el pleito con el Paraguay.
El 5 de agosto, la Cancillería de La Paz, al contestar el mensaje en que se transmitía la declaración panamericana del 3 de ese mismo mes, formulaba la siguiente confesión de propósitos:
"Deseamos terminar la cuestión del Chaco, estando el país resuelto aún a sacrificios cruentos en defensa de ese territorio. La Nación necesita romper la barrera que le impide el acceso al litoral sobre el río Paraguay, para comunicarse con el mundo. He ahí una de las bases de solución que debe exigirse al Paraguay para asegurar la paz de América".


IV- LA CONCIENCIA DE LA RESPONSABILIDAD 

Si no bastaran tantos testimonios para comprobar la responsabilidad que cabe a Bolivia por esta guerra, podríamos referirnos a los juicios expresados en ese mismo país.  El ex-Presidente de la República, doctor Bautista Saavedra, cuyo lote de culpa no es pequeño, intenta descargar sobre el Dr. Salamanca la exclusiva responsabilidad. Acaba de ser desterrado por persistir en acusar al actuad gobierno boliviano de haber llevado al país a la guerra. En Arica ha declarado a la prensa que el pueblo boliviano participa de esa convicción.
En su folleto "Doblemos la Hoja de Nuestra Historia" (La Paz, 1933), decía que "un Gobierno inconsciente nos ha llevado a la guerra". En otro folleto, "Sartor Resartor", enjuiciaba Saavedra al Dr. Salamanca en los siguientes párrafos:
"Como honda es su inconsciencia, enhiesta es su vanidad. En su necio empeño de mostrar que los gobiernos anteriores a él no habían cuidado de los aledaños del Sudeste, obra reservada para imperecedera gloria suya, habló de la conveniencia de "Pisar fuerte en el Chaco". Y por "pisar fuerte en el Chaco" y escapar de la tormenta política que amenazaba descargar sobre su cabeza, nos ha llevado a la guerra cruenta, que desangra a la patria, y lleva al país a la ruina.”
El 2 de junio de 1933, en artículo publicado en "La República" repetía el Dr. Saavedra que el Dr. Salamanca, "para sortear complicaciones de la política interna llevó al país a la guerra", agregando que “del conflicto del Chaco ha hecho y hace cuestión de política interna en servicio de su estabilidad",
Pero Saavedra no podía olvidar que él también fue uno de los adalides de la guerra y que en el pasado entonó loas a la fuerza brutal. Por eso no reprocha a Salamanca precisamente por haber recurrido a ese expediente, sino por haber "invertido los términos del problema". Decía:
"La guerra era el último recurso para afirmar la certeza y el triunfo de nuestros derechos territoriales. Pero ella debió venir cuando venir debía, y no antes. Traída ella por el Presidente Salamanca en época inoportuna, en lugar de ser un instrumento de afirmación de nuestros derechos, ha venido a desvirtuarlos, a quitarles fuerza".
El órgano periodístico más importante de La Paz, "La Razón", se encargó de recordar al Dr. Saavedra la común y general responsabilidad. Refiriéndose a la tenaz campaña del ex-Presidente, decía en editorial del 18 de junio de 1933:
"Y es tanto más insólita esa campaña cuanto que el mismo hombre y los elementos que le acompañan fueron los que no hace mucho, condenaban todo propósito pacifista sosteniendo que en nuestro pleito con el Paraguay no quedaba otro recurso que el de la guerra.
Quienes han enardecido el ambiente popular y han contribuido a que el país no encuentre otra solución que la de la guerra, en el pleito que hemos venido sosteniendo con el Paraguay no tienen ahora el derecho de hablar de responsabilidades, ni de pedir cuentas a los que no hicieron otra cosa que dejarse llevar a los impulsos del sentimiento nacional. . . ".
La Delegación del Paraguay no cita otros numerosos medios de prueba, debidamente documentados como los anteriores y demostrativos de la culpabilidad de Bolivia. No se propone agotar en este documentó  la cuestión; más, los que ha citado sobran para afirmar, sin la menor hesitación, que Bolivia preparó y desencadenó la guerra. Con ello está dicho cuán gratuitas y deleznables son las acusaciones del Memorándum boliviano que contesta.

Buenos Aires, 8 de marzo de 1934.

viernes, 22 de octubre de 2010

JOSÉ ZANARDINI - LOS INDÍGENAS Y EL ESTADO PARAGUAYO DESPUÉS DE LA GUERRA DEL CHACO / Fuente: REVISTA DE ESTUDIOS PARAGUAYOS. VOLS. XXVI Y XXVII, N°S. 1 Y 2. 2008-2009 (242 páginas).



LOS INDÍGENAS Y EL ESTADO PARAGUAYO
DESPUÉS DE LA GUERRA DEL CHACO
Ensayo de JOSÉ ZANARDINI
(Enlace a datos biográficos y obras
En la GALERÍA DE LETRAS del
www.portalguarani.com )


En el escenario chaqueño anterior a la guerra del Chaco aparecían exclusivamente indígenas, empresas tanineras, misioneros y los recién llegados menonitas; podemos decir que el Estado estaba ausente y en la población paraguaya se había creado un imaginario distorsionado de la verdadera realidad del Chaco. Las noticias que circulaban en la Capital sobre el Chaco eran frecuentemente fantasiosas, distorsionadas, legendarias o truculentas.
A los indios se les veía como pueblos peligrosos, incivilizados y un estorbo para el desarrollo del Chaco. La penetración misionera de los anglicanos a fines del siglo XIX y los primeros viajes de los salesianos por el río Paraguay hasta las fronteras con el oriente boliviano a comienzo de 1900, la penetración de los misioneros oblatos de María desde Bolivia en el año 1925 son considerados como iniciativas de pacificación y de protección de los mismos indígenas contra las agresiones externas y a veces internas.
La guerra del Chaco significa para el Estado paraguayo la afirmación de la soberanía nacional sobre una amplia zona entonces desconocida y habitada por indígenas. Había poco interés en la explotación de los recursos, excepto por el quebracho para la producción de tanino. Al finalizar la guerra, la euforia de tener asegurados los confines del territorio chaqueño induce a las fuerzas productivas y empresariales de la sociedad nacional a articular diferentes iniciativas para afirmar y fortalecer la soberanía del Estado. Fundamentalmente se destacan dos líneas de pensamiento y de acción; la primera se refiere a la ocupación territorial y a la expansión de las estancias desde el río Paraguay hacia el oeste, junto con el trabajo de apertura de una red de picadas para las prospecciones petroleras; la segunda línea de acción tiene que ver con las poblaciones indígenas que ocupaban el territorio. La relación entre indígenas y Estado constituía un obstáculo serio para la sociedad nacional que no tenía ningún contacto institucional, excepto aquellos encuentros esporádicos y a veces conflictivos con los militares desplazados en el territorio chaqueño.
La sociedad nacional apuntaba a la utilización de los recursos chaqueños con una velada preocupación sobre la desconocida reacción de los indígenas. El Estado veía de buen ojo el trabajo de las misiones consideradas como instituciones aliadas que «amansaban y civilizaban a los indios» y podían así transformarlos en ciudadanos como los demás. Mencionamos la misión anglicana que se ocupó de los enxet (lengua sur), la misión salesiana de los maskoy de Puerto Casado, de los chamacocos del Alto Paraguay y de los primeros ayoreos (conocidos con el nombre de «moro». Se deduce que con respecto a los indios regía esta consigna: «civilizarlos» o, si estos se resistían, como es el caso de los ayoreo (moros), eliminarlos.
Nos proponemos analizar aquí las relaciones que se establecen entre el Estado y los indígenas en la postguerra. Es tras la guerra, en efecto, que las poblaciones indígenas del Chaco pasan a integrar el espacio estatal paraguayo. Este proceso tuvo consecuencias decisivas para la vida de esas poblaciones. Migración, desplazamientos, asalarización y desagregación social, dificultad en el acceso a la tierra y a los recursos naturales marcan, entre otros, este proceso. Pero también, este supuso nuevos desafíos para el Estado paraguayo: inclusión de esas poblaciones en su espacio simbólico (educación), en su espacio jurídico (leyes indígenas) y en su espacio político (presencia de los partidos políticos en las comunidades indígenas). Revisaremos en primer término el caso de los grupos maká y maskoy que nos parecen ilustrar la diversidad de situaciones en la postguerra. Enseguida, nos ocuparemos del problema planteado por el proceso de inclusión de esos grupos indígenas en la sociedad paraguaya y por último trataremos del que nos parece ser uno de los ejes fundamentales del problema en la actualidad, el de la educación.


EL CASO MAKÁ


Después de la guerra del Chaco ocurrieron varios desplazamientos significativos; uno de ellos es el desplazamiento de los maká hacia la ciudad de Asunción. La historia de los maká está estrechamente vinculada al general ruso J. Belaieff, llegado a Paraguay en 1924, contratado por el ejército paraguayo para topografiar el Chaco ante la inminente guerra con Bolivia (1932-1933), Belaieff entró en contacto con los maká, que fueron guías, baqueanos y cargadores; además los maká colaboraron con el ejército paraguayo, sacrificándose en la defensa del fortín Mcal. López; no sabemos cuáles fueron las motivaciones de su participación y colaboración pero seguramente los maká habrán tenido algún interés en su mente. De todos modos entre Belaieff y los maká se estableció un profundo vínculo afectivo y de respeto. Con referencia a Belaieff, Chase-Sardi afirma: «Su figura se magnificó hasta hacerse semejante a un Dios... llegó a ser un líder de los nativos y para los nivaclé y los maká se constituyó en un gran chamán y después de su muerte pasó a ser una divinidad mesiánica a la espera de la cual están para la salvación de la etnia». (1)
Belaieff desde un comienzo se mostró interesado en la cultura, en la lengua, en las tradiciones maká y también en mejorar sus condiciones de vida. Recordemos que Belaieff fue uno de los fundadores de la Asociación Indigenista del Paraguay (AIP) en el año 1942.
En el testimonio de una mujer maká, muy anciana, publicada en ABC Color el 31 de enero de 1991 leemos: «En ese momento no sabíamos de la existencia del hombre blanco... a comienzo nos impactó cómo se trataban. Nosotros vivíamos en Boquerón y vimos cómo comenzaban a maltratarse. Fue muy triste ver gente que se mataban y nos mataban. Gracias a la voluntad de un ruso llamado Juan Belaieff no fuimos exterminados. Yo recuerdo cuando nos trajo hacia el otro asentamiento que queda junto al botánico; estábamos todos muy asustados y las mujeres nos reuníamos en silencio por temor a esos hombres; perdimos casi todas nuestras costumbres, pero por lo menos pudimos convertir nuestro trabajo manual en artesanía que vendemos para comprar alimentos».
Después de la Guerra del Chaco los maká invitados por Belaieff se trasladaron en un territorio sobre el río Paraguay frente al jardín Botánico denominado Fray Bartolomé de las Casas, que se estableció jurídicamente sobre un territorio de 335 hectáreas conseguido a título gratuito por la AIP con el decreto N° 2190 en enero de 1944. Al llegar a la ciudad los maká salían por la calle a vender sus artesanías y a ofrecer sus danzas y su música; el ambiente asunceno, por otra parte era hostil y agresivo hacia esos indígenas; prohibiéndole subir a los autobuses o circular en ciertos lugares públicos. Se promovieron a nivel turístico las visitas a las colonias maká; donde se fundó una escuela en 1972, se formaron promotores de salud y se realizaron cursos para guías turísticos. Los maká tomaron las riendas de su propia vida en un ambiente nuevo y diferente, defendiendo lo suyo, lo propio y a la vez adaptándose a la nueva situación económica, espacial, social y política.
Las repetidas crecientes del río Paraguay en los primeros años de la década del 80 obligaron a los maká a refugiarse al lado oriental del río Paraguay y se instalaron en un territorio de 10 has., en las cercanías de Puente Remanso, en la Municipalidad de Mariano Roque Alonso. El pequeño espacio que hospeda a alrededor de 800 personas, obligó a la comunidad a reestructurar sus contenidos culturales en una forma original y lógica que no deja de sorprender, maravillar a todos y quizás desconcertar a ciertos visitantes «naturistas y puristas».
A su llegada los maká aprendieron a usar el dinero de los blancos, a pesar de que por un tiempo siguieron utilizando el trueque de animales silvestres o de pescados por otros artículos de los blancos. Sin embargo se notó que su es trecho contacto con la sociedad nacional en un ambiente extraño hizo crecer y madurar nuevos conceptos sobre sí mismos y sobre los blancos, conceptos que desembocaron en una nueva construcción de su cultura y de su identidad.
Pero se nota que el proceso de adaptación, a pesar de no haber sido lineal y tranquilo, siempre ha sido acompañado por los dos grandes principios de la autodeterminación y la autogestión. Los maká no han vendido su mano de obra como han tenido que hacer otros indígenas chaqueños que han quedado en el Chaco y se han sometido a los trabajos de las changas, de las tanineras, o en los trabajos de las estancias. Los maká han conservado «su capital más importante que es su imagen de indio». (2) En efecto ellos son los productores, los distribuidores y vendedores de sus productos; o sea ellos establecen la relación entre las ideas, el capital financiero y la comercialización, y la elección de los clientes; ellos establecen las condiciones para «presentar», «vender» sus danzas y sus acciones teatrales.
El caso de los maká tiene que ser estudiado detenidamente, porque si lo comparamos con los otros pueblos chaqueños que han quedado en la zona podemos inferir algunas consecuencias significativas y sorpresivas. Primero, paradójicamente y gracias a los requerimientos turísticos han conservado y adaptado sus danzas, fiestas y artesanías; segundo, no han entrado en el sistema económico explotador de las empresas tanineras, de las estancias o de otros emprendimientos chaqueños; tercero, han conservado una fuerte cohesión étnica y se han reestructurado en cuatros comunidades de acuerdo a la captación y optimización de los recursos; cuarto, el uso constante de la lengua maká a pesar de los contactos diarios con la sociedad envolvente, constituye un eje de fuerza aglutinante de la etnia; quinto, el sistema de producción y venta de artesanías no ha alterado sustantivamente el liderazgo tradicional que sigue bajo figuras significativas, como el actual cacique; sexto, no se notan alteraciones relevantes en los valores tradicionales de las comunidades indígenas, como por ejemplo la reciprocidad, la no acumulación de bienes, el sentido comunitario y todas aquellas relaciones socioeconómicas, afectivas y educativas propias de la comunidad maká.
Estos cambios y permanencias, frutos de la interrelación de múltiples variables endógamas y exógamas, definen a un grupo étnico que ha podido llegar hasta el siglo XXI en bloque, en comunidad, con un sentimiento muy particular: el ser Maká ha sido y es su lucha y a la vez su escudo. (3)

1. Miguel Chase-Sardi (2002), «Las Políticas indígenas en el Paraguay», en Suplemento Antropológico, Asunción: Centro de Estudios Antropológicos, Universidad Católica Nuestra Señora de la Asunción, diciembre 2002, vol. XXXVI, n° 2.
2. Eva Herrero Galeano & David Berná Serna (2004), «Los Maká», in: Suplemento Antropológico. Asunción: Centro de Estudios Antropológicos, Universidad Católica Nuestra Señora de la Asunción, diciembre 2004, vol. XXXIX, n° 2.
3. Ibidem


CASO MASKOY


Al hablar de los maskoy se debe entender primeramente la familia lingüística denominada maskóy (ahora los lingüístas prefieren llamarla familia enlhet-enenlhet) que comprende siete pueblos o etnias: enlhet (lengua norte), enxet (lengua sur), enenlhet (toba), guaná, sanapaná, angaité, maskoy. Este último pueblo, impropiamente denominado maskoy, es un grupo indígena de 756 personas de acuerdo al Censo del año 2002; son una mezcla histórica de diferentes etnias de la familia lingüística maskoy; al haber perdido el origen y la lengua propia se autodenominan indígenas maskoy. El proceso de mezcla de diferentes etnias comenzó a fines del siglo XIX, cuando el Estado paraguayo vendió a la empresa argentina Carlos Casado S.A. más de 5 millones de hectáreas de tierra en el Chaco con todos los indígenas incluidos, que eran los indígenas de los diversos pueblos o etnias adscritas a la familia lingüística maskoy.
En el reclutamiento de los indígenas como hacheros en condiciones miserables, se produjeron varios efectos nefastos: enfermedades contagiosas, mala alimentación, exceso de trabajo, alcoholismo, destribalización con paulatina pérdida de sus idiomas originales, desplazamiento territorial, concentrándose en los así llamados obrajes (4) o en comunidades en la periferia de los puertos tanineros, entre ellos el así llamado «pueblito indígena» de la periferia de Puerto Casado. Ahí se reunían aquellas familias indígenas de origen maskoy pero que pasaron a hablar la lengua de los paraguayos mestizos que es el guaraní. Las condiciones de dependencia económica y cultural de la fábrica taninera llegó a situaciones insoportables; y al promulgarse la Ley 904/81, esa comunidad apoyada por el Equipo Nacional de Misiones (ENM) (5) emprendió el largo camino de la recuperación de una parte de su territorio tradicional.
Las negociaciones entre el Estado Paraguayo a través del INDI y del IBR y los directivos de la empresa Carlos Casado S.A. no prosperaron, así que los abogados del ENM sugirieron a los líderes maskoy el camino de la expropiación mediante una Ley del Parlamento. Hablar de expropiación en ese tiempo contra una empresa grande y a favor de un grupo de marginales, como eran considerados los indígenas, parecía una utopía inalcanzable. Sin embargo, la fuerza, el ánimo del pueblo y la valentía de los abogados del ENM, con el apoyo de organismos internacionales y de la misma Santa Sede que condicionó la visita de Juan Pablo II, -primera visita de un papa a este país-, a que el Gobierno diera una señal de justicia a favor del pueblo Maskoy; hicieron que se llegara a concretar el sueño de expropiar 30 mil hectáreas de tierras en diciembre de 1987 a favor del pueblo maskoy.
Esta primera expropiación a favor de los indígenas tuvo un impacto muy fuerte sobre la sociedad nacional y un impacto alentador y esperanzador sobre las etnias del Paraguay. Lo que parecía imposible se hizo posible. A partir de esa expropiación el pueblo maskoy fue ocupando su territorio y estableciendo cinco comunidades de acuerdo a sus criterios étnicos internos. Ese territorio captó la venida no solo de los maskoy que estaban en Puerto Casado sino también de otros grupos que estaban esparcidos en algunas estancias de la zona. El líder que encabezó el proceso de expropiación, René Ramírez, fue el designado a leer el discurso ante el Papa, en una reunión que tuvo con los indígenas del Paraguay en el Chaco (Misión Santa Teresita) en mayo de 1988.
En el nuevo territorio las diferentes comunidades maskoy organizaron su nueva vida basándose sobre una economía mixta: pequeñas chacras familiares con cría de animales domésticos, combinados con cacería y pesca; además siguieron las changas ocasionales en la fábrica, en los obrajes o en las estancias. Ese territorio quedó como un enclave dentro de una propiedad de Carlos Casado que contaba en ese año con más de 500 mil hectáreas. En el año 2000 Carlos Casado S.A. vendió a la empresa coreana Victoria S.A. unas 400 mil hectáreas y los indígenas fueron los únicos en quedar como propietarios de sus tierras, mientras que los pobladores mestizos de Puerto Casado, tras el cierre de la fábrica, quedaron sin trabajo, sin dinero y sin tierra.
Otros maskoy, después de la Guerra del Chaco, se acercaron a las colonias menonitas del Chaco Central estableciendo numerosas comunidades, económica, educativa y culturalmente dependientes de las colonias menonitas de Loma Plata, Filadelfia y Neuland. La diferencia entre los pueblos maskoy que ocupan la tierra expropiada (conocida como Riacho Mosquito) y los otros, está en el hecho de que los primeros intentan un camino de autodeterminación y autogestión en un territorio tradicional propio, mientras que los otros se encuentran en un ambiente extraño culturalmente y por lo tanto deben creativamente elaborar otras estrategias de sobrevivencia. En todos estos procesos complejos y muy diferentes entre una etnia y otra y dentro de la misma etnia, entre un grupo y otro, el Estado central está ausente y los Gobiernos locales, implementados después del golpe de Estado de 1989 buscan presencia y protagonismo en algunos pueblos indígenas, especialmente allá donde puedan tener un rédito político. A mi manera de ver, la presencia de los partidos políticos, especialmente el partido de mayoría, ha inducido varios efectos dentro
de las comunidades: a) ha generado un clientelismo político partidario con una dependencia económica antes de las elecciones locales y nacionales; b) se han comprado cédulas de identidad, o sea se han comprado votos, c) han dividido a las comunidades; d) ha favorecido el pasivismo y la espera de las soluciones desde fuera de la comunidad; e) ha debilitado el tejido social de las comunidades. A raíz de todo esto, han surgido en algunas comunidades y en algunas etnias reacciones a la disgregación provocada por los partidos políticos.
En lo político se vislumbran dos líneas de pensamientos y de acción: aquellos que piensan llegar al poder local o nacional a través de los partidos políticos (que es el único canal legal existente) y otros que piensan crear o fortalecer movimientos políticos indígenas que capten consensos generales y que busquen la manera de acceder al poder mediante nuevos caminos todavía por explorarse y establecerse. En la última década han florecido iniciativas tendientes a fortalecer el liderazgo indígena. Se han celebrado congresos de las comunidades de cada etnia, se han hecho encuentro de líderes de diferentes etnias de una región o de una zona; se han establecido asociaciones de indígenas sobre la base étnica o interétnica. Hasta se han hecho reuniones de líderes de los tres países del Gran Chaco Sudamericano, Paraguay, Bolivia, Argentina.

4. Campamento de trabajo para cortar el quebracho colorado y enviarlo a la rivera donde era procesado en la fábrica.
5. El ENM es un organismo dependiente de la Conferencia Episcopal Paraguaya y se fundó en el año 1972 a raíz de los cuestionamientos del documento de Barbados. El ENM luchó con mucha valentía a favor de los derechos de los pueblos indígenas, y su equipo jurídico y antropológico tuvo un rol relevante en la elaboración de la Ley 904/81 y del Capitulo V de la Constitución Nacional, titulado «De los pueblos indígenas». Hace unos años el ENM se transformó en CONAPI (Coordinación Nacional de Pastoral Indígena).



SOCIEDADES INDÍGENAS EN EL CONTEXTO NACIONAL MAYOR


En los últimos 70 años, muchos indígenas del Paraguay y no solo los chaqueños, se han desplazado de su territorio hacia ciudades o centro de trabajo constituyendo comunidades de trabajadores marginales. De este modo la comunidad indígena entra en un proceso de interrelación con un sistema más grande; y fácilmente los intereses del sistema más grande invaden los intereses de los sistemas más pequeños que quedan así subordinados a ellos. Aparentemente, como ya hemos visto, los maká, a pesar de su inserción activa en la sociedad nacional, se han adaptado a la nueva situación, pero recreando continuamente su autonomía. En muchos otros casos chaqueños hemos comprobado que las comunidades desplazadas o los grupos provisorios en las estancias, a pesar de acceder a un sistema extraño como es el sistema de «changa», han evitado por una parte la disgregación étnica y por la otra no han perdido su libertad de autodeterminarse; por ejemplo, conservan los sistemas de distribución de los bienes, los sistemas de curación chamánica, los sistemas educativos propios, los sistemas de liderazgo, etc. No existen, o por lo menos no conocemos, investigaciones sobre las comunidades que se mueve que dependen de las actividades económicas menonitas que han generado fuerte influencia, mediante la ASCIM en el sector laboral, educativo formal, social, religioso y en la capacitación profesional de miles de indígenas.
Nuestra percepción es que en la nueva situación también estos grupos indígenas, a pesar de haber accedido a una economía individual, familiar, con una independencia económica de sus miembros debido a su diversidad y a su flexibilidad, mantienen una organización y una identidad propia, por supuesto diferente de lo que era antes de la venida de los menonitas en el Paraguay o de lo que era hace 20 años. Pero el hecho de que esas comunidades estén asentadas en una tierra propia, les otorga una etnicidad capaz de generar su autonomía pese a que su sistema económico esté insertado en un sistema económico mayor.
Se puede utilizar probablemente el modelo de «formación social» propuesto por Godelier; él concibe esta formación social como un todo integral, compuesto de las relaciones sociales y económicas dentro y entre los distintos sectores. Este concepto podría ayudar a esclarecer las relaciones dentro de las sociedades indígenas (por ejemplo los lengua norte, los nivaclé, los guarayos y todos los que están en el área menonita) y esclarecer la posición de los indigenas dentro del sistema regional.
Habría que analizar, en este sentido, el impacto de los grandes proyectos que el Estado Paraguayo tiene sobre el Chaco, como ser: la ruta bioceániea, la hidrovía del río Paraguay, la explotación de gas y petróleo, las obras del río Pilcomayo, el acueducto Puerto Casado o Chaco Central, el avance de la frontera brasilera en el Alto Paraguay, el puente sobre el río Paraguay entre Colonia Carmelo Peralta y Porto Murtinho (Mato Grosso, Brasil). Todos estos proyectos que el Estado está ejecutando o ejecutará en el escenario chaqueño darán al Chaco un nuevo rostro comercial, económico y vial, donde los indígenas, que son una fracción poblacional muy importante, están como espectadores,  esperando que sucedan las cosas, para adaptarse sin ninguna preparación prevía a las nuevas situaciones que les tocará vivir. Una vez más el Estado actúa unilateralmente sin dialogar con los pueblos autóctonos.
Nos parece que la experiencia maká de autodeterminación y autogestión no significa configurar un separatismo de la comunidad política del Estado; se podría incluso utilizar el término autonomía como sinónimo de autodeterminación y autogobierno; donde autonomía significa auto regularse, darse reglas, autodeterminarse, autogobernarse, etc. Sin embargo, al hablar de autonomías étnicas los Estados entran en una situación de incertidumbre y de temor, ya que piensan que están amenazados los principios de la soberanía y de la intervención; pero los mismos Estados no aplican el mismo criterio con respecto a la autonomía, por ejemplo, de las empresas transnacionales: «Un pueblo que carece de autodeterminación, carece precisamente de derecho de existir como tal, se manifiesta solo como una colectividad lingüística o cultural desarticulada y sujeta, a imposición de toda índole. El derecho a la existencia de un pueblo como sujeto colectivo, como entidad de derecho colectivo, es imposible sin algún nivel de autodeterminación política». (6) Sin embargo, se debe recordar que las autonomías deben conducir a nuevas formas de convivencia humana entre diferentes sistemas culturales y no deben desembocar en aislamientos o separatismos. La relación Estado paraguayo e indígenas, después de la guerra del Chaco hasta nuestros días ha dado la impresión de que a los pueblos nativos se les trató como actores sin palabras, a pesar de que los indígenas se han hecho sentir y escuchar y ver en repetidas manifestaciones públicas; desde la primera gran marcha indígena de los chaqueños (especialmente del pueblo enxet) hacia Asunción en el año 1999, hasta la ocupación de una plaza céntrica de Asunción por más de 400 indígenas en octubre de 2005, los diferentes pueblos indígenas reclaman la aplicación del artículo 64 de la Constitución Nacional que obliga al Estado a dar tierra gratuita a los pueblos indígenas para su sobrevivencia étnica. Notamos entre el Estado y los pueblos indígenas una completa disonancia y asimetría en lo que se refiere a las relaciones recíprocas, manifestando el Estado actitudes incongruentes, de superioridad etnocéntrica y de falta de diálogo con los pueblo indígenas; y demostrando atribuirse solo a sí mismo la decisión de lo que es conveniente para los pueblos indígenas. Hay una fractura en el discurso y una incapacidad de diálogo.
El concepto de etnodesarrollo ha sido ampliado por R. Stavenhagen, que lo ha entendido como derecho al control de la tierra, a los recursos, a la organización social lingüística y cultural; esto supone emprender nuevos procesos de construcción nacional aceptando la capacidad integradora de los pueblos étnicos dentro de un mismo Estado. Sin embargo, es justamente la capacidad integradora de esos pueblos la que genera desconfianzas en los Estados ya que las lealtades étnicas pueden superar la fidelidad a las estructuras del Estado. Allá donde la represión cultural y las políticas desarrollistas han sido más acentuadas, se notó paradójicamente un «endurecimiento entre las minoritu étnicas y los Estados que pretendían reprimirlas». (7)

6. Miguel A. Bartolomé & Alicia M. Barabas (coords.) (1997), Autonomía étnicas y Estados nacionales, México: Consejo Nacional para la Cultura y las Artes & Instituto Nacional de Antropología e Historia, 1998, 470 p. Simposio de junio 1997.
7. Ibidem
Para la reconstrucción de los pueblos indígenas se proponen fortalecer algunos puntos, como por ejemplo: a) tierra y territorio comunal; b) trabajos comunitarios; c) poder comunitario, o sea poder de la asamblea; d) rituales comunitarios o fiestas para fortalecer lazos sociales y rediseñar la identidad; e) derecho consuetudinario indígena; f) lengua indígena; g) educación indígena entendida como recreación de la vida y de la naturaleza; h) religiosidad indígena, o sea la manera de concebir, entenderse y relacionarse con el creador y dador de la vida y de los bienes; i) cosmovisión indígena que incluye aquellos conocimientos, experiencias y creencias que explican y justifican los aspectos de la vida; j) identidad indígena que permite establecer fronteras de diversidad y a la vez alimentarse y ser alimentados por las diversidades existentes.


CONCLUSIÓN


En todos los países de América Latina la relación entre los Estados y las minorías étnicas es compleja y difícil. Estas aporías no son coyunturales o dependientes de gestiones públicas más o menos eficientes; más bien son un fenómeno estructural que se relaciona íntimamente con la naturaleza de los aparatos estatales. De facto, la inserción de las minorías en el seno de la formación estatal resulta conflictiva, porque tradicionalmente los Estados se han comportado como formas altamente coercitivas de organizaciones socio-estructurales que tienden a inhibir cualquier tipo de unidad diferenciada dentro de su ámbito de control.
Según D. Mybury-Lewis, las agrupaciones étnicas son percibidas como intermediarias entre el individuo y el Estado, ya que generan adscripciones quizás más totalizadoras que la filiación estatal. Por esto los Estados advierten en ellas un severo riesgo para su hegemonía, la que es tradicionalmente asumida como parte integral de una definición política unitaria. La pretensión hegemónica de que unidades sociales de distinta naturaleza cultural, puedan articularse exclusivamente en función de las decisiones de un grupo rector, mantiene e incrementa los niveles de tensión entre dichas unidades, dando lugar a posibles serios conflictos sociales. Además de las relaciones asimétricas entre indígenas y aparatos estatales, se le ha pretendido negar históricamente el derecho a la existencia cultural alterna.
Tradicionalmente, los marxistas dogmáticos y los desarrollistas han coincidido en confundir diferencia con desigualdad, suponiendo que al borrar la diferencia, se suponía superar la desigualdad, dentro de la tradicional lógica histórica de un mundo único en formación. Meta a la que se llegaría por lo míticos caminos del progreso y del desarrollo, conducentes a una evolución universal, percibida y entendida como una consecuencia del crecimiento económico ilimitado. La historia, y especialmente la reciente, nos demuestra cómo las lealtades étnicas se resisten a ser subsumidas dentro de estas supuestas dinámicas evolutivas homogeneizantes. Es que perder los rostros étnicos significa no solo renunciar a nosotros mismos -a lo que la cultura ha construido de nosotros mismos-, sino también renunciar a la experiencia histórica de la humanidad que implicó la milenaria construcción de cada una de las culturas.
Sabemos que existe un fuerte componente de la sociedad que minimiza estas diferencias para llegar paulatinamente a la destrucción cultural de los pueblos indígenas mediante la enseñanza formal. Es una tendencia que siempre acompañó la política de los Estados en América Latina y en otros continentes. Los Estados quisieran impartir la misma educación a todos los ciudadanos mediante un sistema rígido y uniforme. Sin embargo, hoy sabemos por la teoría y por la praxis histórica que esto no es posible.
Desde los comienzos del contacto histórico interétnico, el problema de la escuela ocupó un lugar eminente en las intenciones y praxis de los colonizadores. Estos sentían la necesidad de «civilizar» a los indios, de enseñarles la «moral, las buenas costumbres, la religión, los códigos de relacionamiento social y de relacionamiento con la naturaleza». Así que desde siempre existieron estructuras simples para enseñar; podemos tranquilamente llamar a estos procesos como procesos de enseñanza unidireccional: los indios, por un lado, tenían que aprender cosas que nunca experimentaron ni escucharon y, por la otra parte, el cuerpo docente/educador que se sentía poseedor de la verdad. Dicho modelo de fricción educativa indios-blancos ha funcionado por varios siglos hasta hace pocas décadas.
Las primeras escuelas formales en nuestro país surgen por iniciativa de las misiones religiosas. Omitimos aquí el experimento de las reducciones jesuíticas, interrumpidas bruscamente en el siglo XVIII. Recién a fines del siglo XIX surgen iniciativas educativas hacia los indígenas por parte de las iglesias; debemos mencionar la misión anglicana establecida con los indios lengua a fines del siglo XVIII en el Chaco, la misión salesiana con sus primeras incursiones entre los chamacocos y los maskoy sobre el río Paraguay a comienzos del siglo XX, la misión de los Oblatos de María Inmaculada procedentes de Bolivia en 1925 entre los nivaclé, los menonitas en 1927 (Lomas Plata), en 1930 (Filadelfia) y 1947 (Neuland).
Las misiones han implementado en el siglo XX las primeras escuelas entre los indígenas del Paraguay. «En general en los comienzos -como apunta M. Fritz- los misioneros llegaron con la idea implícita de que los indígenas carecían de cultura; y si tenían algo lo debían a otros. Por lo tanto, había que levantar el nivel cultural, lo que fue visto como su labor principal». (8) La escuela era vista como un excelente instrumento para elevar el nivel de vida de los niños/as y de toda la sociedad indígena.
Observamos en el Paraguay un amplio abanico de posturas con respecto a las escuelas indígenas. Queremos focalizar la discusión sobre la escuela «homogeneizante».
El concepto subyacente a esta expresión radica en varias consideraciones: a) Todos los ciudadanos de un Estado, en nuestro caso el Paraguay, regido por una Constitución y por las leyes, pertenecen a ese Estado. Es necesario mantener la unidad del Estado mediante una educación formal igual para todos. De esta manera se va forjando una identidad nacional, una base de conocimientos, conductas, códigos éticos y sociales comunes que facilitan la convivencia mutua. Además, los ciudadanos forjados en estas escuelas permiten diferenciarse de los ciudadanos de otros Estados; b) Los indígenas son ciudadanos como los demás; han nacido en el Paraguay, deben saber cómo comportarse, deben civilizarse, conocer nuestras leyes y costumbres, deben conocer la historia, la higiene, las comidas de los demás ciudadanos. Los indígenas son ignorantes, atrasados, analfabetos. Necesitan ser transformados en ciudadanos. Deben aprender a trabajar y deben abandonar su estilo de vida de cazadores y recolectores ya obsoleto e improductivo en el moderno mundo en que vivimos. Deben civilizarse y cristianizarse; c) La escuela es un instrumento privilegiado de civilización y homogeneización cultural. El producto final debe ser un indígena con ideas y conductas parecidas a los demás niños y niñas paraguayos.
El modelo de la escuela homogeneizante ha sido implementado desde los tiempos de la Conquista y se ha extendido en formas diferentes, con pequeñas modificaciones y maquillaje hasta los tiempos modernos. El cuestionamiento a este tipo de escuela empezó en la segunda mitad del siglo XX especialmente por impulso de antropólogos y misioneros más iluminados. Podemos marcar dos acontecimientos que cambiaron el rumbo de las actividades con los indígenas:
El cambio teológico producido por el Concilio Vaticano II (1962-65) especialmente con los documentos sobre la Libertad Religiosa y la Relación de la Iglesia con el Mundo Contemporáneo y por lo tanto con sus culturas. Y además el Documento de Asunción (1973).
El cambio antropológico producido por la Declaración de Barbados (1972) que marca el certificado de defunción de una antropología desvinculada de la marcha histórica de los pueblos indígenas para empezar la etapa de la revaloración cultural y del empeño político por la defensa de los derechos colectivos (educación propia, territorio, valores religiosos autónomos, organización local, etc.). Se consagran en ese tiempo dos principios fundamentales: la autodeterminación y la autogestión de los pueblos indígenas. Fueron principios muy fecundos que orientaron el destino de los mismos pueblos y seguirán siendo fuente inagotable de iniciativas, legislaciones, teorías y praxis.
Nos preguntamos en qué medida los conceptos que están en la base de la escuela homogeneizante están difundidos en el Paraguay. A pesar de que no existen estadísticas al respecto, podemos razonablemente asumir en base a contactos personales, datos periodísticos, congresos, simposios, asambleas, etc. que la mayoría de la población paraguaya, especialmente de los estratos menos educados, comulga con los presupuestos y los prejuicios contra los indígenas, presupuestos que conducen directamente a desear una escuela homogeneizante para ellos. Entre la clase política el panorama no es muy diferente, hechas unas pocas salvedades.
Los intelectuales, artistas y académicos son los más atentos a la problemática indígena, especialmente a partir de la década del 80 cuando se promulgó la Ley 904/81. Surgieron entonces varias iniciativas sostenidas por los intelectuales más iluminados.
Entre los funcionarios públicos del Estado, en cambio, permanecen serias dificultades para comprender en su cabalidad la diversidad de los pueblos indígenas y la necesidad de aplicar las leyes correspondientes. En el MEC se nota esfuerzo y preocupación para llegar al meollo del problema educativo indígena; existen funcionarios bien preparados, con conocimientos teóricos y prácticos, así como se percibe solapadamente en algunos funcionarios/as el deseo de no cambiar el modelo de escuela y de soñar con una escuela homogeneizante.
El Ministerio de Educación y Cultura (MEC), especialmente a partir de la Ley 904/81-Estatuto de las Comunidades Indígenas (1981) y de la Constitución Nacional (1992), sintió la necesidad de brindar más atención a las propuestas indígenas en los campos pedagógicos, financieros y organizativos. Antes de esta Ley 904/81 las iniciativas educativas pasaban casi todas por las misiones religiosas o las ONGs, pero en los últimos años han crecido en el MEC la inquietud y la preocupación por las escuelas indígenas, entendidas como escuelas específicas y aptas para las comunidades indígenas. Antes se consideraba la escuela indígena como etapa en espera de transformarla gradualmente en una escuela igual a las otras. Ahora por convicción propia o convicción inducida por el reciente interés mundial hacia las culturas indígenas, por los documentos nacionales e internacionales, el MEC siente la preocupación de reflexionar, de analizar experiencias válidas, de procesarlas y de proponerlas. Estamos ahora en una etapa difícil, bastante oscura y llena de obstáculos que pueden venir indistintamente de los estamentos internos del MEC, de los políticos, de los indígenas o de las diferentes ideologías de las organizaciones involucradas con los pueblos indígenas. El camino está diseminado de dificultades, incomprensiones, celos, y ocultamientos de intenciones e intereses reales.

8. Miguel Fritz (1997), «Nos han salvado». Misión: ¿Destrucción o salvación?, Quito: Abya-Yola, 1997,404p.


Fuente:
"NUESTRA SEÑORA DE LA ASUNCIÓN"
DEPARTAMENTO DE CIENCIAS SOCIALES
CENTRO DE ESTUDIOS ANTROPOLÓGICOS
VOLS. XXVI Y XXVII, N°S. 1 Y 2
ASUNCIÓN DEL PARAGUAY
2008-2009 (242 páginas)

domingo, 26 de septiembre de 2010

BEATRÍZ RODRÍGUEZ ALCALA DE GONZÁLEZ ODDONE - BOQUERÓN: PRIMERA VICTORIA PARAGUAYA / Fuente: Suplemento cultural del diario ABC COLOR, 26 de Setiembre de 2010.


BOQUERÓN:
PRIMERA VICTORIA PARAGUAYA
Ensayo de
(Enlace a datos biográficos y obras
en la GALERÍA DE LETRAS ne



Tensas, con una alta carga de animosidad, fueron ya desde el comienzo de la Guerra del Chaco las relaciones del presidente de Bolivia, Dr. Daniel Salamanca, con los altos jefes militares de su país.   

Esa tirantez irá agudizándose tras nuestras múltiples victorias, hasta culminar en el motín que derrocará al Presidente en una de sus visitas a Villa Montes, el 27 de noviembre de 1934, días después de nuestro espectacular triunfo de El Carmen.   

El primer enfrentamiento serio se produce a poco de que el Destacamento Palacios recuperara Pitiantuta, el 16 de julio de 1932.   
   
Tras la derrota boliviana, el Dr. Salamanca, quien al decir del entonces capitán Antonio Salinas Crespo, “tenía la habilidad suficiente para atribuir a otros el fracaso de la guerra, aceptada y manejada por él”, exigirá un proceso militar para castigar a “los culpables de haber desencadenado la guerra”.   

Con ese fin, el 1º de agosto escribe al general Osorio, jefe del Estado Mayor General de Bolivia, encomendándole la organización del juicio.   
   
Pero, el 30 de agosto, el Estado Mayor General formaliza su beligerancia con el Ejecutivo al enviarle el Memorándum Nº 507/32, de tono altanero e irrespetuoso.   

En este documento, el general Osorio se queja de la falta de directiva del Presidente, alegando que éste no tiene un plan operativo concreto que oriente al Ejército sobre las pretensiones bolivianas. Y para suplir las supuestas deficiencias, el Estado Mayor presenta su propio plan cuyo objetivo sería, en principio, apoderarse del Alto Paraguay, comenzando por Fuerte Olimpo.   

En cuanto al proceso militar, exigido por el Presidente, el Estado Mayor hace caso omiso de él y le da largas al asunto alegando que es imposible entorpecer las operaciones enjuiciando a los jefes supuestamente culpables.   

En fin, que Salamanca nunca logró ni siquiera iniciar el tal proceso, ya que, a cada nueva tentativa suya, el Estado Mayor alegaba nuevas excusas, de lo que se lamentará amargamente, más tarde, en sus apuntes.   

Pero, con los documentos a la vista, se detecta claramente que el Presidente de Bolivia no buscaba, precisamente, “castigar a los culpables de haber desencadenado la guerra”, como pretendía que quedara consignado para la historia, sino en realidad lo que deseaba era escarmentar a los culpables de la derrota del 16 de julio.   

Porque mal podía él, siendo como fue, desde principios de siglo, el símbolo del guerrerismo boliviano y el político más intransigente en todo lo referente a posibles acuerdos con Paraguay, castigar a los jefes que, con las armas, aplicaban su política reiteradamente enunciada.   

Si no conociéramos su trayectoria, bastaría para corroborar este aserto su respuesta al urticante Memorándum, fechado el 21 de setiembre, donde reprocha al general Osorio los fracasos sufridos, alegando que ellos se debieron al hecho de que no se cumplieron las órdenes presidenciales y que, cuando éstas se hubieron cumplido, “los resultados no se hicieron esperar”.   

En esta última frase se refería a la ocupación de nuestros fortines Boquerón, Toledo y Corrales por fuerzas bolivianas en represalia a la liberación de Pitiantuta por el Destacamento Palacios.   

En la misma carta, el Presidente boliviano refuta el Plan de Operaciones propuesto por el Estado Mayor y se ratifica en el suyo propio que consiste en concentrar fuerzas en el sudeste para “descargar golpes mortales que permitan a Bolivia imponer un tratado de paz en Asunción, ya que la marcha sobre la capital paraguaya sería un golpe asestado al corazón del enemigo…”.   

Pero mientras el Dr. Salamanca soñaba con una guerra de conquista que lo dejaría ante la historia como el máximo numen de Bolivia, un modesto teniente coronel de Infantería paraguayo, recientemente designado comandante del Primer Cuerpo de Ejército, que ni siquiera contaba con el apoyo de sus superiores jerárquicos, concentraba, sin pérdida de tiempo, sus fuerzas en Isla Poí, y muy pronto arrancaría al Presidente de Bolivia de su onírico mundo.   

El 7 de setiembre, a las 4 de la madrugada, parten con rumbo a Boquerón 3.500 hombres de las tres armas, en dos columnas, con la misión de rescatarlo.   

Al frente de una de ellas irá el mismo Estigarribia, que quiere estar próximo a sus tropas en el momento de la lucha. Él, que en todo el transcurso de la guerra se mantuvo próximo a los frentes de combate, no dará órdenes a larga distancia, como el general Quintanilla, que desde su seguro reducto de Muñoz exigirá a sus hombres luchar hasta morir, cuando el fortín esté ya perdido para ellos.   
  
Entre las múltiples y tremendas dificultades que tuvo que sortear nuestro Ejército para iniciar esta primera gran batalla, una de las más serias fue la falta de planos que indicarán el lugar exacto del fortín. Afortunadamente, el teniente Heriberto Florentín, antiguo comandante de Boquerón, pudo, apelando a su memoria, esbozar un mapa que orientó a los nuestros.   
  
Pero el comandante del reducto, teniente coronel Marzana, no se había dormido durante ese mes y pico que lo ocupó: Boquerón se hallaba protegido por poderosas e inexpugnables defensas que no dejaban flancos descubiertos ni retaguardia.   

Además, había hecho prender fuego al pajonal que cubría el amplio cañadón que lo unía a “Pozo Valencia” y se prolongaba hasta Isla Poí, lo que lo transformaba en perfecto campo de tiro.   

Varios hilos de alambre de púas, colocados a poca altura del suelo, hacían aún más dificultoso el avance paraguayo.   
  
Al trabajo del hombre había que sumar la aridez de la zona y la angustiosa escasez de agua, que obligaba a transportarla desde Isla Poí a costa de enormes sacrificios.   

En vísperas de Boquerón, Estigarribia aún no era el consumado estratega de Campo Vía, El Carmen, Yrendagüé..., pero los conocimientos tácticos adquiridos en una de las principales escuelas de guerra del mundo, unidos a una aguda intuición y a la firme, inquebrantable voluntad de vencer, le hicieron elaborar un inteligente plan operativo que rebasó las esperanzas inmediatas y preparó las futuras operaciones que, no bien iniciada la ofensiva, tantos triunfos le valdrían.   

El primer paso de dicho plan consistía en la orden impartida al Destacamento Caballero Álvarez, de Nanawa, de atacar fuertemente las posiciones avanzadas del enemigo, “con el fin de fijar en esa región la mayor cantidad posible de tropas bolivianas y evitar en esa forma su concurrencia a Boquerón...”. Paralelamente, la Caballería debía interceptar los caminos del enemigo a sus bases. Esto permitiría derrotar a las tropas bolivianas de las proximidades, que acudieran en auxilio de las de Boquerón, mientras la Infantería iniciaba el cerco del fortín.   
  
La poderosa defensa boliviana que batía constantemente la orilla del bosque que circundaba el reducto impidió a nuestra Caballería cumplir su misión de cobertura exterior, pero la Infantería logró, el día 9, interceptar el camino Boquerón-Yujra. El duelo a muerte había comenzado.   

Veamos lo que experimentaban los ocupantes del fortín. En su diario anota, el mismo día, el subteniente Alberto Taborga: “Nunca esperamos que los paraguayos planearan una ofensiva de semejantes proporciones. Se oye un griterío atroz, los dientes castañean y es imposible dominar el temblor de las piernas. Presentimos la derrota antes de iniciarse la batalla; suenan bandas de música a lo lejos. Son las polcas épicas paraguayas “Campamento” y otras, que más los enardecen. Dos escuadrones progresan, sin precaución alguna, marchando al trote. Con gritos, “¡hurra!”, nos desafían. A los cuatrocientos metros inician el asalto al galope... “¡Viva el Paraguay!”. Es la primera vez que oímos su grito de guerra. Cuando llegan a los 300 metros que tenemos marcados en el espartillar, doy la señal... Vomitan las pesadas, vibran las livianas, no cesa la fusilería. ¡Hierve el caldero de la guerra!”.   

Grandes bajas nuestras en este primer asalto; los montados sin sus jinetes se desplazan en loca carrera por el abra o agonizan en la arena.   

Al mediodía se iniciará otro asalto y luego otro y otro y otro a lo largo de veinte dramáticos días, mientras la aviación boliviana no da tregua en la batalla más cruenta del siglo librada en territorio americano.   

Proféticamente, desde La Paz, el general Osorio escribirá el día 11 al general Quintanilla: “De la resistencia de Boquerón depende el destino de ‘nuestro’ Chaco. El Presidente de la Nación y el pueblo entero confían que sus defensores cumplirán su deber y no dejarán pasar al enemigo”.   

En nuestras filas, el implacable fantasma de la sed, cada vez más acuciante, comienza a desmoralizar a los combatientes. Los jefes se lo advierten a Estigarribia; uno de ellos sugiere el repliegue por falta de agua, pero Estigarribia se mantiene firme; sabe que Boquerón, ya totalmente cercado, sin posibilidad de ayuda exterior, no podrá resistir mucho.   

PERO TAMPOCO LOS NUESTROS PUEDEN MÁS     
Desde Muñoz, el general Quintanilla exhorta a Marzana a sostenerse diez días más, hasta que llegue el Destacamento Peñaranda que “batirá al enemigo...”. A los sitiados les sabe a burla atroz.   
  
Pese a nuestras tenazas de acero, con su destreza felina, el legendario capitán Víctor Ustárez, con 40 hombres, logra penetrar al fortín. Su ayuda será más moral que efectiva, pero es recibido con enorme regocijo. Pocos días más tarde, Ustárez, “el pombero bolí”, caerá en la picada a Yujra, culminando con una muerte heroica sus muchos años de sigilosas correrías por el Chaco.   

El 27 de setiembre, nuestras fuerzas realizan el tercer ataque general; el 28 prosigue sin tregua la lucha desesperada y, ¡al fin!, en la madrugada del 29, cuando la resistencia paraguaya llega a su límite, miriadas de banderillas blancas, sobre los parapetos enemigos anuncian la rendición de los heroicos defensores del bastión.   

Poco después los nuestros irrumpen, frenéticos, a él; los bolivianos temen ser pasados a bayonetazos, pero los vencedores les ofrecen agua, de la poca que llevan en sus caramañolas, el más preciado don del Chaco, y paquetes sanitarios... Hondo dramatismo rodea la rendición de Marzana. En su puesto de Comando de la 2ª División, el teniente coronel Gaudioso Núñez exclama a su paso: “¡Oficiales y soldados del Paraguay, saludemos las lágrimas de estos valientes! ¡Los guerreros también lloran!”. Todos se cuadran y saludan con los ojos empañados.   

En un parte escueto, el comandante de la 1ª División, el entonces mayor Carlos J. Fernández, llamado a ser uno de los jefes claves de la guerra, informará a su superior jerárquico: “Con íntima satisfacción, comunico a ese comando que nuestro fortín Boquerón se halla de nuevo en nuestro poder, habiéndose rendido incondicionalmente el enemigo”.   

Cuatrocientos muertos en el campo de batalla, más de ochocientos heridos y aproximadamente cuatrocientos ochenta desaparecidos, conforman el tributo que debe pagar el Paraguay a la victoria. A Bolivia el precio de su prepotencia será de seiscientos ochenta y seis bajas, entre muertos y heridos. ¡Cuántas más le costarán después!

 En La Paz, el 1º de octubre, el Gobierno, todavía ignorante del desenlace de la batalla, envía un angustioso cifrado al general Quintanilla: “Falta de noticias sobre la situación de Boquerón induce a la opinión pública a dar crédito a comunicados paraguayos que describen la acción con detalles, dando lugar a manifestaciones. Atribuyen al Comando que trata de engañar al país, ocultando la verdadera situación, lo que podría ocasionar desórdenes similares a los que ya se iniciaron en Oruro. Urge enviar partes más frecuentes...”. La incomunicación del Ejecutivo con los altos mandos militares se hace evidente una vez más.   
  
Días después, en Asunción, una abigarrada y hostil muchedumbre aguarda la llegada del “Humaitá”, que transporta el primer contingente de prisioneros de guerra. Marzana, “una docena de barbudos y rengueantes oficiales y doscientos soldados son conducidos a tierra. No son seres humanos, sino espectros, cadáveres, arrastrándose. Las camisas hechas jirones, los pantalones acortados hasta el ridículo...”. La actitud del público, al verlos, se transforma de inmediato. El rictus amargo del rencor desaparece de todos los rostros, para dar paso al asombro y luego a la piedad. Un conmovido silencio será su mejor tributo. De pronto, unos vendedores ambulantes rompen filas y ofrecen, espontáneamente, a los cautivos lo que tienen: chipás, naranjas, cigarros... Una vez más, por sobre todas las posibles pasiones, ha triunfado la innata nobleza del pueblo paraguayo...   

 En una perspectiva de setenta y ocho años, meditamos con unción en la enorme importancia de la gran batalla que, trascendiendo la huraña geografía, transformóse en mito y símbolo del coraje y la victoria.   

APÉNDICE
Unidades que participaron en la acción de Boquerón: De la 1ª División: R.I.4 Curupayty; R.I. 2 Ytororó; R.C. 2 Cnel. Toledo; B.Z.1 Gral. Aquino; G.2.A. Gral. Bruguez, y el R.I. 6 Boquerón. Un total de tropas combatientes y servicios: 7.565 hombres. De éstos, la cintura exterior con misión defensiva la constituían: hacia Yujra, el R.I. 3, fuerte de 1.000 hombres; hacia Pozo Valencia, un Escuadrón fuerte de 120 hombres. En realidad, para el ataque al reducto fortificado se disponía de las siguientes unidades: el R.I. 4; el B.Z. 1 1/R.I.2; el R.I.1; el R.I.6; la Artillería del Cuerpo, un total de 5.740 hombres (Carlos J. Fernández, La Guerra del Chaco: Boquerón, pág. 191).

Beatriz R. A. de González Oddone
26 de Septiembre de 2010.
 
Suplemento cultural del diario ABC COLOR
Domingo, 26 de setiembre del 2010.
Espacio web: www.abc.com.py

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